Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Lo cierto es que, aunque a día de hoy suena extraño, a finales de los 80, Mike D, M.C.A. y Ad Rock eran considerados un trío de jóvenes descarados y descerebrados que habían ampliado los límites del rock y el rap más por las leyes del loco azar que por su propio talento. De hecho, muchos críticos pensaban que los inmensos méritos de License to ill había que concedérselos a su productor, el megalómano, intenso y misterioso Rick Rubin, y no a ellos. Afirmación que sus apariciones públicas desmentían. Pues no era posible que alguien fuera capaz de corroer los cánones musicales con tal naturalidad sin gozar de un talento rítmico inusual o de una inteligencia al menos corrosiva. Algo que ponía de manifiesto el extraordinario sentido del humor que la banda demostraba en sus vídeos y conciertos, el cual podría haberles permitido salir airosos de haber protagonizado cualquiera de los sketch de Saturday nigth live o haber participado en un show de variedades.
Paul’s Boutique acabó con el debate lentamente. El disco fue un fracaso de ventas, pasó un tanto desapercibido y fue bastante incomprendido en su momento pero el tiempo lo ha puesto en su lugar: el de las obras maestras. Básicamente, porque Beastie Boys llevaron el hip hop a otra dimensión. Crearon una obra inagotable que crecía a cada escucha. Un océano sonoro lleno de canciones que parecían flotar en el aire. Un disco de rap compuesto con los patrones del be bop. Un conjunto de líneas de sonido que fluían sin descanso entre las que, de tanto en tanto, aparecía un hit single o una melodía arrolladora. Una obra muy cercana en sus conceptos a una jam session. Una alucinación callejera. Un disco que, gracias a la producción de los Dust Brothers, casi que se inventó el solito buena parte de la música disco de los 90 y se encuentra detrás de obras de la magnitud del Endtroducing de Dj Shadow y buena parte del acid jazz y la música de baile atmosférica.
Paul’s Boutique es también conocido como el disco de los samplers. Algo lógico porque está lleno (o más bien, infectado) de ellos. Son tantos, de hecho, que resulta imposible (y casi innecesario) catalogarlos. Sobre todo, porque, en ningún caso, entorpecen la línea central. Una circunstancia que también contribuye a colocarlo en la cima de la vanguardia y la creatividad. Pues si bien algunos músicos experimentales habían utilizado el sampler antes de Paul’s Boutique, nadie hasta entonces lo había usado con tal maestría dentro del terreno de la música popular. Nadie había utilizado sus recursos durante tanto tiempo para componer rimas pegadizas, nuevos textos y canciones populares que amplificaban el significado de las originales al máximo.
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