Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión al Camino de Santiago que recientemente realicé. En esta ocasión, me ocuparé del día 22. ¡Ahí voy!
Un Camino. Día 22.
El miércoles 6 de agosto me despierto pronto para escribir en avería. No tardo en comprobar que el atlético noruego ya ha desaparecido. No me extraña. Su disciplina era casi militar. A su ritmo, llegará a Santiago más de una semana antes de que acabe el mes. En los instantes previos a dormir, entreví desde mi litera cómo ajustaba su despertador. Puede que a las 5 ya estuviera en marcha. La chica alemana también está en pie. Se encuentra en esos momentos organizando su mochila para partir. Ambos, estoy seguro, completarán su ruta sin problemas.

No puedo evitar, eso sí, preguntarme si ambos conocerán los motivos por los que se inició la peregrinación a Santiago: el descubrimiento en un mausoleo abandonado de Iria Flavia (Galicia) del sepulcro del apóstol Santiago. Un discípulo de Cristo por el que había auténtica devoción en Asturias en el siglo VIII. Existía la creencia de que él había sido encargado de hacer penetrar el mensaje de Cristo en la Península Ibérica. Nadie podía demostrarlo. No había huellas, manuscritos o referencias claras al respecto. Pero la fe en la evangelización llevada a cabo por Santiago era inexpugnable. Había crecido y se había insertado de tal modo en las clases populares que Santiago era más que un mito. Era una presencia viva y floreciente en el imaginario hispánico en cuyo manto se protegían el vulgo, los nobles y los religiosos. Su culto, de hecho, no había disminuido con el tiempo sino se había hecho más fuerte a medida que los ejércitos islámicos se extendían a paso firme por territorios visigodos que en su mayoría pasaron a formar parte del augural, por momentos proteico, reino de Al-Andalus.
Asediados por el Islam, en franca desventaja, sabiéndose más débiles, los próceres asturianos recibieron con alborozo, casi como un boca a boca, el descubrimiento del mausoleo de Santiago. El rey Alfonso II el Casto no dudó un solo momento en preparar sus aparejos, atizar caballos y súbditos y viajar desde Oviedo a ver la tumba del apóstol. Un viaje (que actualmente es remedado por cientos de peregrinos que se animan a transitar por el duro, rocoso Camino Primitivo) de inmensa fuerza simbólica que se considera la primera peregrinación a un lugar que con el tiempo devendría santo. Faro de Europa. Punto de reunión y confluencia de cristianos de medio mundo. Plaza especular de la historia occidental.

