Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al Camino de Santiago que recientemente realicé. En esta ocasión, me ocuparé del día 30. ¡Ahí voy!
Un Camino. Día 30
Jueves 14 de agosto
David y yo nos despertamos pronto en Viana. Yo al fin comienzo a acostumbrarme a hacerlo cuando todavía no ha salido el sol. Después desayunamos en el comedor del albergue y esperamos a Pasquale que no tarda en aparecer. La etapa de hoy será breve. Muy breve. Poco más de 10 kilómetros. ¡Bueno para mi pie!

Ocurre algo esta mañana que me hace sonreír desde muy temprano. Al poco de despertarme tengo un mensaje en mi teléfono. Un buen amigo de Murcia, Perico, ha estado leyendo las averías que he ido publicando en el blog y también observando los estados de whatssApp que he ido subiendo diariamente. Esto le ha inspirado y animado a dedicarme una canción. Un himno. Un tema que comienzo a pinchar provocando las risas de Pasquale y David. Lo pincho tantas veces que al final David se vuelve a mí y educadamente me sugiere que frene un poco mi entusiasmo. ¡Le hago caso! Pero le advierto que el tema ha venido para quedarse. Huele a sintonía de este Camino. De hecho, en cuanto puedo, me separo de mi compañero, y en el momento en el que estoy a una distancia adecuada, vuelvo a pincharlo. Alejandro el peregrino huele a hit eterno. Es con Il mondo una de las grandes melodías de mi Camino.

En fin. Hay que reconocer que Pasquale, David y yo formamos un grupo realmente heterogéneo. David apenas habla. Balbucea más bien. Casi que susurra. Su semblante es siempre hierático, con aires de tristeza. Pasquale sin embargo es enérgico. Sumamente extrovertido. Como suele ocurrir con los italianos en cuanto entra a un bar hace sentir su presencia. Las sonrisas se disparan con su sentido del humor.
Vuelvo a sentirme en un filme de Fellini, en una ruta mágica, a medida que caminamos por huertas y campos de cultivo y dejamos atrás hieráticos, rocosos monumentos del Románico como es el caso de la ermita de la Virgen de las Cuevas. Aprovecho para saber un poco más de la vida de Pasquale. Me comenta que no se siente del todo a gusto en la Italia de hoy en día. Me habla del cinismo de la vida social de su país. Un mundo en el que la imagen y el estatus se han impuesto a la amistad, la autenticidad o el calor humano. Nada nuevo. Eso mismo profería varias décadas atrás Pasolini antes de ser asesinado por los poderosos. Y en eso también han incidido los escasos grandes artistas que ha dado Italia en los últimos tiempos caso de Nanni Moretti. Por eso para Pasquale no es un impedimento estar ciego para caminar. Necesita reencontrase con la humanidad perdida en nuestras sociedades contemporáneas y el Camino le proporciona ese aliento. Cuando termina de comentarme sus sensaciones, mi mente vuela a otra película. Concretamente a Pajaricos y pajarracos. La certera y agónica reflexión de Pasolini sobre nuestro frívolo mundo. Ese mundo contra el que experiencias como el Camino ejerce de bastión y resistencia. ¿Conocerán esa película los italianos de hoy en día, los europeos en general?

