Los pitufos: la colectividad cósmica
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado a un cómic creado por el dibujante y guionista Peyo y protagonizado por unos diminutos seres...
Paracuellos es una obra muy sencilla. Su grandeza radica precisamente en su honestidad y simpleza. Aunque también, claro, en su agilidad y efectividad narrativa. Cuando la creó, Giménez ya estaba curtido como historietista y supo ser directo y frontal sin necesidad de ser obvio y caer en tópicos. Cietamente, su cómic es uno de los grandes relatos menores de la postguerra. Es un espejo sobre esa época. Basta ver lo que ocurre en el hospicio para vislumbrar lo que estaba ocurriendo en el resto de España. La podredumbre, la miseria moral, la escasez económica y la impiedad. Las profesoras parecen miserables madrastras, los curas soldados y los niños presos en una prisión o campo de concentración donde no van a ser horneados pero sí a pasar hambre, ser humillados un día tras otro y crecer bajo la amenaza de constantes castigos. Sin más ilusión que la mera supervivencia o la lectura furtiva de algún tebeo.
Paracuellos es un cómic entrañable y duro. Un hermoso, agudo y noble ejercicio de memoria. Es parecido a un jersey de lana un tanto deshilachado y a un pantalón con rodilleras. A un bocadillo de pan con mantequilla y a unas cuantas lonchas de jamón resecas. Y por supuesto también a una de esas reglas que impactaban con demasiada asiduidad en el trasero de los estudiantes décadas atrás y a un gris uniforme escolar. Es una obra que sabe a aceite de ricino y a árida canción de Manolo Escobar que vuelve a recordarnos que a los niños es necesario exterminarlos para doblarlos definitivamente y que las épocas más duras y negras están llenas de historias interesantes. Dramas cotidianos inacabables que no sólo forjan el carácter sino que ofrecen suficientes anécdotas como para rellenar decenas de libros. Shalam
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