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Un camino. Día 34 (1)

Feb 7, 2026 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al Camino de Santiago realizado el pasado verano. En esta ocasión, me ocuparé de la primera mitad del día 34. ¡Ahí voy!

Un Camino. Día 34 (1)

Lunes 18 de agosto

El despertar en Tosantos es jubiloso. No sé si realmente llego a escuchar cacareos de gallos y gallinas, pero perfectamente podría haber ocurrido. Las buenas vibraciones de la cena se repiten en el desayuno. David, el legionario, se encarga de que comencemos el día bien nutridos y alimentados con unas buenas tortas de chocolate recién hechas que los peregrinos mojamos en el café y la leche. Mis conversaciones con Juanma y el resto de hospitaleros continúan. También, claro, con José Luis. Él, en concreto, me informa de cómo llegar a Burgos a través de un camino alternativo bellísimo que bordea un parque y evita la vía tradicional, llena de tráfico y naves industriales amenazantes para el peregrino.

A Juanma le comento la circunstancia que me continúa provocando ansiedad: debo llegar a Santiago alrededor del 1 de septiembre. Me quedan unos 500 kilómetros por recorrer, y cien más si quiero llegar a Finisterre el día 5 o 6. Esto significa que voy a tener que caminar más de 40 kilómetros al día. Me espera una incesante maratón diaria; una prueba durísima, casi avasalladora. Mi pie izquierdo ya está bien: solo alguna leve, muy leve molestia, pero eso no me garantiza que no vuelva a lesionarme. Tampoco estoy seguro de poder aguantar el ritmo caminando. Más aún teniendo en cuenta el diabólico calor, que ha convertido el Camino, por momentos, en un desafío infernal. Una locura enceguecida de fuego. Uno o dos días atrás, además, se comenzó a hablar de varios incendios en zonas cercanas al Camino Francés, y existe cierta incertidumbre porque, al parecer, el fuego se están extendiendo y acercando peligrosamente a varios de los tramos de la ruta jacobea.

Juanma es tajante. Me anima a romper el billete de avión. Insiste con fuerza, casi con vehemencia, en que debería tomarme más tiempo para completar el Camino a pie, y que —donde realmente debería acelerar— es en mi regreso desde Barcelona a La Manga, en bicicleta. Podría rodar al máximo de revoluciones y completar el trayecto quizá en tres o cuatro días, para así estar el 19 de septiembre en la inauguración de la Galería Efímera en Murcia. Pero yo no encuentro acomodo con las fechas. En el viaje en bici puede pasar cualquier cosa: lluvia, pinchazos, pájaras inesperadas. Así que necesito, al menos, una semana de margen. En fin, ¿qué hacer? ¡Ni idea! Me siento un tanto impotente, esclavo de mi planificación. Miro a Juanma con cierta tristeza y resignación, aunque también con entereza. Aprieto los dientes y me río un poco. Hay que tomárselo con filosofía. A partir de hoy, solo queda caminar, caminar y volver a caminar, y resistir como sea. Si me rompo, si me lesiono, no será porque no lo intenté. Volveré a casa con la cabeza en alto.

Las buenas sensaciones continúan y, a decir verdad, me cuesta despedirme de mis compañeros. Las conversaciones se alargan sobre los temas más diversos. Así que, cuando sale el sol, yo sigo en el albergue.

Me sorprende, eso sí, ver salir a David (mi compañero de viaje) con la mochila a cuestas. Se marcha a la francesa, sin despedirse ni esperarme, como había sido costumbre desde que nos conocimos. Corro unos metros tras él y apenas alcanzo a decirle en voz alta que nos encontraremos dentro de unas horas en Burgos. ¡Qué raro! ¿Por qué esa despedida? En cualquier caso, no hay mal que por bien no venga y aprovecho para continuar departiendo con los hospitaleros de Tosantos.

Al final, ¿cómo no? (esto comienza a convertirse en una costumbre), soy el último peregrino en salir del albergue. Tengo la impresión de que nunca olvidaré a José Luis, Juanma, David, Javier, o el italiano. Todos forman parte de este Camino, de mi Camino. Pero no nos engañemos: el albergue de Tosantos lleva el sello de José Luis; es casi una radiografía de su alma.

Antes de partir, las últimas palabras son las de Juanma. Me recuerda que el Camino comienza en Santiago. Justo cuando la mayoría de peregrinos dejan de andar.

