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Un camino. Día 2.

Jul 20, 2025 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a contar mis sensaciones y experiencias en el Camino de Santiago. En esta ocasión, hablaré del segundo día.

Un camino. Día 2.

Despierto en Ullastrell. Al pueblo también se le conoce como Ustrell. Apellido de una de las familias más antiguas de Cataluña. Según leo en internet, «Ustrell» procede del latín ustus que significa «fuerte» o «valiente». No estoy seguro pero es más que probable que el nombre del pueblo tenga que ver con el linaje de una familia a la que se le debe la célebre Torre de Ustrell. Un clan que desde la Alta Edad Media dejó su sello allí por donde iba y especialmente en esta región. Puedo imaginar perfectamente a varios de los caballeros de esta familia protagonizando algunas de las aventuras de El guerrero del Antifaz (es más que probable que su creador, Manuel Gago, conociera este linaje) o inspirando romances y narraciones heroicas.

Tengo la impresión de que el camarero (un muchacho con aspecto bohemio) que me da las llaves e imprime el sello del peregrino en un bar cercano al ayuntamiento debe encontrarse completamente ajeno a la historia de los Ustrell. También desconocidos para mí (he de reconocerlo) hasta mi llegada a esta localidad. Es más probable que el joven conozca a The Strokes que a los hipotéticos fundadores de su lugar de nacimiento.

Como dije unos días atrás, mi idea era llegar al monasterio de Montserrat el tercer día de Camino. Pero como no había albergues de peregrinos en San Cugat opté por dirigirme hacia Ullastrell. Tampoco hay ningún espacio para caminantes en Esparraguera. Así que, como voy con adelanto, decido pasar un día descansando en esta población enmarcada en plena sierra de Montserrat. Además, tengo que realizar algunas llamadas para resolver ciertos temas personales y mi idea sigue siendo escribir un diario sobre el Camino. También entiendo que la mejor opción es darme esta pausa para evitar lesiones. Celebro mi decisión comiendo un fuet con aceite y pan. Un plato que me sabe a gloria en la sierra.

Hace 30 años, durante mi primera experiencia de peregrinaje a Santiago, tenía claro que no haría descanso alguno. Era muy joven y muy obstinado. Pensaba que debía cumplir las fechas previstas a rajatabla. Por eso mismo me llamó mucho la atención una conversación que tuve con varios señores de mediana edad que también estaban haciendo por aquellos días el peregrinaje. Uno de aquellos caballeros me dijo que solían parar de tanto en tanto. Cuando lo consideraban, se relajaban más de un día en los albergues sin remordimiento alguno. Me explicaron que precisamente hacían el Camino para combatir el estrés de sus vidas laborales. No se trataba de convertir esta ruta en otro motivo más para hacer crecer la ansiedad. Así que caminaban a su aire, sin prisa alguna.

He de reconocer que aquellas palabras me sorprendieron y me parecieron sabias. Por aquel entonces, como he dicho, yo no concebía un solo descanso en la meta de llegar a Santiago. Treinta años después tengo una fecha aproximada para llegar al destino final pero no me obsesiona hacer la ruta en más o menos días. Es algo que ya no me importa. El Camino no es una competición. Implica sacrificio y tesón. Pero no es una meta. Siento ser cursi, pero la meta es el precisamente el propio camino. Una vía para interiorizar, comprender, aprender, observar, crecer. En esta ocasión deseo impregnarme del olor de las iglesias, el silencio de algunos conventos y albergues, los sonidos de la naturaleza. Hay un misterio en el Camino y deseo hacerme uno con él.

Debo reconocer de todas formas que estoy bastante de acuerdo con unas célebres palabras del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. A estas alturas, son de dominio público. Los ciudadanos del Siglo XXI nos auto explotamos más que lo haría una fábrica en el siglo XIX. Los ritmos del capitalismo han convertido el descanso en ocio y el ocio en una imposición, en trabajo. Actualmente, las vías para llegar a Santiago son accesorias para muchos. Lo más importante es conseguir la Compostelana. El título. Pero creo que peregrinar hacia Santiago debería ser diferente. Es cierto que yo mismo me he auto impuesto caminar y escribir. Tal vez soy un ejemplo viviente más de aquello que sugieres Byung-Chul. Pero entiendo que esa es mi manera de profundizar en este viaje. Una forma de vivir. Ayer mismo leí unas frases de un joven Vargas Llosa sobre el oficio de escribir en las que aseguraba que cualquier trabajo que realizara en su vida tendría como destino siempre la literatura. Yo al menos tengo claro que si no pudiera escribirlo no haría este viaje. En mi caso particular no hay viaje sin literatura ni literatura sin viaje.

