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Un camino. Día 23. (1)

Nov 11, 2025 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión al Camino de Santiago que recientemente realicé. En esta ocasión, me ocuparé del día 23. Pero lo haré en dos partes. Hoy abordaré la primera mitad de la jornada. Y en breve de la segunda. ¡Ahí voy!

Un camino. Día 23. (1)

El jueves 7 de agosto, los peregrinos y hospitaleros que nos encontramos en Arrés nos levantamos, como de costumbre, muy temprano. Se respira muy buen ambiente en el grupo. ¿Cómo he dicho? ¿He dicho grupo? ¿Tomás, David, Gavi y Alfonso (los dos maños) y yo somos un grupo? Realmente, no lo somos. Acabamos de conocernos. ¿Existen los grupos? Pero en cierto sentido lo parecemos. O tal vez sea mi imaginación. Puede que calificarnos así sea resultado de mi debilidad. He caminado durante 20 días solo y en el momento en el que me he encontrado a unos cuantos peregrinos no he podido evitar sentir una corriente de simpatía y unión. He querido creer, pensar, sentir que éramos un grupo. Pero ¿lo somos? ¿Quién lo sabe? En cualquier caso, no tardo en apartar esta idea de mi cabeza y, en cuanto tengo preparada la mochila, comienzo a caminar solo. ¿Qué es un grupo? Yo mismo soy mi grupo.

Como ya he explicado, no tengo tiempo que perder. Lo vuelvo a repetir. Debo llegar el 1 de septiembre a Santiago de Compostela y el 4 o 5 a Finisterre. A estas alturas, empiezo a ir con mucho retraso. Así que hoy he decidido realizar una etapa de prácticamente 40 kilómetros: Arrés-Undués de Lerda. No es el anterior en realidad el único motivo. La etapa más natural y equilibrada sería sin dudas Arres-Ruesta. 28 kms. Algo exigente pero, a estas alturas, llevadero. Lamentablemente, los hospitaleros de Arrés nos han comunicado que no habrá plazas durante varios días en el albergue de Ruesta. Si no me equivoco, el alojamiento (que no recibe exclusivamente peregrinos) se encuentra gestionado por una cooperativa que lo cedió bastantes años atrás a un sindicato anarquista (CGT) que de tanto en tanto recibe a colectivos que celebran eventos allí. En este caso, se llevará a cabo un Encuentro llamado «Ecorruralismo o barbarie» que reunirá a jóvenes activistas de Aragón comprometidos con el ecologismo social.

No poder alojarnos en Ruesta ha provocado todo tipo de comentarios entre mis compañeros y los hospitaleros en el desayuno. Los había que pensaban que era una descortesía a los peregrinos y que deberían dejar siempre algunas plazas libres para ellos. Básicamente, este inconveniente desestructura esta parte de la peregrinación a varios. Por ese motivo, teniendo en cuenta el calor y los kilómetros (40) que nos separan de Undués de Lerda, la mayoría deciden pernoctar en Artieda. Un pueblo que se encuentra a 18 kms de Arrés. Yo, a estas alturas de mi vida, no me quejo. Mi opinión no va a cambiar nada. Escucho las conversaciones, aprieto los dientes e intento recabar fuerzas. La etapa será dura.

El descanso me ha hecho bien y camino a un ritmo vertiginoso. Lo hago por senderos de tierra despejados que se encuentran junto a plantaciones de cereales. Pronto aparecen, al fondo, unas míticas estructuras geológicas. Las denominan badlands en una guía. Nombre con sabor a canción de Bruce Springsteen y a filme de Terrence Malick. No estaría mal buscar su equivalente en español. También aparecen unas pistas forestales que atravieso mirando de tanto en tanto con temor hacia el cielo. Más que nada porque lenta pero inexorablemente, el sol comienza a ejecutar su sentencia de muerte. Promete de nuevo realizar heridas profundas. Destrozar pieles y agotar conciencias.

