Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al Camino de Santiago que recientemente realicé. En esta ocasión, me ocuparé del día 28. ¡Ahí voy!
Un Camino. Día 28.
Martes 12 de agosto
Este Martes David y yo sí que nos despertamos pronto. Por una vez lo hacemos al compás de la mayoría de los peregrinos. Probablemente porque hemos dormido junto a ellos. Así que no nos demoramos mucho y a las 7 comenzamos nuestra ruta.
Salir de Estella al alba me provoca dos sensaciones. Por un lado, tengo la impresión de pérdida. Es triste caminar por el monumental casco histórico sin poder dedicarle el tiempo necesario para contemplarlo con la atención debida. Adivinando en la oscuridad estatuas y columnas. Pero es también poético, muy bello, caminar entre las tinieblas vislumbrando iglesias, ermitas y monasterios como si fueran brumas fantasmagóricas. Sombras mudas que emiten destellos, mensajes de otras épocas que los ciudadanos del siglo XXI ya no escuchamos. Probablemente tampoco la gran mayoría de los peregrinos.
Mi pie izquierdo parece haber mejorado un poco. Hoy la etapa finalizará en Los Arcos. En el albergue Isaac Santiago suele haber un fisioterapeuta que se ocupa de las molestias musculares y lesiones de los allí alojados por un módico precio. Me han confirmado que vendrá a las 5 de la tarde. Obviamente, esto me tranquiliza ¡Al fin tendré un diagnóstico certero sobre las molestias de mi pie! Mientras tanto, aguantaré como pueda. De momento, sigo en ruta. Es más que suficiente.
Pasado Ayegui, poco antes del monasterio de Irache, nos encontramos con uno de los icónicos lugares del Camino Francés. Me refiero ¿cómo no? a la fuente del Vino. Un manantial con dos grifos (uno de agua y otro de vino) de los que pueden beber gratuitamente los viajeros.

Al verla, de repente, mi cerebro termina de comprender determinados signos, símbolos que ví ayer sin lograr adivinar su significado profundo. Entiendo aún más la importancia de San Veremundo. La primera figura icónica del Camino a su paso por Navarra. Un santo que decían que convertía el agua en vino a imagen y semejanza de lo que hizo Cristo en el célebre pasaje de las bodas de Caná. Ahora entiendo mucho mejor por qué se resaltan las cualidades de este santo con la bebida. Al fin y cabo, fue con él, durante el Medievo, que se estableció una costumbre. Los monjes del monasterio de Irache solían ofrecer un vaso de vino a los visitantes. El vino no sólo era utilizado como regocijo. En gran medida, era también una medicina. En ocasiones ayudaba a reconstituir la salud de peregrinos que se aventuraban a realizar una odisea que tan sólo la mitad de ellos lograban completar.
No resulta extraño, por tanto, que en el Códice Calixtino se nos diga que en esta zona abundaban el «buen pan y un óptimo vino» que reconfortaban a los huéspedes. Una realidad que no ha variado mucho pues nos encontramos a pocos kilómetros de entrar en La Rioja. ¡Sobran la palabras y explicaciones!

Afortunadamente, la deliciosa tradición benedictina no se perdió. La desamortización de Mendizábal en el siglo XIX podía haber acabado con ella. Pero los viñedos de Irache (anteriormente conocidos como Vinícola Montejurra) eran tan fructíferos que continuaron siendo explotados por manos distintas a las del clero. No sería sin embargo hasta que, a partir de mediados del siglo pasado, la familia Santiesteban adquiriera las más de 100 hectáreas de viñedos, que poco a poco se reverdeció la vieja costumbre. Hay que subrayar, eso sí, que en principio, a pesar de sus buenas intenciones, los Santiesteban no podían asegurar que hubiera siempre vino a disposición de los viajeros. No había personal suficiente para ocuparse de reponer las existencias y además, lo ofrecían en vasijas de barro que solían ser robadas. Un problema al que se le puso remedio a finales del siglo pasado con la solución actual: un gigantesco depósito del que brotan dos grifos que se ha convertido por mérito propio en un icono del Camino. A día de hoy, de hecho, se calcula que en los días de máxima afluencia los actuales propietarios de las bodegas Irache (los empresarios Alejandro Gómez Sigala y su mujer Letizia Mangione), introducen diariamente 100 litros de vino joven en los depósitos destinados al alivio de los peregrinos.