En fin, comienzo a recorrer los territorios que conducen a Burgos y no tardo en pinchar “Alejandro el peregrino”. Siempre que escucho la canción, tomo fuerzas y experimento alegría. No puedo evitar preguntarme, una y otra vez, si seré capaz de caminar 40 kilómetros día tras día durante más de dos semanas. Realmente hoy me siento fuerte, pero repetir la hazaña varias jornadas puede ser fulminante. De nada sirve, no obstante, dar vueltas excesivas al futuro, así que intento concentrarme únicamente en mi presente: en cada paso, en cada momento. Inspiro, espiro y camino. La fuerza de miles y miles de peregrinos me empuja hacia delante. Casi puedo sentir su respiración: la respiración de enjambres de caminantes muertos, ya enterrados, cuyo recuerdo, sin embargo, vivifica constantemente esta ruta. Camino solo, pero no estoy solo. Estoy rodeado del espíritu de decenas de peregrinos que ya no se encuentran en este plano pero dejan sentir su presencia en cada tramo.

No tardo en atravesar Villambistia, donde existe una fuente de cuatro caños cuya agua, dicen, posee poderes legendarios. Se asegura que recupera las fuerzas del peregrino extenuado. Yo estoy descansado, pero, por si acaso, bebo de ella. Tal vez sea parecida a la poción mágica que, por accidente, tomó Obélix y me proporcione energía para superar los escarpados días que me esperan. Pocos kilómetros después, entro en Espinosa del Camino, donde se halla un monasterio mozárabe en el que, según dicen (¡a saber!), está enterrado el fundador de Burgos, ciudad donde supuestamente tendría que terminar mi día. No tardo tampoco en atravesar Villafranca Montes de Oca, una localidad en la que algunos aseguran que nació el célebre juego de la oca (aunque, al parecer, fue bautizada así como homenaje a un ciudadano ilustre amante del progreso, don Faustino Montes de Oca).

Una vez dejada atrás Villafranca, el paisaje cambia. El Camino toma otra dimensión. Siglos atrás, estos parajes eran considerados peligrosos por la presencia de malhechores, siempre prestos al hurto y al pillaje. Hoy en día, ya no es así, algo que se agradece porque el verde lo inunda todo. Caminamos por un sendero rodeados de robles, enebros y brezos.

No tardo, por cierto, en tomar conciencia de algo que, debido al nerviosismo que experimento ante los próximos retos, no había percibido hasta este momento en toda su magnitud. Hará aproximadamente una hora que el sol se ha escondido detrás de las nubes y, por primera vez en varias semanas, la temperatura es realmente agradable. Ideal para la caminata. No tarda, de hecho, en chispear. Algo que agradezco efusivamente. Por eso, en vez de protegerme, me quito el sombrero y dejo que las gotas caigan sobre mi cabeza. Chispea. Amenaza lluvia. Incluso me atrevería a decir que comienza a sentirse levemente un poco de frío; una corriente casi imperceptible, pero que, tras los últimos días, sabe a gloria, a milagro. ¡El sol está cubierto! ¡Ufff! No hay mejor presagio para la caminata.

La ruta comienza a empinarse; hay algunas cuestas algo duras, pero la humedad, la leve lluvia y las nubes la hacen disfrutable. Hoy no me siento un peregrino sufriente, sino uno que disfruta.

A veces me pregunto dónde estará David. ¿Lo volveré a ver? Si tuviera teléfono, lo llamaría para localizarlo, pero viaja sin móvil. El único posible contacto es físico, o a través del boca a boca. Casi no hay forma de dar con él si no es en persona.Yo, sin embargo, sí llevo teléfono. Eso, a ojos de algunos, me convertirá en turigrino. He de reconocer que, de vez en cuando, siento vergüenza cuando lo miro fijamente durante un buen rato, ya sea para buscar algún dato o para orientarme. Así que, cuando en medio del bosque suena el timbre de llamada, no puedo evitar experimentar cierto bochorno. Intento esconderme de la mirada de otros peregrinos que caminan detrás de mí, pero parece claro que me han visto coger el teléfono.

En fin, ¡hay que responder! Es Belén Vera, la directora de la galería de arte Efímera de Murcia, a cuya inauguración —como he mencionado en otras ocasiones— me he comprometido a acudir el 19 de septiembre. Le pido unos minutos para atender bien la llamada. Avanzo hasta llegar al monumento de los caídos por la Guerra Civil. No lejos de allí, me siento en un banco y allí dialogo con ella. Cuando comienzo a hablar, aún no lo sé, pero esa llamada va a cambiar definitivamente el rumbo de mi Camino.