Me gustaría escribir algún día sobre ese viaje que en gran medida cambió la faz de Europa en posteriores siglos e insufló fuerzas a los cristianos durante la Reconquista. Los esfuerzos de los jinetes, los obstáculos montañosos que superaron, el sudor del monarca. Hoy, desde luego, no podré hacerlo. Cuando voy a encender la luz del comedor, una voz sobria y tranquila, también sensible, me interpela. ¿Quién me habla? ¿De dónde surgen estas palabras? No tardo en caer en la cuenta de que se trata de un peregrino recostado en un sofá. Un francés, David, de 52 años que, al parecer, llegó ayer al albergue rozando la medianoche. Al igual que Tomás, David comenzó a caminar desde Somport. ¡Ni más ni menos que 50 kilómetros al cuerpo! ¿Y pensaba yo que estaba loco?
Nunca dejarán de sorprenderme las epopeyas de los peregrinos. Las hay de todo tipo. Pero no tardo en comprender que la de David es intensa e inmensa. Lleva viajando desde el 4 de enero. Ha realizado gran parte de la vía Francígena y la franciscana por Italia. También ha llegado a Santiago a través de la Costa Brava y el Camino del norte. Ahora no sabe bien qué hacer. Está pensando en regresar a Francia. Concretamente, al norte para participar en la vendimia y conseguir más dinero para continuar su peregrinaje. Aunque parezca lo contrario, David es un hombre introvertido, silencioso. Me comenta, sí, su periplo con tranquilidad mientras desayunamos junto a Tomás y la hospitalera pero se toma su tiempo para hacerlo. Habla en voz baja con la voz reposada, seca y suave de ciertos franceses. Resulta, de hecho, difícil escucharle puesto que utiliza un tono muy bajo. Un poco como Vito Corleone en El padrino. En cierto sentido, cuando dialoga pareciera estar tomando una copa de vino. Lo hace con elegancia, esa elegancia natural de los galos, aunque transmite también cierta zozobra y soledad que me resultan inquietantes y atractivas. Hay una novela de Albert Camus en su interior.
Tanto Tomás como David piensan dormir en Arrés. Tomás no está para grandes aventuras debido a las heridas de sus pies y David (que luce delgado pero fibroso y fuerte) porque llegó a la medianoche del día anterior. Una verdadera maratón. Yo me inclino también por pernoctar allí por una razón muy clara. He leído que el albergue de Arrés es un mágico cónclave del Camino aragonés. Un emplazamiento con solera. Un pata negra, vaya. Así que aunque caminar tan sólo 10 kms volverá a alejarme de mi objetivo (llegar a Santiago de Compostela el 1 de septiembre) decido ir tranquilo y disfrutar de los distintos recovecos y senderos del Camino. Como se suele decir, ¡Dios proveerá! Si tengo que ir al límite ya lo haré en el momento que sea necesario.
Esto es algo que, a estas alturas, tengo claro. El Camino hay que hacerlo tranquilo, despacio. No merece la pena apresurarse. De vez en cuando es necesaria una maratón. Lo pide el alma. Pero a no ser que tengamos problemas de tiempo por alguna ocupación el Camino se hace precisamente para dejar de lado el tiempo. Asesinarlo. Olvidarlo y dedicarse a conocer. Comprender. El paisaje exterior como reflejo del interno. Un proceso alquímico, casi de fusión de almas, que tenían muy claro muchos de los peregrinos con los que coincidí hace varias décadas. No sé sin embargo si actualmente esta conciencia se encuentra tan extendida. A veces hay que recordar que el Camino no es una competición. No hay medallas ni premios por llegar antes o recorrer más kilómetros. Sí es, desde luego, un desafío. Un desafío personal de amplia magnitud que siempre nos pone a prueba.
Tomás y David se marchan. Yo me tomo mi tiempo para hacerlo. Intento escribir. Abro la computadora. Respiro. Escribo varias frases. Leo algún pasaje del Viaje a la Alcarria de Cela. No obstante, la hospitalera me invita a dejar al albergue. Hay que salir a las 10. Cada vez veo más difícil compaginar la escritura con el Camino. Pero todavía no me rindo. ¡Ya lo haré! De momento vuelvo a caminar solo. Una sensación maravillosa. Más sabiendo que hoy la jornada no es físicamente agotadora. Compruebo, eso sí, pronto que me encuentro en una ruta mucho más transitada que las del Camino Catalán porque junto al río Aragón no tardo en darme de bruces con un atractivo paisaje pétreo. Los peregrinos han utilizado los cantos rodados para crear estructuras verticales realmente llamativas. Se percibe que en este caso muchas de ellas han sido colocadas de este modo por motivos artísticos, decorativos o recreativos pero el significado simbólico de las piedras en el Camino es muy importante. Los peregrinos suelen depositar una piedra sobre los mojones que anuncian los kilómetros que nos faltan con la que intentan liberarse de las cargas emocionales y espirituales que arrastran consigo. La peregrinación ha de ayudarnos a caminar más ligeros. Todas juntas forman una especie de oración colectiva, un bálsamo expiatorio que dota de más misticismo a este peregrinaje.
En otros siglos, eso sí, cumplían otra función. Las piedras eran utilizadas por los peregrinos como guías de orientación en zonas complicadas sin apenas señalización. La mitología del Camino nos dice también que cada peregrino llevaba consigo una piedra para contribuir a la edificación de los templos cristianos. Una leyenda que resulta por lo menos sugerente.