Habría, por supuesto, una serie de objeciones que hacer a las reflexiones de Byung-Chul Han pero no quiero entrar en ellas. El silencio mientras camino por Ullastrell habla por sí mismo. Uno de mis anhelos sería tener una vejez tranquila. Alejada lo más posible de médicos hasta que llegue la hora final. Caminar y descansar son, entiendo, buenos nutrientes para vivir esa etapa de la vida con serenidad. El mundo posmoderno queda ahora un poco lejos para mí. Más me interesa, por ejemplo, una historia que no hace mucho salió a la luz. La existencia de una colonia de niños en las inmediaciones del pueblo durante la Guerra Civil. Un descubrimiento reciente que merece una novela. Hay testimonios, por ejemplo, de campesinos quejándose porque los rapaces se metían en sus huertos y robaban fruta. Infantes alejados de sus familias que tal vez ignoraban el peligro que corrían y se vieron obligados a vivir una experiencia salvaje que los marcaría para siempre.

El jueves, por tanto, lo paso en Ullastrell. Un pueblo que no tomó la forma que actualmente tiene hasta el siglo XIX en el que hay censados poco más de 2000 habitantes. Lo que explica el que, tal y como me cuenta el muchacho del bar, en una ocasión robaran un patinete y se armara la de Dios en Cristo.

Desde la Edad Media, eso sí, hubo una iglesia parroquial que atrajo a los habitantes de alrededor desde las Masías. Obviamente, durante siglos la actividad agrícola era la más importante aquí. Se puede uno imaginar a algunos paisajistas catalanes inspirándose para sus obras en localidades como ésta. Aunque la población conserva su aire tradicional y algunos de sus habitantes se siguen dedicando a las actividades ancestrales tanto la industrialización como la globalización han ido apartando a los campesinos de las tierras y convirtiendo algunas de sus calles en zonas residenciales. Urbanizaciones de recreo y descanso. Muchos de los habitantes de Ullastrell, de hecho, se desplazan a Terrassa u a otras localidades para trabajar. El signo de los tiempos, que diría Prince.

Termino el día hablando con un amigo. No sé si es por la magia que desprende esta aventura pero logramos conectar de un modo íntimo y humano como pocas veces lo hemos hecho en los últimos años. Cuando termino la conversación me siento lleno. No suele eso ocurrir en muchas ocasiones en nuestro mundo cotidiano. La mayoría de conversaciones nos aíslan aún más. Muchas son frustrantes. Algunas no pasan de la supervivencia. Es mejor, desde luego, guardar silencio para eso.

Antes de  dormirme,  leo con sumo interés la Bendición del Peregrino que luce en el reverso de la  Credencial. La misma pertenece al capítulo XVII del libro I del Codex Calixtinus. Un códice del siglo XII custodiado actualmente en la biblioteca de la Catedral de Santiago cuyo nombre hace referencia al Papa Calixto II. Una figura esencial en la historia de la peregrinación a la ciudad gallega. Puesto que fue el responsable de la instauración del año santo jacobeo (cada vez que el 25 de julio coincida en domingo) y el consiguiente Jubileo. Una indulgencia plenaria concedida a los peregrinos que llegaran a la tumba del Apóstol en año Jacobeo.

Creo que para cualquier peregrino (como cualquier ser humano) es esencial saberse parte de una historia trascendente que lo supera. Por eso la posmodernidad y la tecnología pueden llegar a ser tan nocivas. El códice cumple perfectamente esta función. Hace mención a decenas de viajeros de todas las procedencias que no dudan en viajar a Santiago y por cierto, ataca a su vez a ciertas profesiones crecidas al calor del arraigo de la peregrinación: barqueros, mesoneros, cambistas, etc. Algo que nos sugiere que muchos de los males de los que acusamos al capitalismo no son tanto del sistema como de la propia naturaleza de los seres humanos. Shalam

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2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…la vegetacion esta dentro (al pie de la letra) de las casas del pueblo o la vegetacion fue podada para hacer las casas…..
    2imagen…hasta los leones me atacan y los africanos comen capitanes truenos como dijo trump que los imigrantes latinos comian perros por la calle…..
    3imagen…ovni encima de la ladera, mañana hara viento (nube rosa)…..
    4imagen…labio superior acorazonado (sin cerrar en el feto)….
    5imagen….los obreros que hicieron esta construccion se autoexplotaron?…o lo hicieron por ocio impuesto…
    6imagen…la montaña de cezanne (santa victoria)…obsesion….
    7imagen…homenaje a manuel vazquez gallego (historietista)….
    PD…para las fiestas de los pueblos compañya electrica dharma…
    pueblos catalans…ajajajjj….
    https://www.youtube.com/watch?v=zCCo198z1s0

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Fotografía tomada por un paisajista catalán para realizar un futuro cuadro. 2) Acción total. La Netflix de la época. Stallone se impuso al Guerrero del Antifaz pero nadie ha sacado al Guerrero de nuestra memoria. 3) Ahí está un primo hermano del humo negro de Lost. Los perdidos en la isla sorprendidos al verlo. 4) Cara de interesante que sabe más que tú y que yo. Tan perdido como todos. 5) La Guerra civil como inspiración para realizar la novela El señor de las moscas. Todo el mundo se auto explota. Respirar ya es servir. Jajajaja.. 6) Ahí podría desarrollarse un drama a lo Madame Bovary. 7) El viejo Anacleto haciendo las delicias de la iglesia. PD: buenísimos. No los conocía. Unen la tradición catalana con la vanguardia.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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