Cerca del barranco Calcones discurre un curso de agua junto al que se encuentra una fuente donde a lo lejos vislumbro a David. El peregrino francés. El fue el primero en partir del albergue de Arrés. Lo hizo como suelen hacerlo los galos. En silencio, inadvertidamente. Una costumbre que se originó en la alta sociedad francesa del Siglo XVIII. Los nobles contemplaban como un signo de mala educación interrumpir una conversación para despedirse. Marcharse sin alaracas, sin pronunciar una sola palabra, era considerado una muestra de sumo respeto e interés por los allí presentes. Algo que los españoles no consideramos desde luego, del mismo modo. Para nosotros es más bien una costumbre antipática. ¡Cuántos malentendidos se han provocado entre franceses y españoles o también italianos por estas singulares despedidas! No debían, de todas formas, sentirse muy orgullosos los franceses con este calificativo puesto que, en cuanto se sintieron incriminados por el resto de naciones, a esa misma forma de abandonar una reunión no tardaron en calificarla sin reparos como «despedirse a la inglesa».

Saludo a David gastándole una broma. Le comento que me suena su cara y creo conocerle de algo. Pero en principio no capta bien lo que le digo. Puede que mi francés no sea el mejor. Aunque también creo que se debe a que David se encuentra en otra dimensión. Ha caminado demasiado. Es un auténtico peregrino. Vive caminando. Me mira de hecho con cierto recelo. Tal vez con sorpresa. Se asemeja a un gato en guardia. Estudia la situación. Me tantea. Pronuncia tres o cuatro frases con sequedad. Yo también guardo silencio. Nos olfateamos. Respondemos con evasivas. Pero de algún modo conectamos. Algo lógico. Los dos, al fin y al cabo, somos solitarios. Lo cierto es que parece que el destino nos ha unido y comenzamos a caminar juntos. Como el resto de peregrinos, él también va a detenerse en Artieda. Me invita a compartir una empanada y unas sardinas en sus calles. Yo debería seguir. Artieda me desvía un poco de mi ruta. Hay que realizar un ascenso para pasear por sus plazas. Pero finalmente decido hacer una pausa junto a David. Yo invitaré a los cafés y al pan.

El albergue de Artieda (una antigua abadía) se encuentra en una calle llamada ni más ni menos que Luis Buñuel junto a una iglesia románica y un mirador desde el que hay una vistas hermosas del duro y descarnado paisaje aragonés. David y yo hemos llegado demasiado temprano.  Tardan un buen rato en abrir y mientras, ambos dialogamos con calma.

No tardo en quedarme sorprendido. David es oriundo de Poitiers.  Yo viví en esa ciudad durante 6 meses. Meses muy duros. Fui allí para redactar una parte de mi tesis sobre Ernesto Sábato en francés. Me costó mucho integrarme. Siendo sinceros, nunca lo hice. El clima además era frío. Casi siempre amanecía nublado. Incluso en Francia los habitantes de Poitiers tienen fama de ser depresivos. Yo experimenté mucha soledad en esa ciudad que más de una vez maldije. Una soledad que me hizo entender aún más una corriente de pensamiento como el existencialismo. Jean Paul Sartre podía haber nacido en Poitiers. Haber situado a los personajes de A puerta cerrada en en esta ciudad norteña donde en ocasiones tuve la impresión de que yo era invisible. Un espíritu enfermo. Allí casi nadie se tocaba. Cualquiera podía suicidarse en cualquier momento. La vida era en cierto sentido un suicidio diario en Poitiers. Una bruma continua. En Poitiers, (vuelvo a citar a Sartre) el infierno eran los otros. Un amigo en esas condiciones era el más valioso regalo. Agua. Yo nunca tuve uno allí. No sé si David lo tuvo.

Creo haber dicho en otro avería que existe algo kármico en el Camino. El Camino de Santiago no es sólo una ruta religiosa. También es una vía mágica. Un recodo iniciático y de sanación. No considero que sea casualidad que nos encontremos con una u otra persona allí. Las personas que aparecen en el Camino son las que tenían que aparecer. No otras. Y están relacionadas con un aspecto de personalidad que podemos mejorar. Eso es lo importante. Porque el Camino siempre nos muestra posibilidades. No cierra puertas sino que abre nuevas y nos permite reabrir algunas del pasado que creíamos cerradas. De tanto en tanto, nos coloca delante ciertas heridas. Ciertas personas que nos remiten a sucesos del pasado. Mientras hablo con David pienso que tal vez pueda sanar algún día mi herida de Poitiers. Probablemente exageré yo mucho los hechos. Años más tarde disfruté mucho durante una semana en Burdeos. Continúo amando la cultura francesa.