Una parte ínfima de ese vino resbala por mi boca refrescándome y regenerándome. ¡Sí, juro por don Quijote y la Edad de Oro que soy ahora un hombre nuevo! David también bebe pero él venía más preparado. Lleva un botellín de agua que llena al completo. ¡Me alegro! ¡Ojalá tomar un vaso de este vino cuando comamos en Los Arcos!
Tras dejar atrás el mítico monasterio de Irache caminamos a paso tranquilo hacia Azqueta. Al llegar a esta población comprendo también mejor el motivo por el que encontré el bardón con el que continúo ayudándome a caminar. Porque estábamos cerca de los territorios de una figura esencial en los últimas décadas en el Camino: Pablito Sanz Zudaire, más conocido como Pablito «el de las varas». Un hombre que convirtió Azqueta en una parada obligatoria para cualquier peregrino. Muchos aguardaban su encuentro con Pablo para comenzar a caminar con un bastón de avellano o freno que previamente aquel hombre había cortado tras adentrarse en el monte. Su ojo era infalible. Sabía qué bastón era apropiado para cada persona. Disfrutaba adiestrando a los viajeros e invitándolos a conversar y tomar café a su casa. Tenía, por supuesto, su propio sello para estampar en la Credencial. Su fama llegó a ser tal que, aunque él no daba alojamiento salvo excepciones, lo llamaban para reservar habitación en su casa. Sacarse una foto con él llegó a ser tan común como tomársela junto a la Cruz de hierro.
Lamentablemente, no alcanzo a conocerlo porque según me comunican unos vecinos suyos murió tres años atrás. Una pena. Su figura ya forma parte de la leyenda imborrable de la ruta.
Quién sabe por qué pero justo tras dejar atrás Azqueta pierdo la vara. La dejo en un café. He caminado un kilómetro y no me he dado cuenta. ¿Surrealismo? ¿Quién sabe? Tengo la impresión de que Pablito me hubiera sugerido que ese bardón no era adecuado para mí. ¡Ni loco con el pie como lo tengo pienso retroceder por él!
David y yo continuamos nuestra ruta. Antes precisamente de llegar a Villamayor de Monjardín hay un aljibe medieval conocido como la fuente de los Moros en el que tradicionalmente se saciaba la sed de los peregrinos. Probablemente David debió dormir en su interior en alguna de sus muchas peregrinaciones. Debido a que en un gran número de albergues no le permitían dormir con su mascota, se acostumbró a hacerlo al aire libre, bajo la sombra de árboles, parques o antiguas ermitas. Para él pernoctar bajo techo se convirtió en un lujo durante varios años.
Otra de las delicias de caminar con David es que de tanto en tanto señala lugares donde cenó junto a su can, toma desvíos inesperados o, mismamente, te habla de cómo era tal o cual paisaje antes de que se comenzara a construir en sus inmediaciones una autopista o una gasolinera. Desde el aljibe, por ejemplo, señala las ruinas de un viejo castillo árabe que reina sobre un colina en el que no me había yo fijado. No le pregunto si también durmió allí pero no me extrañaría que lo hubiera hecho.
