Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Otro triunfador es Jean Baudrillard. Puesto que, hoy más que nunca, la realidad se ha convertido en simulación. Un juego de rol. Ha sido completamente sustituida por una pantalla virtual. El mar de hecho es ya para muchos un fondo de pantalla de su computadora; el cielo, un simulacro del que aparece en sus videojuegos favoritos; los muertos y el dinero, no más que cifras; y el ambiente en la calle recrea la atmósfera de una película sobre la era nuclear. Además, la verdad se ha convertido en la gran ausente de esta enorme perfomance que estamos protagonizando (tan parecida a El ángel exterminador) que ha quitado un sinfín de máscaras que muestran tanto una serie de evidencias consabidas -que las encuestas son armas de manipulación al servicio de los asesores de los políticos y los presentadores de telediarios no son más que militares propagandistas- como una serie de transformaciones repentinas -los conspiranoicos han pasado a convertirse en profetas y sesudos analistas, el mundo «libre» en esclavo, los deportistas en seres anónimos sin trascendencia alguna, nuestros vecinos en delatores y los policías capitalistas en agentes de la Gestapo- que demuestran que nada es definitivo. Todo está mutando. Y que si bien aparentemente la realidad aún no ha desaparecido, sí que se encuentra a punto de desaparecer. Prueba de que, como sugería el filósofo francés, nada, absolutamente nada existe, como probablemente nos sugiera Matrix 4 cuando se produzca su estratégico estreno el próximo año. Y los supervivientes al virus y el confinamiento estemos preparados para descubrir unas cuantas claves de nuestro incierto porvenir. De los siguientes niveles de juego en los que nos vamos adentrar una vez que pasemos la fase del Apocalipsis zombie en la que actualmente nos encontramos y accedamos a la de Los juegos del hambre. El western del consenso. Shalam
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