También David me comenta más asuntos de su vida. Su existencia es un enorme agujero. Está llena de meandros, vacíos y recónditas sorpresas. Según me dice, a principios del 2024 tuvo que hacer un alto en su constante peregrinar. Su perro, Titon, enfermó. Tenía cáncer de testículos. David vive con 700 euros. Una ayuda estatal. No tenía dinero para pagar la operación que su amada mascota necesitaba y se vio abocado a pedir en la calle. A tres o cuatro kilómetros de Mónaco solía hacer acrobacias con unas bolas y solicitaba auxilio a los transeúntes. Allí una señora se interesó por su vida. Comprobó que era un buen alma y se comprometió a ayudarle. Le pagó la operación de Titon y tres meses de alquiler en un piso decente. Justo el tiempo que necesitaba el animal para recuperarse. No obstante, su gran amigo perdió muchas facultades tras pasar por el quirófano. Le costaba caminar como antes. Comenzó a dar signos de flaqueza. Y esta mujer realizó el último esfuerzo por David. Le compró una buena bici y una caseta para que transportara al perro en ella. También una mochila y ropa. Pero al final no sirvió de mucho. El perro tan sólo aguantó con vida hasta diciembre y la bici también sufrió daños meses después en unos bosques italianos que David no pudo solucionar y mucho menos pagar. Cuando enterró a Titon, David continuó caminando solo y con una nueva amargura en su alma. El dolor se multiplicó a las más altas cotas.

Estamos en pleno verano y es muy temprano. Así que cuando entramos a Logroño por el tradicional puente de piedra (una construcción realizada sobre el primitivo realizado ni más ni menos que en el siglo XI por Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega) apenas hay bullicio en la ciudad. Tampoco los albergues se encuentran abiertos. Pasquale vuelve a hacer gala de sardónico sentido del humor y me sugiere que llame a los responsables y les comente que estamos en compañía de un ciego a ver si así nos abren antes. Pero nadie contesta de momento al teléfono. Así que decidimos tomar algo y visitar algunos edificios importantes de la capital riojana.

Como venimos de caminar, comenzamos, eso sí, por el café. Allí se nos une Karim con el que parece que estoy destinado a encontrarme. Obviamente, lo miro asombrado. ¡Aquí está de nuevo junto a mí! Aprovecho para preguntarle algunos detalles de su vida puesto que parece que antes o después caminaremos juntos. Sus padres son tunecinos. Pero él nació en Francia, concretamente en la frontera con Suiza. De todas maneras esto merece una explicación. El pueblo donde creció se llama Saint-Gingolph. Una localidad con dos nacionalidades. Hay un Saint-Gingolph francés y un Saint-Gingolph suizo. En realidad, es la misma villa separada en este caso por una frontera, con dos alcaldías distintas, pero, eso sí, solo un cementerio. Prueba de que la muerte todo lo une. Al final, cuando el alma nos abandona, ya no hay nacionalidades que valgan. Los cementerios no son franceses ni españoles o suizos. Son universales. Son divinos. De otro mundo.
Me sigue comentando Karim que descubrió el Camino de Santiago cuando estudiaba en la Universidad aunque no tuvo un flechazo con el mismo hasta que leyó el célebre libro de Coelho sobre la ruta jacobina. Un viaje realizado en 1986 por el escritor brasileño que fue realmente transformador para su espíritu. Según parece, Coelho no llegó a Compostela. Dio por finalizada su ruta justo en O Cebreiro después de haber vivido una experiencia crucial que transformaría su vida sobre la que el escritor ha guardado hasta este momento silencio. En cualquier caso, aquella experiencia tuvo que ser realmente reveladora porque lo transformó como persona y lo encaminó a su destino como escritor. Curiosamente, Coelho ha repetido en varias ocasiones que no volverá jamás a realizar esta ruta. Sus intenciones fueron sagradas y le bastó con caminar por ella en una sola ocasión para extraer el secreto, el milagro, las enseñanzas que necesitaba en su vida.

No entraré en la calidad literaria del libro de Coelho. Lo que sí puedo afirmar es que comprendo perfectamente que Coelho no haya vuelto a Santiago. Si yo, por ejemplo, estoy haciendo esta Ruta ahora con todo mi alma, si la estoy escribiendo, es porque es sagrada. Para mí es, en cierto sentido, la primera y la última. La emprendí porque la que creía que era la mujer de mi vida falleció. ¿Cuándo morirá alguien para que yo vuelva a transitar esta ruta? No lo śe. Con una vez bien hecha es más que suficiente. Pero como todo, depende de cada persona. Lo que sí tengo claro es que no me considero un coleccionista de Caminos. Si hago este Camino bien tal vez nunca vuelva. Lo importante es que sus enseñanzas me acompañen siempre. ¡Ya veremos! ¡Nunca se sabe!

