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Un camino. Día 3

Jul 21, 2025 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a contar mis sensaciones y experiencias en el Camino de Santiago. En esta ocasión, hablaré del tercer día.

Un Camino. Día 3.

El viernes, a las 7 de la mañana, vuelvo a caminar. La etapa promete ser gloriosa pues termina en el Monasterio de Montserrat. Durante los primeros kilómetros me interno en la sierra. Sopla un ligera brisa que me hace preguntarme si no sería más conveniente colocarme una camiseta de manga larga pero muy pronto el calor torna absurda mi cuestión.

No obstante, hoy de momento la temperatura es leve. Camino con desenvoltura. A eso me ayuda hacerlo por la Riera del Morral (un afluente del río Llobregat) donde no tengo más opción que mojar mis pies si deseo proseguir la ruta.

Durante un kilómetro o dos camino por terrenos difíciles que me hacen pensar en mis viajes por América. Allí la naturaleza sí que era realmente abrupta. Europa es una tierra de caminantes. Está hecha a escala humana. Europa es en gran medida aún un apéndice del Imperio romano. Una calzada romana por la que se desplazan los hijos de Marco Aurelio con tranquilidad. América sin embargo era salvaje. Uno no podía hacer planes para caminar de ningún tipo porque se encontraba con un sinfín de zonas intransitables (llenas de enormes rocas, aguas, árboles caídos, vientos o vegetación) que los seres humanos se veían impotentes para atravesar con facilidad. En cierto sentido, durante dos o tres siglos, los seres humanos volvimos a la categoría de bestias en América. Para los soldados españoles, portugueses que se adentraron en la Patagonia, en el Amazonas o se dieron de bruces con la civilización mexica el primer enemigo fue la naturaleza. Un infernal monstruo que los ponía a prueba mientras se aventuraban por territorios desconocidos que no es extraño que al principio muchos compararan con reinos de fantasía propios de las novelas de caballería.

No me gustaría, de todas formas, ser injusto con los europeos del pasado. La modernidad nos ha vuelto cómodos. Yo camino con unos deportivos muy confortables preparados para todo tipo de terrenos y con unos calcetines de doble capa que retrasarán la aparición de las temidas ampollas. En el Codex Calixtinus que cité ayer se puede deducir que los peregrinos viajaban con capa y sombrero, un bordón (un bastón) y un zurrón en el que se guardaba algún alimento y dinero. Si bien con el tiempo muchos peregrinos caminaban con botas fuertes (que no creo que puedan compararse a las nuestras) había en principio muchos que lo hacían descalzo o con sandalias. Algo realmente sobrecogedor y que es la mejor prueba de la fe en Dios que profesaban en aquella época en la que los albergues y refugios (cuando los había) eran faros de luz en medio de tormentas, rincones benditos cuya sola presencia emocionaba de alegría y agradecimiento a muchos viajeros.

España, como bien sabemos, es el país de la picaresca así que, según parece, la indumentaria del peregrino fue adoptada por mendigos, usureros y rapaces para disfrutar de los servicios que los hospitales y centros religiosos prestaban con su mejor voluntad a los caminantes. Felipe II llegó a prohibirla pero sin demasiado éxito. La indumentaria del peregrino era una seña de identidad demasiado arraigada y le tocó a los responsables de los centros de acogida agudizar el ingenio para detectar a individuos fraudulentos.

No tardo en llegar a Olesa de Montserrat. Una población que tuvo un importante papel durante la Guerra de Sucesión que se me antoja mágica. A ello ayuda el que sea día de mercado y haya un gran número de puestos de fruta en sus calles. Conforme la cruzo me digo a mí mismo que posiblemente fueran este tipo de localidades las que inspiraran a Dragó a escribir su clásico Gargoris y Habidis. Un ensayo que siento al momento ganas de tener conmigo. Mark Fisher puede que explique mejor lo que ocurre en el mundo global pero son escritores como Dragó o Unamuno los que han comprendido mejor la naturaleza cósmica (también, claro, trágica) del espíritu hispano.

Tras una breve pero dura subida que agota mis reservas de agua, llego a Esparraguera. Su nombre no arroja ningún misterio. Se denomina así por los amplios esparragales que había en la zona. Allí hago un descanso para comer y escribir un avería. Será de cuatro horas. No puedo demorarme mucho más porque me espera el momento cumbre de la jornada y uno de los momentos más gloriosos del viaje: la subida a Montserrat. Obviamente, no la realizo en el mejor momento. Hace mucho calor. Pero no puedo detenerme a pensar en ello. Si lo hago se me hará de noche. Cuando llego a Collbató, decido subir por la montaña y evitar la carretera. Aunque apenas me queda batería en el móvil y, por tanto, si me pierdo o se me hace de noche tendré difícil orientarme. Para quienes viven a sus faldas el camino al monasterio debe ser (tirando de tópicos) tan conocido como la palma de su mano  pero yo lo desconozco completamente.

