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Un Camino. Día 29

Dic 9, 2025 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al Camino de Santiago que recientemente realicé. En esta ocasión, me ocuparé del día 29. ¡Ahí voy!

Un Camino. Día 29

Miércoles 13 de agosto

David y yo volvemos a despertarnos temprano. No obstante, al ir a recoger la ropa que tendí la tarde anterior en el jardín me encuentro con que una de mis camisetas ha desaparecido. Ha sido probablemente una confusión. En su lugar hay otra de un color idéntico que no me sirve. Es demasiado pequeña. Esto es algo que suele ocurrir a menudo en este tipo de peregrinaciones. No hay que preocuparse demasiado. David está seguro que antes o después encontraré una camiseta de mi gusto en los cestos llenos de ropa que suele haber en los albergues. Muchas de las camisetas, pantalones, cazadoras que allí acostumbran a encontrarse fueron olvidadas por descuido por los peregrinos pero también es habitual hallar muchas prendas que fueron donadas porque o bien no iban a ser ya utilizadas o bien tenían un pequeño roto.

La filosofía de David es muy clara. En el Camino no se gasta un solo euro en ropa. Antes o después encontraremos lo que necesitamos. El Camino siempre nos lo da. Y de no ser así lo más probable es que no lo necesitáramos tanto como creíamos.

La ruta hacia Samsol no es demasiado atractiva. Caminamos por campos yermos en los que de tanto en tanto aparecen cultivos. De momento mi pie izquierdo se encuentra mejor. No me fío, eso sí. En cualquier caso, esta aparente mejora me permite hablar con David de literatura. Me comenta que está escribiendo un libro desde hace años. El título es sumamente atractivo:  La visionaria. Cuento fabuloso de inspiración cristiana. El título de su primer capítulo también resulta muy sugerente: Nacimiento, infancia, génesis, emancipación y adolescencia de Gwendoline.  Leo unas pocas líneas y me siento absorbido por su ritmo y frases. Parece un relato medieval con resonancias alquímicas. No obstante, no tenemos demasiado tiempo para metáforas. Debemos seguir caminando. ¿Terminará David algún día su libro o será una obra eternamente inacabada?

Tras cruzar el río Linares, llegamos a Torres del Río donde resulta inevitable no fijarse en la imponente iglesia de planta octogonal que refulge entre sus calles estrechas. Según dicen, su torre adosada servía en otros siglos para guiar a los peregrinos que por aquí venían. Es inevitable obviamente pensar en la influencia templaria de este monumento. La orden del Temple se encargó de velar por la seguridad de los peregrinos en la época de eclosión del Camino y su influencia se deja sentir por aquí y por allá. En este caso concreto también se descubrieron hace un tiempo cuerpos enterrados cerca de la iglesia luciendo la clásica vestimenta templaria. Así que no existen muchas dudas a este respecto de su influjo en esta zona.

Más tarde, tras atravesar Bargota, David y yo descendemos por el barranco de Cornava entre viñedos, olivares y frutales. En un momento dado, el pie izquierdo vuelve a dolerme. Debo ralentizar el ritmo y mi compañero se me escapa. Caminar solo me parece idóneo para realizar varias llamadas. ¿A quién? Mi idea es encontrar un profesional de la acupuntura en Viana o Logroño. ¿Por qué? Tengo un muy buen recuerdo de una ocasión en la que probé la acupuntura. Tenía yo poco más de 30 años. Mi madre aún vivía. Era una época en la que yo solía correr mucho. Casi 80 kms a la semana. A veces más. Un resbalón mientras descendía por una cuesta me provocó un esguince. En el hospital me vendaron el pie. El médico me recetó varias píldoras antiinflamatorias y aconsejó reposo durante 10 días. Tal vez dos semanas.

En principio yo acepté sus consejos de buena gana. ¿Qué otra cosa podía hacer? Mi tía sin embargo me animó a llamar a una buena amiga suya. Una joven acupunturista que la trataba desde hacía años de unos problemas en la espalda. ¿Por qué no? Varias horas después, cuando la muchacha retiró las agujas de mi pie, caminaba yo por mi casa como si estuviera totalmente sano. Incluso me animé a saltar un poco. ¡Estaba, sí, curado! Dos días después volví a correr como de costumbre. El recuerdo de aquella sorprendente experiencia me hace preferir un profesional de la acupuntura antes que un fisioterapeuta. Pero por mucho que llamo nadie responde. Estamos en pleno verano y la mayoría de profesionales se encuentran de vacaciones. Finalmente, tras más de diez intentos, uno responde. Quedamos en encontrarnos al día siguiente en Logroño.