La segunda parte de la etapa (el tramo que discurre entre Villamayor de Monjardín y Los Arcos) se me hace durísima. Tan sólo hay un pequeño avituallamiento al principio (el bar-remolque de Eduardo) donde decidimos no parar. Aunque yo al menos debería probablemente haberlo hecho. Mi pie izquierdo vuelve a dolerme. Más que nunca hasta ese momento. De hecho, me veo forzado a detenerme en uno de los escasos recodos de sombra en varios kilómetros. David sigue, mientras tanto, su ruta. Sufro. Se junta todo. El sol pica. El sol rasca. El sol devora. El sol destroza. En esas circunstancias, como se comprenderá, no puedo fijarme en los muchos viñedos que comienzan a aparecer en la ruta. ¿Cómo hacerlo? Decenas de peregrinos me adelantan. ¡Buen Camino!, me dicen. ¡Buen Camino!, respondo. De todos ellos tan sólo recuerdo a un neozelandés, Alex, con el que cruzo varias frases. Se da cuenta de que mi mochila es de su país. ¡Bingo! Mi amigo Marcos la compró allí. Y antes de tirarla prefirió regalármela a mí. Alex se despide efusivamente y se va. Camina a mucha velocidad. Pronto lo pierdo de vista. No me extraña. En realidad, parezco un muerto. No sé ni cómo prosigo. Lo hago como puedo. Mi pie grita. Por momentos parezco un mártir. Percibo que está en riesgo mi Camino. Este Camino. Tomo aire. Inspiro. Expiro. Todo pasará. Así es.
Después de este pequeño suplicio de dos o tres horas por el Valle del río Odrón aparecen las piedras Mormas (se dice que fueron tres muchachas convertidas en piedras por preferir el carnaval a la misa) y finalmente el pórtico de Santa María. ¡Llegué a Los Arcos!

El masajista tiene un diagnóstico claro. No tengo un esguince sino un principio de tendinitis. Me describe exactamente los síntomas que he ido experimentando. Piensa que si soy inteligente llegaré a Santiago. Pero debo ser cauto. Extremar las precauciones. Dejarme guiar por la cabeza y no por el corazón. No debo caminar más de 20 kilómetros diarios hasta que el dolor vaya remitiendo. Me aconseja un día de descanso y me receta una pomada, Voltaren Forten, que contiene Diclozenaco. Un fármaco que reduce la inflamación y el dolor. También por supuesto me aconseja seguir con el Nolotil.
Teniendo en cuenta estas recomendaciones, decido descansar por un día en Los Arcos. Busco a David para indicárselo. Lo encuentro en el centro. A estas alturas David está bebido. Se acabó el botellín que llenó en la Fuente del vino hace un tiempo. Vaya. ¡Yo tenía la esperanza de compartirlo con él! Cuando le digo que voy a parar un día, se me queda mirando fijamente. Pasa un tiempo eterno sin hablarme. Cuando lo hace se muestra herido. Pareciera que estuviéramos en un funeral. Hay ira en sus palabras. Desacredita al masajista. Él cree que debo seguir. Debemos continuar caminando juntos. Está seguro de que no llegaré a Santiago si sigo solo. No me considera un buen peregrino. Me denomina turigrino. Hay violencia en su expresión. Continúa bebiendo. Pide otra cerveza. Por momentos habla solo. Casi que grita.
Comprendo en esos momentos que, sin decirme nada, David había abandonado su intención de ir a participar a la vendimia en Francia al poco de conocerme. David Improvisa sobre la marcha. Parece un saxofonista de bepop. Es un verso libre. No le cuesta cambiar de planes. Por un lado, me siento bien porque eso significa que ha conectado conmigo. Pero por otro entiendo que no merezco esa actitud. Apenas lo conozco. Pero me calmo. Reflexiono. Tengo una persona herida frente a mí. Eso también es el Camino. Conectar con alguien a un nivel muy profundo en pocos días.
Me abstraigo de sus imprecaciones y calibro las ventajas de continuar caminando con él. Voy con un retraso enorme. Si logro recuperarme de la tendinitis tendré que realizar etapas de casi 40 kilómetros diarios. A David no le importa caminar de noche, de tarde, de día. David es el Camino. Con él tal vez tenga yo una oportunidad de llegar a Santiago el 1 de septiembre y a Finisterre el 4.