Me comenta David que estudió filosofía durante dos años de su vida. No obstante, su escritor favorito es Miguel de Cervantes. No tiene móvil. Perdió el que tenía hace meses y no se ha molestado en conseguir uno. De tanto en tanto escribe sus reflexiones en el papel. En realidad, lleva peregrinando los últimos siete u ochos años. Ha estado en Santiago en once o doce ocasiones. Ha perdido la cuenta. Descansa no más de uno o dos meses cada temporada. Durante mucho tiempo viajó junto a su perro. Durmió en ermitas, al aire libre, en territorios baldíos, en campos yermos, junto a arroyos. Aquel animal era su gran amigo. El amigo francés que nunca tuvo. Cuando murió, David adelgazó diez kilos y comenzó a emborracharse diariamente. Sufrió una enorme crisis que ha atravesado caminando. Sin cesar de caminar. Tengo la impresión de que David no podría vivir sin caminar. Que él es ya no es un caminante sino el camino.

Obviamente, estoy disfrutando mucho de la charla y compañía de David. Querría quedarme junto a él. Pero aún debo caminar más de 20 kilómetros. Aparece de repente Alfonso, uno de los agradables peregrinos maños, y entiendo que es el momento de partir.  El sol luce peligroso en los cielos. Las despedidas nunca son fáciles. Me levanto, agarro mi mochila, choco mis manos con David y casi que lo abrazo. Por si queda claro, no soporto las despedidas a la francesa.

Tengo la sensación de que nunca olvidaré a David. Su presencia me ha marcado. Durante unos minutos vuelvo a debatirme conmigo mismo. ¿Me voy o me quedo? Son días de fiesta en Artieda. Esa noche habrá verbena en el pueblo. El ambiente es familiar. Acogedor. Pero corro el riesgo de no llegar a Santiago el día deseado. Lucho conmigo mismo. Yo comencé el Camino solo y lo terminaré solo. Así que ahora desciendo por Artieda sin mirar atrás. A lo lejos, eso sí, veo a dos peregrinos acercarse al pueblo. Muy a lo lejos. Probablemente sean Gavi (el otro maño) y Tomás (el valenciano). No puedo evitar sentirme triste al contemplar sus siluetas. ¿Los veré otra vez? Pero debo seguir mi camino. Cada uno tiene el suyo. Este es el mío. Mi camino. Ni mejor ni peor que el de otro. Simplemente eso. Mi camino. ¿Qué es un grupo? Shalam

م يكتب أحد على الإطلاق، أو يرسم، أو ينحت، أو يصنع نموذجًا، أو يبني، أو يخترع أي شيء، إلا للخروج من الجحيم حرفيًا.

Nadie ha escrito, pintado, esculpido, modelado, construido o inventado nunca, excepto literalmente para salir del infierno.

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….ni en lo alto ni en lo bajo pueblo a la mitad aprox….
    2imagen…campamentos de la o.j.e. que en paz descanse….
    3imagen…el fondo de un lago…..
    4imagen….peluqueria africa (el dueño es brian may, jajajjj)…
    5imagen…en este muro luis buñuel habria puesto una gendarmeria…….
    6imagen…el carrillo para el que cobra…las sillas para los acompañantes y el carrusel (tiomuerto)….localizacion: la plaza del ayuntamiento….
    7imagen…el fondo del lago donde vivian cocodrillos……
    PD…jimmy durante…young a theart…1954…durante es un genio si señor…….
    https://www.youtube.com/watch?v=RwKVDiuhId8&list=RDRwKVDiuhId8&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Así es. Pero se hace duro subirlo en agosto cuando empiezan a rondar los 30 grados. jajaja. 2) Boys scouts de la ecología. Ahora el arte, la sociedad, todo es ecología. El planeta será destruido por los cuidados de los ecologistas. ja. 3) Unas escenas de un filme típicamente filosófico de Terrence Malick. 4) Relaciones diplomáticas. Antes había una carrera que se llamaba de modo parecido. Hipocresía al cuadrado. El dinero no huele..jja.. Brian May lo sabe. 5) o tal vez Buñuel habría puesto un convento. 6) Una fotografía y escena que podría aparecer en una novela de Proust. La noria es muy de Marcel Proust. Por la noria no pasa el tiempo. Todos los niños están siempre en una noria. 7) Don Quijote y Sancho recorren La Mancha camino al palacio de los duques. Sancho tendrá su ínsula. PD: a decir verdad.. no conozco a Jimmy Durante pero esa voz suena personal y auténtica.. la voz de alguien que ha vivido más a su manera que Sinatra…ja

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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