Yo de momento no tengo nada que soltar. Me quedan cientos de kilómetros por delante. Ya lo haré a su tiempo. De hecho, a pesar de las dificultades que he atravesado, aún estoy fresco. Así que me entretengo contemplando los cantos como si fueran una especie de improvisadas obras de arte dadaístas. Arte popular.
Pronto llego a la falda del monte Samitier y asciendo por un paraje verdoso, boscoso, lleno de profundidad, por el que puedo imaginar a viejos labradores y guerreros transitando siglos atrás, cuya dificultad va poco a poco cediendo y termina por hacerme desembocar en Arrés. Un pueblo montañoso, que parece sumergido en un tiempo mítico, anclado en un recodo ancestral que lo conecta con territorios sumergidos en el olvido. Al momento se percibe que posee una una fuerza telúrica que probablemente insuflaba carácter y vigor a los labriegos de antaño.
La tarde en Arrés será esplendorosa. Tranquila y esplendorosa. Porque aquí no parece pasar el tiempo. Las horas transcurren despacio. Los perros parecen ser los mismos perros de siempre y el cielo no haberse movido ni un solo instante. Por eso mismo, los acontecimientos se suceden con fluidez. De repente, llegan dos peregrinos. Dos maños. Alfonso y Gavi. Han hecho diversos tramos del Camino a lo largo de su vida pero no el aragonés. Ha llegado su momento. Se integran armónicamente con el lugar. David, por otra parte, ha ido con el hospitalero a un núcleo urbano cercano a comprar los ingredientes de la paella que cenaremos a la noche. Mientras tanto, la otra hospitalera (una chica muy amable y extrovertida de origen coreano y nacida en España) escucha a Tomás hablar sobre sus problemas. Proyectos que inició para crear albergues de acogida a necesitados que fueron desechados por los políticos valencianos. Su inquietud por el futuro. Su corazón sigue a carne viva.
También aparece Chose. El responsable tanto del albergue de Santa Cilia como del de Arrés. Aunque este último es considerado un hospital. Ambos centros funcionan con donativos. Las cenas y los desayunos que ofrecen se pagan con las aportaciones voluntarias de los peregrinos. También deberían costearse con los donativos las diversas facturas. Algo que no todos los caminantes comprenden.
Chose no duda en preguntarme si deseo ser hospitalero. Un hospitalero voluntario. (HOSVOL). Una cuestión un tanto prematura. No lo había pensado. Bastante tengo con seguir caminando. Pero, desde luego, me interesa que me explique cómo es posible lograrlo. Si no me equivoco, el albergue de Arrés (y unos cuantos más) se encuentra integrado en la Federación de Asociación de Amigos del Camino de Santiago(FEAACS). Cada año, durante un fin de semana, en una ciudad de España a determinar, se imparte un curso de formación a futuros hospitaleros. Personas que han hecho previamente el Camino. Luego, todos ellos se anotan en una lista y, según las necesidades y disponibilidad de cada centro son llamados a ejercer durante dos semanas (no más) su vocación. Los gastos de la estancia y del viaje corren por su cuenta aunque lógicamente pueden alimentarse y dormir gratuitamente. Es una manera, según se dice, con la que pueden devolver al Camino todo lo que les dio. Algo, a mi entender, muy de agradecer.
Existen, desde luego, enormes diferencias entre los hospitaleros y los funcionarios a cargo de muchos albergues. Estos últimos simplemente nos abren la puerta, nos informan cómo funciona el lugar y se marchan. En el mejor de los casos, practican cierta amabilidad. Los primeros sin embargo suelen recibirnos con un abrazo y pronto, empatizan con nuestros problemas. Se convierten rápidamente en hermanos. Nos dan ánimos. No caminan. Pero nos acompañan en el alma. Forman parte de nuestro viaje. Queda cursi, lo sé, pero son los ángeles del Camino. Dan sentido al quijotesco empeño de los peregrinos. Fuerza.
Este es el caso de los dos que se encuentran en Arrés. Uno de ellos, Antonio, un extremeño fornido, nos invita a contemplar la iglesia del pueblo. La de Santa Águeda. Es una experiencia mágica tener el templo a nuestra disposición. Me llama la atención el hecho de que la pila bautismal se encontrara oculta en la antigua abadía. El motivo era claro. Que los musulmanes no supieran que allí se bautizaba a los niños.

Luego visitamos la Torre del Conde donde contemplamos una exposición fotográfica sobre la progresiva edificación de este albergue inaugurado a principios de siglo. Un edificio cedido por el ayuntamiento de Bailó que un grupo de aguerridos voluntarios ayudados por unos cuantos habitantes del pueblo y animados fervorosamente por el párroco de Grañón, José Ignacio Díaz, (el fundador de HOSVOL) se encargaron, contra viento y marea, de equipar y rehabilitar hasta convertirlo en el templo de piedra, foco de resistencia espiritual de los peregrinos, que hoy en día es.

Las horas parecen no pasar por Arrés. Pero aún así, la noche llega. La luna comienza a girar sobre un cielo abierto y transparente que parece acogernos. Al fondo, los Pirineos aparecen como una presencia liviana y segura. Promesa de civilización, de cruces constantes de caminos y experiencias. Llegó el momento de cenar. Tomás ha vuelto a ocuparse de la paella. Una paella deliciosa que combinamos con una ensalada.
El momento es esplendoroso. Todos hablamos armónicamente sobre diversos temas. Como se hacía antes. Como se hizo siempre. Al calor de los alimentos. Cerca del lecho. Sin juzgar. Tan sólo con la intención de compartir. Así que pronto se crea un sentimiento de comunidad. Yo no hablo demasiado pero, de repente, siento que formo parte de algo que me trasciende. Una ruta milenaria. Un momento que comparto con personas que un día o dos atrás no conocía y ahora me son sumamente familiares. Comprendo, ahora sí, que estoy acompañado. En compañía de verdaderos peregrinos. Antes también lo estuve pero quienes cenaban no eran viajeros. Eran oriundos de los lugares que visitaba. Cada uno de esos pueblos ya se encuentra en mi alma pero allí era yo el forastero. El único andariego. Ahora no. Me queda claro conforme la noche avanza. Una noche que se hace cada vez más negra y profunda aunque las horas siguen sin desvanecerse. Las conversaciones se suceden y la vida es eterna. Al fondo, ya sólo al fondo, mi deseo de llegar a Santiago. A Santiago de Compostela. Un deseo que ya es lo de menos. Lo que importa, decía Kavafis, es el viaje. No llegar a Ítaca.