Tras pasar cerca de la ermita de Nuestra Señora del Poyo, pocos kilómetros antes de llegar a Viana, contemplo a un peregrino a lo lejos. Debido al estado de mi pie estoy acostumbrado a que los viajeros me adelanten. Sin embargo, aun lentamente, percibo que me voy a acercando a éste. Conforme me aproximo percibo algo raro. El peregrino anda seguro pero de tanto en tanto trastabilla un tanto los pies como si tuviera algún que otro problema para orientarse. Si no me equivoco, camina con dos bastones. Cuando estoy más cerca me doy cuenta de que anda siguiendo las indicaciones de una aplicación de su móvil. Suena un pitido cuando toca el borde de la carretera advirtiéndole de un peligro. ¡Ya no tengo dudas! ¡Debe ser el ciego que me comentaron que se encontraba en Puente La Reina! ¡No lo puedo creer! Al momento experimento alegría. ¡Un ciego caminando justo delante de mí! ¡Increíble! ¿Cómo puede ser esto posible?

Obviamente lo saludo amablemente. Su empresa me parece algo excepcional y comienzo a hablar con él. Se llama Pasquale y es italiano. Oriundo de Bolonia (la ciudad donde nació Pasolini) para más señas. Fornido, moreno, de estatura media, entrado un poco en carnes. En la vida cotidiana, en el mundo normal, las personas tienen como ídolos a personajes como Messi o Cristiano. Aunque suene frívolo, yo acabo de conocer alguien que los supera. Se lo comento a Pasquale pero le quita la importancia. Lo primero que me sorprende de este hombre es su determinación y, sobre todo, la alegría con que habla y camina. Posee la tradicional vitalidad latina de los italianos. Su personalidad es un torrente. Tiene un apabullante empuje. Admiro también su naturalidad. Me atrevería a decir que soy yo una persona bastante más triste que él.

Recuerdo la novela de Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas. En ella aparecía una secta de ciegos. Los ciegos (una metáfora al fin y al cabo de una parte de la humanidad) eran seres misteriosos y secretos. También rencorosos. Había algo diabólico en ellos. Pasquale parece todo lo contrario. Franco, jovial y directo. Lo que siente lo expresa con claridad, sin ambages. Obviamente decido caminar junto a él y hacerle de lazarillo. En un momento dado creo estar en una película de Federico Fellini. Pasquale y yo, sí, somos dos personajes de Fellini por las vías del Camino. Tengo la impresión de encontrarme en un pasaje mágico de una novela y que en un momento dado va a sonar una melodía de Nino Rota.

En Viana, Pasquale y yo tomamos un café en la plaza mayor. Allí me cuenta ciertos detalles de su vida. Trabaja en una empresa sanitaria de Bolonia. Es graduado en Ciencias Políticas y piensa obtener una nueva graduación en Derecho este otoño. También juega al fútbol en la liga italiana. Obviamente, mi asombro no cesa. Me comenta también que no es la primera vez que ha emprendido esta ruta. En el 2022 vino con una chica de Roma. Otra ciega. Ambos estaban enamorados. Pero la relación no terminó de cuajar. Pasquale nació ciego pero la muchacha había perdido la vista en un accidente. Lo que convertía esta dificultad en más traumática para ella. Una parte del Camino la hicieron caminando. Otra en autobús. Y finalmente llegaron a Santiago. Un momento estelar que ambos jamás olvidarán. Pasquale me comenta también ciertos problemas familiares pero no deseo ahondar.

Es un espectáculo contemplar a Pasquale levantarse para pagar. Percibo rápidamente que se ríe de sí mismo. También posee esa típica sorna de los italianos que les hace reírse de lo ridículo y convertir escenas cotidianas en óperas bufas. Eso es lo que más me impresiona de él. Que no siento en ningún momento que estoy con un ciego. De hecho, creo, repito, que es una persona con más vitalidad que yo. Yo tiendo más a la depresión y a la soledad. Pasquale parece el típico italiano que ama la buena vida, las calles y la fiesta. Es más fácil concebirlo como el alma de una velada que arrumbado en una esquina sin decir una sola palabra.

Quedamos en caminar al día siguiente juntos. Yo no puedo hacerlo muy rápido debido a mi pie izquierdo. Él tampoco por motivos obvios. Así que fijamos una hora temprana para continuar la ruta. ¡El Camino no deja de sorprenderme! ¡He aquí un ejemplo de superación personal! ¿Qué sentido tiene la típica queja diaria de tantos de nosotros cuando encontramos a alguien como Pasquale? ¿Mi pie izquierdo? ¿Mi pie izquierdo? «Levántate y camina» que diría Cristo a Lázaro.