A Karim le fascina el tema Alejandro el peregrino. En cuanto se lo pincho se pone a bailar. Se nota que tiene sangre árabe. Posee un gran desparpajo. Lo baila como si no hubiera final en el paseo del Espolón adonde nos dirigimos después de atiborrarnos de alimentos en un supermercado. En la plaza bastantes personas se nos quedan mirando. Un ciego, un árabe, un francés silencioso y yo que parezco un vagabundo comemos y bebemos al ritmo de un tema de música disco cargados con mochilas junto al monumento al general Espartero. De nuevo viene Fellini a mi mente. ¡Esa es la magia y la locura del Camino!
Tras la fiesta y los bailes toca rendir visitas a las iglesias. En la Catedral me sorprende el gesto de Pasquale disfrutando de sus retablos y cuadros. En su móvil un programa le describe perfectamente dónde nos encontramos y él susurra entre dientes lo hermosa que le parece tal o cual fachada. Tengo la impresión a veces de que Pasquale ve mejor que yo. Tiene un fuerte temperamento crítico. Me sorprenden los análisis que realiza de las situaciones y de las personas. Creo que Pasquale lee a las personas por su voz. Sabe cuando alguien le habla muchas cosas de esa persona. Nosotros necesitamos verla, convivir con ella. Creo que Pasquale extrae muchas conclusiones válidas al escucharnos hablar. En fin. ¡Qué tipo! Está lúcido y vivo. Mucho más que decenas de personas que conozco. Su ceguera no me parece en su caso una carencia sino un signo de grandeza. David, por otra parte, sigue bebiendo. No deja de beber en cuanto cesa de caminar. Algo que me inquieta. No obstante, su guía siempre es precisa y lúcida. Ha llegado a Logroño tantas veces caminando que me va adiestrando con total precisión sobre los lugares donde probar las mejores tapas, buen vino barato, ciertas iglesias escondidas tras enormes edificios, etc…

A un costado de la iglesia de Santiago, junto a la Fuente del peregrino, resplandece por cierto la Plaza de la Oca. Un homenaje al célebre juego de origen desconocido que muchos consideran que alude simbólicamente a la ruta jacobina. Aquí en Logroño no parece haber muchas dudas al respecto. Tienen claro que el juego de la oca y el Camino están unidos por lazos indisolubles y secretos. De todas maneras, existen tantas teorías al respecto que me produce demasiado respeto profundizar en ellas. Es este un vasto territorio. Así que me complazco simplemente con disfrutar de la plaza. Aunque cuando al fin accedemos al albergue parroquial Santiago el Real y puedo descansar en una litera, me dedico a mirar en internet varios de los diseños de un juego que los iniciados tienen claro que no tiene nada que ver con los templarios. Eso sostiene, por ejemplo, una fabulosa artista que se metió de lleno en el juego de la oca hace décadas y ha realizado unos fabulosos grabados sobre el mismo. Me refiero, claro, a Patricia Muñoz, cuyo trabajo me parece una muy buena fuente para comenzar a desbrozar significados, sentidos simbólicos y precisar el mito, las habladurías y las verdades respecto a este juego al que me prometo volver a jugar cuando vuelva a La Manga.

