Los arcones
Hay libros de los que recuerdo gozosamente tanto su argumento como el estilo del escritor. Si las palabras se abrían sinuosamente y reptaban o...
Pienso, sí, que la explicación a este hecho se encuentra aquí. Porque si los ciudadanos perdieran el acceso a ese mundo de infinitas posibilidades que les propone Internet, (al que se pueden conectar en ocasiones sin pagar un euro a través de conexiones piratas), se darían de bruces con la dura realidad y es muy probable que intentaran obstaculizar el poder. Desobedecerlo, frenarlo y resistir. En este sentido, Internet es un arma de doble filo -no sólo para el poder sino también para los ciudadanos-. Pues si lo prohíben y le ponen trabas, (algo que si fuera por ellos ya habrían hecho hace mucho tiempo) se arriesgan a una rebelión nunca antes vista pero si continúan sin legislarlo, saben que la llama de la discordia puede brotar allí. Y que sin dudas, será un medio esencial para la comunicación de los sublevados. Por lo que, en este caso, tienen los dedos pillados.
Otra pregunta que se me ocurre a raíz de este tema es la siguiente: ¿En qué medida el actual apasionamiento de los universitarios y clases medias por las series televisivas es casual o no? Mi respuesta es que, en ninguna medida. ¿Por qué? Porque, teniendo en cuenta que cada vez hay más y más millones de parados por el mundo, no se me ocurre un producto mejor que las largas y complejas series televisivas de alta calidad (la mayoría de ellas descargables gratuitamente en Internet) para conseguir los objetivos del poder: que los ciudadanos con problemas económicos no salgan a las calles. Un hecho que nos anuncia lo lejos que estamos de una verdadera revolución. Y lo difícil que será en el futuro que los ciudadanos tengan voz y voto a no ser, claro, que los hábitos de consumo se modifiquen y se produzca un cambio de conciencia general que logre que el monstruo que nos vigila, termine por caerse por sí mismo al suelo. Shalam
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