El corredor de fondo
Dejo a continuación una entrevista que realicé a José Ignacio Lapido (alma mater de 091) hace más de diez años en un pequeño bar de Cartagena para...

Tom Waits llega al Everest con un pico y una pala. Se transforma en un perro que husmea con aires aventureros los bajos fondos y los tugurios y retrata su atmósfera con un pincel embadurnado en sangre de distintos animales. Ahora ya no es tan sólo un poeta beat. También es un músico expresionista y dadá. Muta su piel y por momentos se convierte en la reencarnación de Willie Dixon y en otras en un crooner africano que canta como si estuviera estrujando cráneos de animales con sus pies descalzos. Todas las canciones que Tom Waits graba en esta época crujen. Tienen alma y huesos. Remiten no sólo a los lienzos de Edward Hopper sino también a los de James Ensor o Jackson Pollock así como a los filmes de David Lynch y Federico Fellini. A la América profunda y al neorrealismo europeo. A Alfred Jarry, André Breton, Los pitufos, Walt Disney y Thoreau. Trascienden su época. Ya no son tan sólo poemas beat mejor o peor encajados, no son únicamente ganchos de boxeo de un perdedor, sino que son reinterpretaciones musicales sumamente sugestivas de la tradición que es posible entroncar con los pioneros del arte norteamericano; con desiertos, circos, callejones sucios y el western.
Años después, por último, tiene tiempo de grabar una nocturna banda sonora de sabor clásico con la que se despide para siempre de su faceta beat. Me refiero, claro, a Night on earth. Una alucinante fragata bohemia que si bien nace como banda sonora de un filme de Jarmush creo que podría servir para ilustrar perfectamente las imágenes de una adaptación cinematográfica de En el camino. Ante todo, porque es álbum parecido a un ronda nocturna y un acordeón roto que, aún así, conserva su faceta clasicista. Con él, Tom mira de costado a su pasado (y al del jazz) antes de emprender otro nuevo asalto al Himalaya. Partir de viaje en un burro por la ruta del extravío empeñado en lograr que las rocas y las piedras canten. Shalam
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