En principio, las flechas amarillas me orientan durante la subida. Pero hay determinados momentos en los que no tengo clara la dirección a seguir. Dos muchachos que están haciendo senderismo me adelantan. Suben tan rápido que más que caminar corren. Tal vez estén preparando una competición. Van muy bien equipados y tan concentrados en el camino que no puedo apenas preguntarles. No puedo evitar acordarme de Philippe Murray y su teoría de la fiesta en la sociedad contemporánea. Si no recuerdo mal, el filósofo francés se refería a los patinadores como un signo de nuestra época leve. Esa en la que el ocio es rutina y obligación. Supongo que yo también seré un ejemplo de la misma. ¿Quién no? Todo es fiesta actualmente. Conciertos, partidos de fútbol, visitas a museos, comidas en restaurantes. Los senderistas también son festivos, leves. Estos muchachos suben a Montserrat como un desafío deportivo. Cualquier contenido simbólico o religioso quedó atrás hace mucho tiempo. Algo lógico. Ya no estamos ni en el siglo IX (momento en el que comenzó el culto a la Virgen) ni en el XI (fecha hipotética del nacimiento de la abadía). De todas formas, hay momentos mientras subo en los que podría jurar que he retrocedido a otra época. Me quedé sin batería y ya sólo puedo orientarme siguiendo el camino. En determinados instantes me pregunto si completaré la subida antes de que anochezca. Pienso en si pasaría demasiado frío entre los matorrales con mi saco de dormir. Pero no me detengo. Durante mi ruta, me encuentro con dos corzos que se me quedan mirando fijamente y luego huyen conforme me acerco a ellos. Si estos animales aparecieran en un filme de Lars von Trier serían el anuncio de algo peligroso, la presencia de un turbia fuerza y oscura. Pero mi recorrido a Montserrat se parece más a una parábola evangélica o un episodio de la historia de San Francisco de Asís que a, por ejemplo, Anticristo. El filme protagonizado por Willem Dafoe y Charlotte Gaingsbourg.

Cuando vivía en México tuve muchas experiencias con un muchacho zapoteca que aseguraba que cuando uno subía una gran montaña o pirámide era el momento de pedir deseos a los dioses. En Montserrat pensaba hacerlo pero el paisaje es tan bello que me contento con agradecer y seguir caminando. Creo, de hecho, que el secreto del Camino se encuentra más en dar que en pedir. Recuerdo mientras subo también a una chica tunecina que conocí cuando pasé una temporada en Poitiers (Francia). Ella era musulmana. Muy creyente. En un momento dado me dijo que tal vez el hombre podía haber creado diversos prodigios tecnológicos pero que nunca podrían compararse al mar y a las montañas. Obras de Dios. Sus palabras me impresionaron. Más en un país tan racional como el francés y en momentos tan descreídos como los que vivimos.

Estoy realmente fatigado pero me obstino en llegar. Si siglos atrás lo hacían peregrinos, monjes y soldados con atuendos mucho más primitivos, yo debería de poder hacerlo. Además, estoy haciendo el Camino. Algo que imprime seguridad. Uno sabe que mientras se encuentra en ese proceso la ventura está con él. De tanto en tanto he leído testimonios de algunos peregrinos lamentándose por el fallecimiento de algún viajero maduro mientras realizaba el trayecto a Santiago. Algo en esas muerte transmite paz, mucha paz. Hay peregrinos que sabiendo que su día se acercaba eligieron irse caminando, como guerreros espirituales.

Tras muchos esfuerzos, oteo al fin el monasterio. Alcanzo a verlo con las últimas luces del día. La visión mientras anochece es impresionante. Llevo más de dos horas caminando solo y no puedo evitar emocionarme. ¿Qué sentirían nuestros hermanos en el pasado? Por momentos puedo imaginar a caballeros cristianos extasiados llegando a sus puertas. Encontrando al fin un refugio de santidad en medio de la montaña. De noche, el monasterio se ve lógicamente austero y señorial. Pero también como un refugio maternal. Una luz en medio de las rocas y la montaña que recoge en su seno a los hijos de Dios desde varios siglos atrás. La imagen es fascinante y sobrecogedora.

Cuando al fin llego a sus puertas y a la de los hoteles situados a sus costados experimento cierta zozobra porque nadie sabe decirme dónde puedo albergarme. Paso más de media hora un poco perdido entre extranjeros cuyas circunstancias son bastante diferentes a la mía. Ellos han subido en funicular o coche y se encuentran allí por turismo. Hallo no obstante un enchufe en el hall del hostal para cargar el móvil y marco inmediatamente uno de los teléfonos recomendados donde me informan de que, a pesar que es tarde ya, vendrán a recibirme dos responsables del albergue de peregrinos: Pilar y justi. ¡Estoy salvado! ¡Extenuado pero salvado!Shalam 

أطع من يعلم أكثر من من يأمر

Para hacer mal cualquiera es poderoso

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…he dejado mi casa en otra casa….
    2imagen…riachuelo en la delgada linea roja catalana….sonrisa…
    3imagen…aguirre, la colera de dios….
    4imagen….traigo el exoesqueleto de la primera imagen y lo coloco en la base del arbol de esta imagen…..
    5imagen…leyenda religiosa…intento domininar la naturaleza….
    6imagen…coto de caza privado…(furtivos)…estofado de ministro.
    7imagen…si tiro una piedra desde aqui le dare a un pajaro que viva en una de esas casas….sonrisa….
    PD…james brown..i feel good…la moreneta africana..yeahhhhhhh
    https://www.youtube.com/watch?v=W-rn7i_ETYc&list=RDW-rn7i_ETYc&start_radio=1

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) Mi casa es una mochila y el mundo.jjjaja 2) riachuelo que recuerda a américa. Por aquí pasan conquistadores españoles con mucha pólvora. 3) Parece un esbozo de la película Oro de Díaz Ya es sobre conquistadores españoles. Resultona. Topicona pero ágil y resultona. 4) mochila típica de aspirantes a Henry Thoreau. 5) Ahí haría el Marqueś de Sade una historia alocada y terrible. 6) También a Satán se le mueren sus hijos. 7) Es un buen lugar para sentarse con un fusil y esperar que lleguen los musulmanes desde Murcia. Caerán todos. ¡Viva el Guerrero del Antifaz y don Ramiro! jajajaj PD: La virgen del baile. La danza religiosa.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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