Una bestia
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado a un futbolista parecido a un salvaje guerrero, a una bestia, a un animal: Hristo Stoichkov....
No puedo estar más de acuerdo. Los equipos que han pasado a la historia pocas veces lo han hecho por sus figuras. La mayoría han conquistado la gloria gracias a su sacrificio. Para que un jugador marque un gol, ha de haber generalmente otro que le de un pase. Un asistente. En este sentido, la asistencia es un arte tan admirable como el del gol. Desde luego, habla muy bien de la concepción del juego y de la vida de quien la ejecuta. Los goleadores suelen ser egoístas e irreflexivos. Ganadores natos. Pero los asistentes tienden a ser mucho más inteligentes y meditativos. Mucho más equilibrados. Son conscientes de que para que ellos triunfen, necesitan hacerlo también los demás. Y tienden a ser generosos y gozar además de un agudo sentido crítico. Las declaraciones de Juan Román Riquelme, Xavi Hernández, Pirlo, Caminero o incluso de alguien tan tímido y parco en palabras como Juan Carlos Valerón siempre venían cargadas de perspicacia y agudeza; de inteligencia pura. Porque si el delantero por lo general no tiene más que sortear que a uno y dos defensas y al portero, el organizador y asistente suele encontrarse muros aparentemente irrompibles de piernas frente a él. Está obligado por tanto a utilizar el cerebro casi más que su físico para sobrevivir. No sólo vive de sus técnica sino de su mente la cual debe forzar al límite para lograr encontrar huecos y espacios donde aparentemente no existen ni aparecen.
Hay algo que las personas que no le gusta el fútbol (o el deporte en general), no comprenden: que los equipos son empresas; colmenas; experimentos sociales. Y si se los analiza bien, es posible entender mejor la naturaleza del ser humano. La diferencia entre un goleador y un asistente suele ser que el primero tiende a creer que el resto de sus compañeros dependen de él. Por eso hay entrenadores que, jugando a ser psicólogos, engrandecen su ego para darles confianza ante el golpe certero y final. Y, por el contrario, el segundo sabe que él depende de sus compañeros tanto como ellos de él. Y, por consiguiente, tiende a tomar las decisiones en función del grupo y no de su ego. Están acostumbrados a medir y estudiar a sus compañeros y rivales y ponerse a ellos y sus aspiraciones personales en segundo plano. Los goleadores ganan partidos pero los asistentes ayudan a ganarlos. Son, sí, lo contrario a los ladrones y corruptos. Su voluntad siempre está puesta al servicio del colectivo. De hecho, un pase bien dado y ejecutado no sólo es arte sino también una muestra de solidaridad y empatía. Algo que Tostão demuestra entender perfectamente.
No terminan aquí lógicamente las declaraciones del mítico mediocampista brasileño. Hay muchas más. Pero por hoy me basta con citar su lúcida opinión sobre los motivos que han convertido al fútbol de su páis en muchas ocasiones en un campo de siembra perfecta para el crecimiento de jugadores anárquicos e individualistas parecidos a raperos (Adriano, Robinho o Neymar por ejemplo) cuya actitud dista mucho de la ejemplar, esforzada y dinámica que mantuvieron los héroes del 70.
0 comentarios