Finalmente, decido continuar con David. Pero sí le digo que hasta que no me recupere bien no podré realizar etapas largas. La de mañana, por ejemplo, no superará los 20 kilómetros. Terminará en Viana. Al momento percibo alivio en su rostro. David se relaja. Tal vez desde que murió su perro en diciembre del año pasado no ha tenido otro compañero de ruta. El alcohol le ayuda a hablar. En realidad, el comenzó su ruta final para desengancharse de la heroína. En el 2016 caminó durante cuatros meses. En el 2017 fueron dos o tres meses. Concretamente, aquella tempora hizo el Camino de Arles. Al volver a Poitiers siguió enganchado. Más tarde, en 2018, caminó seis meses. Tal vez más. De Puy-en Velay a Saint Jean pied de Port. Luego a Santiago. De ahí La Rochelle. Más tarde Briançon. Luego Roma y vuelta a Poitiers. Pero no hubo fortuna. Continuó enganchado. Ya en 2019, nuevo intento. Siete meses caminando. Partió de Burdeos. Dos veces llegó a Santiago. Caminó de Ferrol a La Rochelle. Otro fracaso. En el 2020 la pandemia le sorprendió en Francia. Concretamente en el País Vasco francés. Estaba viviendo en la calle. Los policías lo detenían pero no podían obligarlo a volver a casa porque no tenía casa. Cuando la psicosis con el virus remitió caminó hacia Roma. Y de ahí a Poitiers. En el 2021 nuevo intento. Santiago, Roma, Santiago. Seis o siete meses. Y en el 2022 al fin logró desengancharse. Ahora sin embargo es adicto al alcohol. ¡Puedo jurarlo!
¡Demasiadas sensaciones! Así que decido entrar a la imponente iglesia de Santa María para relajarme. Al momento encuentro paz allí. Subo las escaleras y contemplo las estatuas de santos y a lo lejos el magnífico claustro. Vislumbro libros santos escritos en latín. En un momento dado me emociono y oro por David. También por terminar mi Camino. A esas horas, de repente, pareciera que los mensajes ya perdidos de santos y místicos llegaran a mis oídos con total nitidez. A esas horas diría que siento la presencia de Dios conmigo. Para eso trabajaron los hombres de hace siglos. Para que, hasta los más descreídos, tuvieran si lo desearan templos para dialogar con las divinidades. Encontrar desvelos a sus dudas. A estas alturas, me he convertido en un auténtico enamorado del arte románico español. Encuentro en las iglesias una paz que no hallo en el mundo. Cuanto menos gente las visita más valor encuentro en ellas.

Cuando salgo, David continúa bebiendo. Ahora por fin habla con fluidez. Hay una historia de maltrato detrás de su peregrinaje. Muchas esperanzas frustradas. Rotas. Su padre era muy autoritario. También violento. Le golpeaba cuando era niño. Hay también varios abortos detrás. Uno deseado. Otros dos debido a la decisión de sus compañeras. Hay romances que se rompieron por egoísmo mutuo. Esperanzas fracturadas. Una imposibilidad de forjar una vida en común o de integrarse en la sociedad. Hay abandono en la vida de David. Días enteros sin salir de casas perdidas enganchado a la heroína. También al opio. Si David está vivo es porque camina. Caminar es su salvoconducto.
En un momento dado de la tarde pierde el control. Me pide el móvil y pincha música. Le gustan los clásicos del blues. Sobre todo, John Lee Hooker. Tararea sus canciones como si estuviera en medio de un concierto Se pone a gritar en plena calle. Luego pincha a un grupo punk de Francia y baila en la plaza central de Los Arcos. En esos momentos me recuerda a un vagabundo. También a un muchacho alborotado. Al poco tiempo, se acerca a una chica y le dice que la ama. La muchacha lo mira como si fuera un marciano y me pide ayuda con la mirada. Yo se la devuelvo. ¿No será que el que necesita ayuda soy yo?