Pronto aparece David que ya había conocido previamente a Pasquale. No lo sabía. Eso sin dudas facilitará mañana el viaje. Lamentablemente, el albergue parroquial (que forma parte de la memoria profunda del Camino) está en obras. Así que debemos ir al municipal. Antes, eso sí, David y yo nos introducimos en la mística y refulgente iglesia de Santa María. Un templo gótico con fachada renacentista que transmite paz y misterio. Allí David contempla un órgano (el clásico órgano de tubos de iglesia) y me comenta que durante dos años, en la veintena, trabajó como aprendiz en Poitiers junto a un maestro que se ocupaba de repararlos. Afirma que era una tarea extremadamente difícil. Requería años alcanzar maestría en ella.

Me llama la atención por cierto que junto al templo se encuentra la lápida de César Borgia, el mítico gobernante al que dedicó Maquiavelo su obra magna: El príncipe. La explicación de que sus huesos descansen aquí radica en que murió precisamente en Viana. Tras fugarse de su prisión en el Castillo de la Mota, llegó a Pamplona, donde fue acogido por su cuñado, el rey de Navarra, Juan de Albret. Allí participó de la guerra civil entre los agramonteses y los beaumonteses. En una escaramuza durante la toma de Larraga fue burlado y murió tras sufrir una emboscada en Viana. Su cadáver fue encontrado desnudo en la Barranca Salada.

A decir verdad, no nos podemos quejar. El albergue municipal se encuentra junto a las ruinas de la iglesia de San Pedro. Gran parte de sus paredes cayeron durante el siglo XIX debido a una ampliación que, como es evidente, salió mal. En cualquier caso, no nos vamos a engañar, pasear por el templo abierto y caído ofrece una sensación cálida. Las ruinas son a día de hoy más interesantes a veces que los templos en buen estado porque los ciudadanos del siglo XXI tenemos en ocasiones una incipiente atracción e interés por el fin. Por la destrucción. Las ruinas son el reverso romántico de las obras clásicas. Pasear por ellas es reconfortante porque nos sugiere en gran medida que los delirios arquitectónicos de hoy en día tal vez algún día también serán ruina para deleite de nuestra alma.

Me llama la atención el hecho de que la funcionaria responsable del albergue conozca a David de otras  ocasiones. Prueba de que mi compañero forma ya parte de la memoria ancestral de esta ruta. Lo deja pasar pero pone ciertos reparos porque su pasaporte está caducado. David improvisa una mentira. Luego me muestra una pequeña moneda de oro que encontró hace varios días y me pregunta si yo podría cambiarla por dinero en una tienda con mi documento en regla. Yo, la verdad, no sé qué decirle.

En el albergue no sólo descansamos Pasquale, David y yo. También encuentro a Karim. En esta ocasión charlamos un poco. No demasiado. Pero parece que estamos destinados, como sugería Gavi, a caminar juntos en algún momento.

La tarde la paso tranquilo en Viana. Me compro unos tapones para los oídos con el objeto de evitar en lo posible los ronquidos de mis compañeros e intento escribir un avería sobre el Camino. Llevo un mundo, un Universo sin hacerlo. Creo que desde la etapa de Arrés. Justo cuando conocí a David y a Tomás.

Encuentro pronto una cafetería muy agradable, Pilgrim Oasis, donde poder escribir. Se respira paz en ella. Allí me reciben con mucha amabilidad dos parejas de norteamericanos. Son protestantes, según creo entender. Me invitan a que me quede a una meditación que realizan en la que incluyen pasajes bíblicos a la que también acude una australiana. Luego la comentamos. Estos señores son tan amables como profundamente religiosos pero, como buenos protestantes, no están muy de acuerdo con la intercesión de la iglesia en asuntos religiosos. Creen que todos podemos llamar y encarnar la divinidad. En cierto sentido, tal vez no lo sepan, son gnósticos. Por eso les cuesta empatizar con mi entusiasmada descripción de las iglesias románicas que he visto a lo largo del Camino. Los protestantes lograron quitarle la palabra de Dios a los clérigos pero a costa de perder un sentido de lo sagrado y místico que nosotros, los europeos, vemos reflejados en los templos, en las iglesias, en decenas de monumentos, seamos creyentes o no. Los norteamericanos lo buscan en la naturaleza, también en ellos mismos. Nosotros rendimos pleitesía a Dios. Ellos quieren ser dioses.

No importan en cualquier caso nuestras diferencias. Hay armonía entre nosotros. Esa simpatía logra que las visiones de la divinidad armonicen. No confronten. Se trata de reflexionar sobre la creación, por qué estamos aquí. Hacerlo en un café es un milagro. Yo, desde luego, lo valoro mucho. Por eso permanezco allí varias horas.