El albergue parroquial Santiago me resulta por cierto muy acogedor. Se encuentra comunicado con la hermosa iglesia del mismo nombre y huele a tradición, a batalla de peregrino, a hospital antiguo. Casi que puede uno escuchar los lamentos y bendiciones de decenas de miles de viajeros a lo largo del tiempo. Es muy humilde pero tiene alma. Espíritu.
Una de las amables hospitaleras me indica que nos encontramos muy cerca de Clavijo. En principio el dato no me dice absolutamente nada. Me deja frío. Pero luego todo cobra sentido. Fue allí donde el apóstol Santiago se hizo guerrero. Se convirtió en un mito bélico del cristianismo para los hijos de Cristo que luchaban contra los musulmanes en la Península Ibérica. A la Guerra Santa, los cristianos opusieron los milagros crístico. La batalla de Clavijo fue crucial en ese proceso. Al rey Ramiro I de Asturias y su capitán Sancho Fernández no les bastó con vencer a las tropas de Abderraman II en el Campo de la Matanza. Necesitaban convencer. Emocionar. Convertir su victoria en sagrada, un acto de fe. De allí que pronto se difundió la conseja de que aquella victoria se había debido a la aparición celestial de Santiago a lomos de un célebre caballo blanco con el que los profesores solían formularnos una adivinanza cuando éramos niños: ¿De qué color es el caballo blanco de Santiago?

Santiago, por tanto, pasó de ser un pacífico evangelista a un guerrero en La Rioja. Pasó de ser un santo a secas a convertirse en Santiago Matamoros. Un interceptor en los asuntos terrenales para asegurarle el triunfo del catolicismo en sangrientas guerras sin fin. No obstante, apuesto a que no es a ese Santiago al que veneran tantos peregrinos sino al evangelista. Alguien que en el fondo se podría perfectamente comparar con el mago Merlín. De hecho, cuando era un Camino celta, nadie hablaba lógicamente de Santiago en las tierras gallegas sino de magos, hechiceros, brujos. De presencias similares a las del célebre Merlín artúrico. Precisamente el que no se supiera mucho del Santiago histórico permitió en parte envolverlo de un misterio y un halo legendario que, unido a su posterior utilización en batallas, lo convirtió en tal vez el más importante estandarte cristiano tras Cristo.

Finalmente, voy a mi importante cita con el acupunturista. Mi pie izquierdo ha mejorado pero sigue sin estar bien. El problema que tengo es que necesito que se recupere totalmente para llegar a Santiago y cada vez me queda menos tiempo. ¡Qué palizas me tendré que pegar para llegar en el día deseado!
Lo primero que hace el acupunturista es palpar los huesos, el esqueleto. Retuerce la rótula, el fémur, mueve mi columna y no tardo en escuchar un clic. Me comenta que tenía algún hueso salido de su sitio. Que he hecho bien en acudir porque antes o después iba a tener una lesión más grave. Pone con movimientos gráciles cada hueso en su sitio y luego coloca agujas en la zona del pie izquierdo afectada. El caso es que después de recorrer territorios yermos, con un calor infame, encontrarme en una habitación con una luz artificial que transmite calma me resulta un lujo. Así que mientras las agujas hacen su trabajo me dedico a inspirar y espirar profundamente intentando encontrar alivio, paz.
El diagnóstico del acupunturista no es muy distinto del del fisitoterapeuta. Si descansara varios días llegaría con seguridad a Compostela. Si no, no lo puede asegurar. Me hace un pequeño descuento por estar haciendo el Camino de Santiago y me desea suerte. En realidad, no tengo claro si he tirado el dinero o no. Cuando salgo de la consulta, dos niños con mucho descaro me piden dos euros para echar gasolina a la moto. En otras circunstancias ni los miraría. En esta ocasión les alargo un billete de cinco euros y sigo mi ruta sin más. Es un gesto de generosidad que no hago tanto por ellos sino por mí. Pido por favor acabar este Camino, mi Camino, por Susana, sí, por mí. Tengo que despedir a Susana a lo grande.
Vuelvo al albergue y llego a tiempo de realizar una visita a la torre exclusiva para peregrinos. Tras subir unas amplias escaleras que nos retrotraen a siglos anteriores accedemos a los campanarios desde donde contemplamos unas vistas inmensas, hermosas de Logroño. La ciudad se controla perfectamente desde aquí. De repente la hago mía. Es lo que tiene ser peregrino. Uno puede convertir el mundo en su casa. Luego bajamos y por un pasillo intrincado accedemos a la iglesia en la que el sacerdote nos espera para darnos la bendición. Es un africano muy respetuoso. Nos anima. Nos hace tomar conciencia de lo sagrado de este recorrido. El Camino no es un capricho. No es ocio. Es más. Mucho más. Y si además es religioso, se convierte en una experiencia superior. Es en momentos como estos en los que la religión cristiana revive de sus cenizas. De repente, no parece en decadencia sino en su esplendor. Uno comprende mucho mejor por qué fue creada, el sentido que dio a tantas vidas perdidas, errantes. Yo hacía milenios que no participaba activamente de una ceremonia. Aquí, cuando me toca orar en voz alta, lo hago con mucha alegría. Quien va a Santiago puede sufrir pero no debe estar triste. Tampoco está solo. Está siempre unido a los otros peregrinos. En Comunidad. Esto es algo que desde luego que Nietzsche no comprendió del cristianismo. Su sentido. Su porqué. No hay libro más lleno de malentendidos sobre el cristianismo que su Anticristo. No es este el momento de hacer una crítica a la crítica de Nietzsche al cristianismo. Hay un ensayo de Berdiaev, El sentido del arte, que expone muy bien las fallas de su nihilismo. Nietzsche fue valiente al oponerse a la iglesia pero fue demasiado simple en su análisis. El cristianismo no es la religión de los débiles. Hace fuertes a todos. Da humildad a los engreídos y fortaleza a los tullidos y desterrados.

