La medianoche
Dejo a continuación el nuevo videoavería dedicado en esta ocasión a El expreso de medianoche. https://www.youtube.com/watch?v=dlelxCWMoOc&t=11s...
Intentaré ser claro. A mí me gusta cómo escribe Boyero. Disfruto con su irreverencia y su visión de la vida y el amor. Admiro la tranquilidad con la que expresa que una u otra obra le parecen pretenciosas aunque algunas de la películas que ha atacado, destrozado y tachado de inagotables embrollos se encuentren entre mis favoritas. Ciertamente, estoy prácticamente seguro de que abominaría Bruja o Martillo y me recomendaría dedicarme a la fontanería. Pero, antes que nada, valoro su valentía. Su libertad de expresar su criterio con total radicalidad y como le venga en gana.
La mayoría de las verdaderas obras de arte, en cualquier caso, se encuentran por encima de las opiniones. ¿Qué podrían hacer las palabras de Boyero contra una catedral? ¿Han cambiado en algo sus exabruptos la recepción universal de la obra de Andrei Tarkovsky? Realmente, nada. Por eso creo que tiene mucho mérito que sea sincero. Que no esconda su opinión. Porque, en la mayoría de los casos, lo único que podía conseguir era ganarse unos cuantos enemigos influyentes y poderosos. De hecho, vuelvo a repetir que creo que una bestia de la sinceridad como él es realmente necesaria en un mundo en el que la crítica se ha convertido en un masaje o una caricia y ciertas reseñas parecen apéndices de un ensayo de la escuela de Frankfurt. Además, creo que incluso cumple una función social y terapeútica. Pues su figura ha sido muchas veces utilizada como desahogo de sus frustraciones y fracasos por decenas de trabajadores de cine que se sentían íntimamente reforzados al enviarlo en los infiernos.
Boyero es un crítico con cojones. Hay que tenerlos bien puestos para soltar los estufidos que ha lanzado en primera plana de unos cuantos periódicos nacionales contra todo tipo de artistas engolados y superproducciones. Muchos de los que lo denigran y ridiculizan no han dudado en postrarse ante los ejecutivos de Disney, Almodovar o cualquier artista con influencia internacional. Y, sin embargo, Boyero ha soltado ostias contra verdaderos capos y se ha quedado tan tranquilo. Casi con serenidad zen o si el cuento no fuera con él.
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