Descuelgo y hablamos con tranquilidad. Me comenta que tengo una semana o diez días para enviarle el texto curatorial de la exposición. No hay problema, le digo: pararé un día en algún albergue u hostal y allí lo escribiré. Llevo conmigo una tablet.

Belén, por cierto, desconocía que mi novia murió hace prácticamente cuatro años. Ese es el gran motivo, aunque hay alguno más, del Camino: cerrar completamente el duelo y abrir mi espíritu a nuevos encuentros. Esto da pie a que le comente algunas anécdotas experimentadas durante el peregrinaje. Tal vez no sea lo más elegante, pero también le hablo de lo agobiado que me siento con la fecha de regreso a Murcia. He recorrido el Camino con tranquilidad y calma, lo que me ha hecho retrasarme bastante.

Lo que viene después es lo que menos podía esperar. Sus palabras resuenan en el teléfono y me dejan sin habla. ¿Es que no lo sabía? ¿No me lo había comentado ya? Me indica que una artista sonora ha cancelado su participación y, por tanto, la fecha de la inauguración se ha retrasado dos semanas, hasta el 3 de octubre. —¿Cómo? —le digo—. ¿Es eso cierto? ¿Qué acaba de decir Belén? ¡Repite por favor!

Belén me lo confirma: la inauguración se ha pospuesto al 3 de octubre. ¿Es necesario añadir algo más? En esos momentos, me acuerdo de los Evangelios, de los milagros. Vuelvo a tener una sensación que me ha acompañado en varios momento del Camino: que este, sí, era mi Camino. No otro, sino éste. Un Camino irrepetible, importante para mí. ¡De repente, sí, dispongo de dos semanas más para caminar! ¡Evitaré la maratón! ¡Podré detenerme allá donde mi inquietud, mi curiosidad y mi sentir espiritual me lo pidan! No grito en medio del bosque porque, a estas alturas, no tendría sentido. Pero no puedo evitar emocionarme cuando, de repente, una lluvia fina, suave y continua me obliga a protegerme.

Así que, ¡tengo dos semanas más! ¡Dos semanas más! ¡Confía, peregrino! ¡Confía! ¡Claro que existen los milagros!¿Cuándo dejamos de creer? ¿En qué momento de nuestra vida dejamos de confiar? ¿No es el Camino un conducto, un canal directo para revivir la fe, la confianza, la calma y la dicha de la providencia?

Me siento y respiro tranquilo. ¡Adiós a las maratones! Ni siquiera tengo por qué llegar a Burgos hoy: puedo quedarme allí donde lo desee. En ello también influye que no sepa dónde está David ni cómo localizarlo. Por un lado, lo echo de menos; por otro, quizás ya me había dado todo lo que podía. Tal vez tampoco fuera casualidad su partida. En esas condiciones, me entrego a respirar y disfrutar de la naturaleza. No tengo prisa y me entretengo contemplando la lluvia caer.

Continúo absorto en mis pensamientos hasta que, de repente, el teléfono vuelve a sonar. No lo había hecho en casi un mes y, en menos de una hora, ha sonado dos veces.

¡Es Álvaro! Un querido amigo de la infancia, vecino de Cartagena, al que llevo dos o tres años sin ver, desde que se fue a vivir a Galicia. Sus palabras me dejan otra vez atónito: se ha enterado de que venía haciendo el Camino por los averías que iba colgando en Facebook y por algunos de mis estados de WhatsApp.

Me cuenta que vive en Carballal, una aldea gallega de diez habitantes, a escasos kilómetros de Palas de Rei, y que si así lo deseo, cuando me encuentre cerca, podré dormir en su casa y no en el albergue. Algo que, desde luego, se agradece. Pero lo más importante no es eso, sino que me asegura que, cuando termine mi viaje en Finisterre, vendrá a recogerme. Me invita con generosidad a quedarme, si quiero, una semana (o el tiempo que necesite) junto a él, descubriendo lugares de Galicia o simplemente descansando en su hogar.

Para alguien que va a estar casi dos meses durmiendo por aquí y por allá, la perspectiva de tener un refugio al final de la ruta es muy reconfortante. Si me organizo con cierta lógica, dispondré de tiempo para terminar el Camino a un ritmo tranquilo y podré disfrutar de unos días junto a Álvaro.

Miro de nuevo mi móvil, entro en mi correo y, simbólicamente (lo envío a la papelera), rompo con alegría el billete de avión de Galicia a Barcelona del 9 de septiembre. Se acaba de resolver el dilema sobre el que dialogaba hace unas horas con Juanma en Tosantos.