  

Tampoco terminan por cierto mis anfitriones de entender las causas por las que un país como España sufrió una Guerra Civil durante el siglo pasado. Uno de ellos, un señor entrado en años que habla desde el corazón,  me pregunta por esa cuestión con franca sinceridad. Yo me veo incapaz de explicársela. No hablan apenas español y entiendo que ha de costarles comprender nuestra sensibilidad.

David escucha en silencio mientras dialogamos. No aporta ningún dato relevante pero sí una opinión que ahora mismo sería censurada en cualquier medio oficialista. Yo la expongo tal y como él la cuenta. Según David, los españoles debemos agradecer que Franco ganara la Guerra Civil. De no ser así, hubiéramos tenido una férrea dictadura comunista. David, lo deja claro, odia a los comunistas. Piensa que Franco fue el mal menor. Un Stalin español hubiera hundido al país y destrozado vidas y monumentos. ¡Es su visión!

Horas después, David y yo cenamos en el albergue. Tiene mano para la cocina. Se le nota tranquilo. Ha estado bebiendo pero no en exceso. Más tarde, encuentro a Pasquale. De nuevo tengo la sensación de estar en un filme de Fellini.

En fin. Quitándome horas de sueño logro publicar un nuevo avería sobre el Camino. Pero ya ni sé cómo lo hago. Voy con un enorme retraso. Estoy por otro lado contento porque siento que el dolor del pie izquierdo comienza a remitir. No del todo, eso sí. Allí continúa. Pero remite. Va remitiendo. Parece, sí, de repente, que todo fluye. El Camino es mágico. No puedo estar más contento de haber emprendido esta aventura. Shalam

السفر يجعلك متواضعًا، ويجعلك ترى صغر مكانتك في العالم.

Viajar te hace modesto. Te hace ver el pequeño lugar que ocupas en el mundo

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…pasquale, el italiano en la calle de la soledad….
    2imagen…el vapor de agua encima del mantel de ganchillo (cuaderno humedo de un fascista)…..
    3imagen…pagina 1 de un fascista…..
    4imagen…el espiritu octogonal de los curas…..
    5imagen…choza de bajo presupuesto!!!!….
    6imagen…un residente (toda la cabeza es un ojo)…
    7imagen…la muchachada(5) observa los sillines de las bicicletas que transportan a las señoras al campo…ohhhhhhhhhhhh!!!!
    8imagen….pasquale, el italiano tomando la sombra de la calle soledad….
    9imagen…manda huevos con los generalisimos (parece que a david le venian bien)….
    10imagen…la simetria sin techo con un charco de agua en el suelo de stalker….
    11imagen…aladdin de w. disney 1992 vs aladin sane 1973
    12imagen…se realizaria una transformacion ….todo lleno de barras de pan (amontonamiento en avalancha)……
    PD…the residents…flying…1977…total 3:24…del 1:47 al 2:05 tu pie mejora con acupuntura, sonrisa….
    https://www.youtube.com/watch?v=C1nDMks18rs&list=RD49Z7eS9YjM4&index=3

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Buñuel y Fellini harían un Pasquale. Toma 1 de un filme tipo Amarcord. 2) Carnets. Cuadernos. Diarios. novelas. Todo muy francés. Existencialismo y viajes. 3) Página 1 de un hombre que odia a Stalin. 4) Veo a caballeros con armaduras con los brazos cruzados defendiendo esta fortaleza hace siglos. 5) Por ahí se encuentran Sancho y Quijote en los suelos hablando de sus cosas y bebiendo agua. 6) jjaj.. muy bueno lo de Residents. Esgrima y lucha. El maestro de los residentes. 7) Esto es magia. Feos pero guapos. Feos pero bellos. Feos pero mágicos. Los italianos son todos bellos y mágicos aunque sean feos. 8) Buñuel y Fellini harían un Pasquale. Toma 2 de un filme tipo Tristana. Pasquale aparece al fondo de una escena. 9) Orgullo guerrero. Las lápidas antes se dedicaban a los soldados. No a los poetas. 10) «Nostalgia» Tarkovski. Italia. Un poeta recitando sin que nadie lo escuche. 11) Oasis en medio de una odisea. Todo bien puesto. Orden mental y espiritual. jajj 12) El cuadro del fondo podría pasar por una portada de un disco de prog rock. PD: excelente vídeo y tema. Otra dimensión. Así hacen rock los extraterrestres. Tantas ganas de hacerle un avería a The Residents.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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