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Salmos

May 31, 2026 | 2 Comentarios

¡Alucinante! Hace unas semanas asistí a un recital (más bien, un ritual) de Crudo Pimento en el Teatro Cervantes de Abarán y esa es la única palabra que se me ocurre. ¡Alucinante!

Parece mentira, pero a estas alturas no había visto todavía un solo concierto de Crudo Pimento. Una experiencia más que recomendable. Casi necesaria. La lluvia en medio de la sequía.

Si en disco, Crudo ladran, en directo muerden. Si cuando los escuchamos en casa nos desconciertan, en directo nos tumban. En disco graban invocaciones chamánicas y en directo encienden el fuego, danzan y golpean su cabeza contra la pared. Destruyen, corrompen y crean nuevas ondas sonoras, parecidas a flechas y lanzas.

En Abarán, por ejemplo, convirtieron el teatro en un tablado flamenco y en un refugio nuclear. En una casa gitana abierta de par en par y en una guarida, una trinchera donde los guerreros igual tocaban una guitarra emulando a los grandes héroes del metal, que se soltaban a gritar, reír o hablar a espasmos, como si una bruja misteriosa los persiguiera o tuvieran un duelo a cuchillo en una esquina con el diablo.

En fin: en vivo, la propuesta de Crudo rezuma tal autenticidad y visceralidad, resulta tan frontal, sutil y primitiva que nadie en sus cabales puede (ni debe) salir indemne.

Un amigo con el que fui me confesó que llegó a sentir miedo en algún momento, con los gritos de Raúl: alguien que parecía estar endemoniado, realizando un exorcismo más que tocando o cantando. Como si, en vez de un músico, fuera un niño al que alguien estuviera extrayéndole demonios a base de redobles de batería, guitarras y agua bendita.

Por otra parte, Inma Gómez parecía estar recitando un mantra en silencio, una especie de sortilegio, para no ser incinerada en medio de un escenario que olía a carne y sesos.

Allí, lo mismo parecían escucharse quejidos de agresivos andaluces que aniquiladoras guitarras flamencas (con aire folkie o infantil). Nanas violentas, que miraban al barrio, a la baraja española y a los kioscos de viejo, y también a los negros cielos apocalípticos, a los abismos del delirio cotidiano.

En realidad, estoy mintiendo.

He dicho que la experiencia de Crudo Pimento en directo es LA EXPERIENCIA por encima de sus discos. Pero tal vez así fuera hasta la aparición de su último disco, El Carmen: 13:7. Una obra extrema, violenta, delirante, excéntrica y, al mismo tiempo, carnal y sexual, que seguramente es la que mejor refleja el inquietante y profundo mundo interior de esta pareja de artistas.

Un par de músicos que convierten sus canciones en paletas de pintura expresionista, logrando que las notas musicales se disuelvan, contraigan y expandan como si fueran colores o botes de pintura arrojados en medio de lienzos rotos o paredes destruidas. Edificios demolidos.

Según he leído, Crudo Pimento grabaron El Carmen: 13:7 tras el trauma colectivo de la pandemia y unos cuantos malentendidos con algún productor norteamericano. La idea que probablemente tenían en Nueva York era convertirlos en un grupo de feria, freaks rockeros con un sonido más accesible: una atracción musical que, si era posible, pudiera pincharse hasta en emisoras de rock radiables (o al menos) universitarias o independientes.

Lo cierto es que no tengo ni idea de lo que pudo pasar allí. Pero sí tengo claro que, de esos desencuentros, de los diálogos de sordos, de ese deseo (afortunadamente) frustrado por amaestrar a los animales salvajes, brotó un disco lleno de profundidad, hondo dolor y amplia sensibilidad que ha llevado la música de Crudo a otra dimensión.

Para mí, al menos, la distancia entre Pantame y El Carmen es asimilable (aun en sus diferencias) a la que hay entre Swordfishtrombones de Tom Waits y su anterior disco, o entre Tilt de Scott Walker y algunas de sus obras pasadas.

Ok, estoy exagerando. Pero tal vez haya algo de cierto en lo que digo.

En Pantame, Crudo sonaban por primera vez un tanto encorsetados, tal vez un poco previsibles. No eran tan fieles a ellos mismos como a la idea que otros podían tener de ellos. Parecían querer aproximarse —o acercarse demasiado— a lo que se entiende que debe ser una banda de rock freaky o alternativo. Desprendían un aroma creativo inabordable, pero también una rigidez que no terminaba de encajar con una propuesta que es puro alboroto.
La mente de un loco leyendo un libro de Cela hallado en la papelera.

Sin embargo, en El Carmen, Crudo suenan únicamente a ellos mismos.

Se sueltan, se liberan, gritan, lloran, muerden, ríen.

Se dejan ir por territorios peligrosos, hacen lo que les da la gana y convierten la música en una brocha de fuego, en una emboscada en medio de un bosque cultural lleno de influencias espirituales (casi más que artísticas).

