Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Hablar de perros desgraciadamente es considerado infantil actualmente. Una moda provocada por las crisis económicas y la radical incertidumbre contemporánea. Algo que lógicamente dice más del cinismo de nuestra época que de los perros. Porque, en realidad, poco, muy poco más se puede añadir a la manida frase que reza que son los mejores amigos del hombre. Uno de los dichos más exactos que hay. Tanto es así que se me ocurre que para hacerles verdadera justicia sería necesario realizar un documental en los que pudieran observarse con precisión las decenas de gestos cariñosos que realizan cuando más los necesitamos.
Los perros son tan nobles que convierten a cualquier escritor en Coelho al hablar de ellos. Podrían transformar por ejemplo a Thomas Bernhard en Lobsang Rampa y a Jean Paul Sartre en un cursi. Por eso las mayorías de películas que hay sobre ellos nos los muestran ladrando y en actitud un tanto agresiva. Porque son tan cariñosos que en su estado natural siempre parecen sobreactuar.
No sé si hay un cielo para los animales y otro para los humanos. Y también desconozco si existe la reencarnación pero sí tengo claro que los perros son una constatación, casi una promesa de su existencia. De hecho, son en cierto sentido ángeles. Enviados divinos. A veces incluso grandes interlocutores. Y por supuesto, amables compañeros de viaje. Y por eso se dice que no hay perro malo sino humano malo. Porque son un reflejo veraz del alma de quien los posee y sus mordiscos y arañazos son más una manifestación de los deseos profundos de sus amos que un comportamiento natural en ellos.
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