Antes de acostarme junto a los demás peregrinos, tomo conciencia de un hecho. Desde que falleció Susana no he dormido, salvo excepciones, con nadie. Durante una estancia en Essaouira, una alemana que se alojaba en una habitación contigua al Riad en el que me albergaba, me comentó entre risas que solía yo hablar en voz alta por las noches. Desconozco si sigo haciéndolo. Tampoco sé si ronco. Nadie me dice si lo hago o no. Así que no puedo evitar acostarme con recelo. ¿Roncaré, hablaré, molestaré a mis compañeros? ¿Tendré que disculparme? ¿Podrán dormir quienes me rodean?
Mis temores saltan por los aires en el momento en que entro en la habitación. David, el francés, ronca como si no hubiera mañana. Gavi, el maño, también lo hace. Sin embargo, no me siento mal por ello. Es sano convivir con otras personas. Seres humanos. En cierto modo, es una medicina para nuestros temores. Hay quien ronca, quien emite gases, quien se despereza. Obviamente, tras tres o cuatro horas, la habitación no huele a rosas. No nos vamos a engañar. Huele mal. Pero no importa. El camino también es una lección de convivencia. Nadie es perfecto. ¿Estaba yo preocupado por si hablaba entre sueños? ¡Ya da igual! ¡Importa que mañana amanecerá y que volveremos a caminar! Eso es lo que importa. ¡Que el Camino continúa!. ¡Que habrá nuevos senderos! Shalam
تعامل مع العمل الفني كما لو كان أميرًا: دعه يتحدث إليك أولًا.
Trata una obra de arte como un príncipe: deja que te hable primero






1imagen…art land rodeando al zurron (cascara)…..
2imagen….guia repsol del s.X…….(la via lactea..buñuel…1969)…
3imagen….rey con un vestido muy sexy (y si fuese una reina, gran modelo christian dior s.a.)
4imagen….han salido a por uvas….. hay uvas para todos, sonrisa…….
5imagen….art land rodendo al zurron (entre la primera y la quinta elijo la quinta)…ok, pues cogela con el tizne de la hoguera y llevatela…..
6imagen…chimeneas art brut con t.v. (el signo de los tiempos)….
7imagen….demasiado oropel para la actualidad (nostalgia)….
8imagen….demasiado negocio con las almas….
9imagen…literas en el pabellon de instruccion en el cuartel de instruccion de cualquier ciudad con ejercito…. a sus ordenes….
PD…las uvas de la ira 1940…alfred newman….
https://www.youtube.com/watch?v=bEXOnU-vPN0
1) Un insecto grande mirando con agrado a sus hijos y sobrinos aún pequeños. Van por buen camino..jaja.. 2) Reyes, mendigos y peregrinos primitivos. Mural a colocar en cada uno de los albergues del Camino. ¡Esa es la tradición a la que te acoges! 3) Pase de modelos de vestidos reales. Hay una disputa entre el rey Alfonso y Arturo por el trono. 4) Hay vino seguro en el país. Se brindará por el paso de los días y las estaciones. Eric Rohmer brindará desde su tumba. Que siga la fiesta. 5) A unas cuantas de esas piedras se les podría poner un vestido de mujer y pasarían por señoras gordas de Botero. 6) Una réplica románica de la futura aldea de los pitufos..jaja o art brut… 7) Esta foto no le hace justicia. La saqué de una página web. En realidad, está mucho más oscurecida y antigua en el mejor sentido de la palabra. Podría aparecer precisamente en Nostalgia. 8) Barricada peregrina. 9) Bien visto. Ejército militar. Durante un tiempo se decía que el Camino era el sustituto del servicio militar. PD: me encontré esto por ahí. No es Bowie sino la IA. Miedo da lo que es capaz de hacer una computadora. Juegos sin fronteras.
https://www.youtube.com/watch?v=dqF74Xllqc4&list=RDdqF74Xllqc4&start_radio=1