Por la noche recargo fuerzas tomando un humus de garbanzos y charlando con otros peregrinos. Hay tantas historias que vienen y van que no alcanzo a escribirlas todas. Coincido con un murciano que realizó hace varios años el Camino. Se lesionó en la etapa de Puente de la Reina. Se vio forzado a descansar dos o tres días y para no perder a sus compañeros decidió realizar esas etapas en autobús. Ahora, años después, está recuperando los kilómetros aquellos que no hizo a pie. ¡Bien por él!
En fin. No tardo en ir a la cama. Ayer tenía dudas de si David se cayó. Hoy no. No sé ni a qué hora entra. Sé, sí, que se tropieza y cae. Luego ronca sin descanso. El alcohol extrema sus ronquidos. Llegados a este límite ya ni puedo dormir. Me levanto. Salgo a un pasillo del albergue donde veo un colchón en medio de ninguna parte y me echo allí. En cualquier otra circunstancia, tal vez en este momento, habría acabado mi periplo con David pero con las condiciones actuales de mi pie izquierdo no tengo demasiadas opciones. Caminar junto a David puede asegurarme llegar a Santiago en la fecha prevista. Y ¿qué cojones? ¡La vida no es soledad. ¡La vida también es compañía! ¡Buena, mala y regular! Todos tenemos defectos. La existencia es una locura. Dios también estaba loco. Yo lo estoy. De momento, sigo vivo. ¡Veremos mañana! ¡Cada día en el Camino es un mundo, un Universo! Shalam
إن بعض الناس يستطيعون أن يكونوا واثقين من أنفسهم بسبب غبائهم فقط.
Es solo por su estupidez que algunos pueden estar tan seguros de sí mismos.






1imagen…amigo peregrino te hago un bordon a tu medida…vaya palo de avellano!!!….
2imagen…100litros de vinacho (degustacion de moka)…sonrisa…
3imagen…cada ventana una habitacion (recuerdo a joshep beuys con sus 7000 robles y 7000 piedras…las ventanas son las piedras…
4imagen….a mondeño (el torero-fraile) le vienen bien los tientos que se arrea a refugio de la barrera….
5imagen…confia en mi…te hago un palo puntero nada mas mirarte..
6imagen…puertas hacia los pasajes subterraneos del lugar…
7imagen…es una eleccion logica la de las 3 muchachas ya que en el campanario poco las dejaban pintar….
8imagen…hay que afanarse a buscar el tintorro que refuerza lo fisico y los espiritus….
9imagen…la madera parece en plena forma (el temple se esta deteriorando)….
10imagen…parece que el armario rojo de la cocacola sustituye a las fuentes-campanarios del camino…..
PD…https://www.youtube.com/watch?v=URs9GEGcn4E&list=RDURs9GEGcn4E&start_radio=1
a «mondeño» le gusta «my way» a mi me gusta paul anka….
1) Pura esencia española. Pura masculinidad. Virilidad. Dios griego. Hefestos. 2) ¡Bienvenidos los caballeros del vino! Desenvainen todos sus espadas en honor al licor. 3) Mundo remoto. No tan remoto. El santo Veremundo repartiendo bebidas y pan en otros tiempos. Casi se escuchan sus pasos. 4) Ojalá ser más fuerte y tener seis botellas y llenarlas todas y beberlas todas.5) Así y así y así. No es tan difícil. Si aprendiste a montar en bici, aprenderás a caminar con esta vara. 6) Si yo fuera pintor haría un retrato de David y su perro allí. 7) De nuevo el Toboso anunciándose en lontananza. Por allí van Quijote y Sancho. 8) El trabajo diario. Caminar, esperar a que abran el albergue, caminar. Peregrino eterno. 9) Los misterios de la fe más allá de la lógica. 10) Coca cola para los jóvenes amigos del Camino. ¡Viva el Capital! Bruja Avería. PD: gran interpretación. Elegante y chulería. Otro nivel la televisión de aquella época. Martini. Mad Men.