En la cena vuelvo a estar junto a Pasquale, David y Karim. También están Andrea (la psicóloga) y Jesús. A decir verdad, hay muchos italianos. Esto parece Roma. Tengo la impresión en cualquier caso de que el Camino va haciendo la criba. Los nombres anteriormente citados van formando parte de mi Camino con absoluta naturalidad. Sin forzar. David por supuesto pide vino y más vino. Llega un momento en el que insiste tanto que una hospitalera debe decirle que no está permitido tomar alcohol en la parroquia. Pasquale disfruta de la cena y de la vida y Karim sonríe. No hay un solo gesto de queja entre los peregrinos. Eso es algo que también logra a menudo el Camino. Acallar el ego.
Antes de comenzar a cenar, el párroco africano nos ha pedido que entonemos una canción. Es la primera vez que la escucho pero al momento me doy cuenta de su importancia. Es ancestral, mítica. Es tal vez la canción histórica de los peregrinos. Siento resonar mis cuerdas unidas a las de hermanos de siglos atrás cuando la entono. En ella aparecen dos palabras mágicas: Ultreia, Suseia.
A raíz de ello, una hospitalera me comenta que la tan frecuente expresión Buen Camino se ha popularizado en tiempos recientes. Siglos atrás no se solía utilizar. Un peregrino pronuncia Ultreia (Vamos más allá) y el otro respondía con Suseia. (Vamos más alto, hacia el cielo) ¡Qué maravilla!