Después de estas dos llamadas, me cuesta levantarme. Veo pasar a peregrinos a los que sonrío y deseo buen camino y, entonces, me quedo en silencio conmigo mismo durante momentos que parecen eternos. ¿Es esto real? ¿Se puede pedir algo más? Sé que el relato puede parecer kitsch, incluso cursi. Pero no puedo evitar sonreír. Casi reír. Es real. Está sucediendo.

Resta apenas un pequeño rastro de inquietud. Álvaro también me comenta que la ola de grandes incendios forestales que asola León (El Bierzo y otras zonas) y Orense está afectando ya al sur de la provincia de Lugo, y que algunos fuegos han alcanzado O Cebreiro (Pedrafita), la entrada principal del Camino en Galicia. Muchos aún están fuera de control y algunos frentes se están uniendo.

También me envía una noticia del día anterior en la que la Agencia de Protección Civil y Emergencias de la Junta de Castilla y León aconseja a los peregrinos que no continúen su ruta debido a los incendios forestales cercanos al tramo del Camino Francés que une las poblaciones leonesas de Astorga, Ponferrada y Bembibre.

Yo, viendo lo visto, escucho sus palabras con absoluta despreocupación. Obviamente, lamento que se hayan producido los incendios, pero después de su llamada y la de Belén sé que no me afectarán. Aún estoy lejos de León y camino lento. Además, este es mi Camino. Si tengo que desviarme, me desviaré. Si tengo que ir por mar, iré por mar. Si tengo que abrir un agujero en la tierra, lo abriré. Algo pasará que me reconforte. Alguien me ayudará. ¡Se abrirán los cielos! ¡Ocurrirán nuevos milagros!

Cuando uno deja la mente lógica, suelta el control y se encomienda a la divinidad y a la providencia, el Camino provee mágicamente lo que necesitamos: sea descanso, calma, compañía o nuevas oportunidades. El Camino —como la vida misma— tiende a abrir nuevas sendas justo cuando creemos llegar al límite.

Me levanto, cojo la mochila y prosigo la ruta. ¿Adónde iré? ¿Qué más da? ¿Dónde dormiré? No lo sé. Será, eso sí, el lugar que me corresponda. Shalam.  

يجب أن تحتفظ دائماً بحقك في الضحك في اليوم التالي على الأفكار التي خطرت ببالك في اليوم السابق

Siempre debes reservarte el derecho a reírte al día siguiente de las ideas que tuviste el día anterior

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…sin la cruz me recuerda a la tumba de la «lista de schindler»…1993..s.spielberg…la mochila llena de casas.(casas)
    2imagen….bola de fuego subiendo (sisifo)….
    3imagen…demasiada decoracion para los tourigrinos…jajajj (la chapina de vieira en el centro de la colaña de entrada)…..
    4imagen…un monje, dos monjes, tres monjes y tiro porque me toca…..(la calle esta llena de monjes y las monjas haciendo yemas de santa teresa)…..
    5imagen…tumba de un torero (clavel rojo y ole)…..
    6imagen….diseño papiroflexico murciano al canto, (quien compra cosas de arte?)……
    7imagen…ojos de bolo de china o de cristalina opaca (perro con soga perro viridiana), jajajjj
    8imagen…a santa compaña!!…me caso en soria!…
    9imagen…la guerra del 1000000 de años…jajajjjj…vienen rodeando la montaña….
    PD…parlameint funkadelic george clinton….vienen rodeando la montaña y haciendo yemas de la santa…..
    https://www.youtube.com/watch?v=qc69vC5mXdU&list=RDqc69vC5mXdU&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Sí Cementerio judío. Inmediaciones de Auschwictz. Los negacionistas nos miran con ira. 2) El coloso en llamas. 3) Dos en la carretera. Rourke y Don Johnson. Moteros. 4) Oremus. Fabricación de magdalenas y yemas de Navidad. Por ahí se intuye a alguien horneando. 5) Aquí yacen los huesos de los héroes patrios. Nadie los hace caso. Todos los utilizan para darse publicidad. Votos. 6) Arcoiris de vanguardia. 7) La seguridad de la naturaleza. Guardia forestal con conciencia humana. El mejor amigo de los perros. 8) De nuevo el bosque animado.. se va sintiendo su llegada.. su presencia…9) Toma descartada de la delgada línea roja. Le faltaba precisión. PD: locura árabe y negra. locura a lo Mohamed. Gadafi bailando en un episodio de los Simpson.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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