El Carmen es casi más un trance y un mantra que una obra musical. Es pura sombra cáustica. Un riff de guitarra tocado por un ventrílocuo. El semanario El caso apareciendo por sorpresa en medio de un banquete de bodas.

En El Carmen hay dolor, miseria, hambre, rugidos, rap, grindcore, funk, posesiones… y también desconsuelo y ángel.

Mucho ángel maldito y perdido.

Cada canción parece una guija en la que se invocan a diversos artistas que dejan su impronta personal.

Raúl e Inma parecen más médiums que músicos. El disco es casi más un cuelgue místico que un LP. A veces es una improvisación psicodélica, casi la banda sonora de un filme de Val del Omar; otras, un responso fúnebre, una constelación de sonidos que se descomponen y destrozan y vuelven a reconstruirse en trocitos de sangre.

Lo que consiguen Crudo con sus viscerales mezclas parece imposible: cuando aparecen, por ejemplo, melodías hindúes, las mismas remiten al mundo oriental pero también al Hollywood antiguo y a sintonías de televisión kitsch que parodian las canciones chinas clásicas.

Una bestial locura parecida a amasar pan y dulces y mezclarlos en una gigantesca tortilla.

El Carmen es una obra desmesurada, una explosión creativa que huele a decepción y amargura, a escozor de dedo roto, pero, por eso mismo, posee una lucidez anárquica, unos cojones y una actitud libertaria que impresionan.

¿Quién hace algo así en España? Ok, ¡ni idea! Tal vez algunos performers; puede que El Niño de Elche se acerque por momentos a tal locura y descaro, pero no sé si alguien más logra ensamblar tan naturalmente influencias tan distintas, poner música y tono al opresivo ruido del huracán posmoderno.

¿El concierto?

Un remolino negro, un corte de mangas a la industria musical, un apocalíptico diálogo con la muerte. Una conversación cara a cara con todos los que aseguran que el rock ha muerto y que nadie puede sacarlo de su tumba.

Crudo Pimento van tan sobrados que no necesitaron resucitar a Elvis ni invocar al heavy metal para honrar a Dio, el Death Metal y el ruido eterno.

Homenajearon al blues y revivieron los ritmos rockeros con instrumentos que parecían salidos del taller sucio de un Luthier furioso, y con gritos y cantos jondos flamencos donde la brujería, el mal de ojo, los delirios y el orgullo barrial convivían con la naturalidad que tiene el caos y la noche.

Si en Andalucía hay todavía lobos, deben aullar como lo hacen esta pareja. Supongo que los gritos de las vestales que parieron a los dioses y a continuación los envenenaron y sacrificaron también debían escucharse de modo parecido. Shalam

في معظم الحالات، يمكن التغلب على الجهل. لا نعرف لماذا لا نريد أن نعرف

En la mayoría de los casos, la ignorancia es algo superable. No sabemos por qué no queremos saber.

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…»ensayo de una orquesta»..fellini…1978…
    2imagen…coros y danzas de la seccion femeninina (falange española)
    3imagen…se respeta lo respetable…(ahora con el prendimiento pues de rojo y negro)….
    4imagen…alfonso cascales y «cabeza borradora» (la familia postnuclear)….
    5imagen….oye que estamos en 2026 y al tema se le ve la espina,jaj
    6imagen…me han abducido aunque sea un osezno,,jajajjj
    7imagen…me acerco a los procedimientos de antonio saura el gandul (en blanco & negro) segun su hermano carlos saura….
    8imagen…sabemos que nuestros comportamientos son voluntariamente histrionicos (rodrigo cuevas, rozalen y el niño de elche)….
    PD…este tema de otis redding tocaba a david lynch es una de sus raices vitales musicales…(i´ve been loving you too long (to stop now) monterey pop festival..1967…
    https://www.youtube.com/watch?v=iJHD9SiI5YU&list=RDiJHD9SiI5YU&index=1
    PD2…dirigido a berlin a todas las ventanas del patio de «patiño» murcia…jajajjj…
    https://www.youtube.com/watch?v=2HzKrBd3BR8&list=RD2HzKrBd3BR8&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Morente y sonic youth se pasan al teatro y dejan los museos. 2) Homenaje a la guitarra. Estatuas de cera de Crudo en medio de un museo. No las toques por favor. 3) Nos postulamos a aparecer y poner música en una nueva versión de El día de la bestia. 4) Hueso que sangra. Cascales quiere destruir lo hecho por Párraga…jjaj 5) Fotos de promoción. Ya hemos sido aceptados. El día de la Bestia está de vuelta. 6) Hablo de fenómenos extraños con la tranquilidad y sencillez con la que otros daban el parte en el franquismo. 7) ¿Por qué los monstruos estamos tan mal vistos? 8) Las estatuas de cera caminan y tocan. Sorpresa en el museo. PD: 1) Estaría bueno una versión de Badalamenti del tema. Los teclados elevándose y comiéndose la voz. 2) Escena maravillosa. Fassbinder y Herzog los que mejor leyeron el alma alemana tras la Segunda Guerra. ¡Menudo topicazo acabo de soltar!

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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