Estas dos expresiones produjeron lógicamente a lo largo del tiempo melodías que son la banda sonora histórica del Camino. Intento memorizar esta en concreto. Intento hacerla mía. Recito «Ultreia, Suseia, Deus adiuva nos».
«Vamos más allá, más alto hacia el cielo. Dios ayúdanos»
¡Mi pie izquierdo por favor! «Ayúdame con ese pie izquierdo».
No sé si Dios pero quien sí me ayuda con el pie es Pasquale. En medio de la noche que no es noche para él me acerca una pomada para continuar desinflamándolo. Otro regalo.
Dormir en este albergue es delicioso. Los peregrinos parecemos soldados de Cristo. Estar en medio de una batalla por la fe. Eso sí, los ronquidos crecen a un nivel inusitado. Sobre todo los de Karim. A mí no me importa demasiado porque he comprado tapones. Seguramente yo también ronco. Ya da todo igual. Hay que descansar como sea. Pero no puedo evitar sorprenderme con los ronquidos de Karim. Son tan grandes que me hacen consultar en internet por las afecciones de sueño. ¿Tendrá alguna? ¿Habrá una enfermedad incubándose detrás? ¿Qué más da en cualquier caso? El cansancio es tan grande que ya nada importa. Lo importante es continuar, caminar, vivir, respirar. Tengo la sensación de que este Camino me cambiará para siempre. De estar encontrando un secreto escondido en mi espíritu. Ultreia, Suseia. Vamos más allá, más lejos, hacia el cielo. ¡Vamos, sí, vamos! Shalam
لا يمكنك السباحة نحو آفاق جديدة إذا لم تكن لديك الشجاعة لتفقد رؤية الشاطئ.
No podrás nadar hacia nuevos horizontes si no tienes el valor de perder de vista la costa.





1imagen…bocadillo de foie gras de oca…sonrisa…
2imagen…madre mia!, como se derrumben las piedras del castillo..
3imagen….de tres en tres…
4imagen…aprende muchacho, aprende….(nunca pidas limosna humana en este siglo)….
5imagen….el sol calienta la piel e ilumina los dos arcos del puente..
6imagen…cualquiera diria que estos edificios pobres….
7imagen…entorno monumental (cuantos trabajadores clerigos trabajaron en ella)….
8imagen…el rebaño lo tengo ahi un poco a la sombra, me faltara alguna….
9imagen…meriendo otro bocadillo de foi gras de oca…un cuatro…
10imagen…la lozana gallega llevando a sus ocas…
11imagen…al ataque, publicidad cristiana…
12imagen…»el septimo sello» la cruzada, los señores fueron bien engañados….
13imagen…el poder de las alturas y su musica (campanas)…
14imagen…»el caballo de turin», bela tarr, 2011….( y el conde dracula en el centro)…..
15imagen….escultura titulada «adios a otros iguales», «adios a si mismos»……
PD…dedicado a david «el caminante»….golpes bajos..come prima
https://www.youtube.com/watch?v=y6in0edsdxI&list=RDy6in0edsdxI&start_radio=1
1) Ruta templaria. Anuncios que sustituyen a los kilómetros que faltan en las carreteras españolas. 2) Soy un muchacho valiente. 3)El que está más en forma camina primero. El que quiere escribir el último. Necesita observar. 4) Nene. Tù y yo somos historia. Más que el mundo que nos rodea. ¡Viva Pasolini! 5) Puente coqueto en ciudad pequeña. Desaparece la historia. La historia es fotografía. Publicidad. 6) Retrato de pobreza europea. Crisis. ¿Qué crisis? 7) Felicidad. Soy un truhán soy un señor y estoy en Compostela 8) Escorzo forzado. Boceto de escultura peregrinal 9) Juego en las calles. vamos a contar mentiras. Canciones infantiles. Aquí nadie sabe quién es Paul Weller. 10) Piedra alquímica. La mujer es el espíritu santo. La oca se disuelve en hostia y cuerpo de Cristo. 11)¡Oh! Santiago y muera España. Viva la futura nación 12) Don Juan Tenorio combatiendo a los infernales árabes. 13) Este podría ser un plano ideal para empezar a filmar una peli sobre La regenta. Intercambiamos logroño por Oviedo. Seguimos al narrador mirando desde el cielo esa ciudad. 14) Puro Bela Tarr. El oscuro caballo de Nietzsche. Nihilismo igual vampirismo 15) Hitler diría que el primero de todos lo adora. Manía narcisista. Nazismo jacobino..jajaja PD: un vaso tras otro tras otro y otro y otro hace Camino.a.jaja