Brutalidad
Motorpsycho es la estatua de sal del rock contemporáneo. Un grupo capaz de hacer rememorar algunas de las facetas y aspectos más ocultos y sagrados...

Creo que algo de todo lo expresado anteriormente, se puede rastrear en One from the heart. Una mirada hacia el pasado nostálgica realizada con el resabio, lucidez y conciencia del inminente advenimiento la nueva era. En cierto modo, esos saxos acaramelados y suaves, esos teclados de ensueño, la voz de Cristal Gale en este disco remiten a un tiempo que no volverá. La forma en que, por ejemplo, se encuentran interpretados temas como «Is there any way out of this dream» o «Picking up after you», no creo que deje lugar a dudas. Y, por otra parte, si bien la aportación de Waits completa en muchos casos esas melodías intemporales, alude, en otros casos, (como, por ejemplo, en «Instrumental Montage. The Tango/Circus Girl») a la incertidumbre ante el nuevo horizonte que viene. Siendo, por tanto, esta obra, un retrato de dos caras que, aun aspirando a ser intemporal, refleja muy bien la pulsión de una época. En mi opinión, mucho más que otros discos que se consideran esenciales para comprenderla. Y por ello, es una banda sonora que aprecio muchísimo. Porque alude a un pasado fantasma y que se desvanece. Es una despedida a un país y un mundo que todavía era humano. Un epílogo perfecto a tres décadas de cultura pop sobre el que se entreteje amenazante un futuro avasallador. Y, en definitiva, un caramelo de jazz clásico y arrebatador que llevo muy dentro de mi corazón.
No me gustaría, en cualquier caso, dejar sin mencionar uno de los temas incluidos en esta banda sonora, que más amo de la carrera de Tom Waits. Bueno. No sólo de la carrera de este monstruo sonoro sino de toda la historia del pop y el rock. Me refiero a «Broken Bicycles». Una canción en la que este guerrero del rock transmite de una forma sencilla y con muy escasos elementos, una desesperanza brutal; esa melancolía infinita sentida por tantos adolescentes cuando se acaba el amor o finaliza un verano. Me recuerdo conmovido más de un septiembre en mi casa de La Manga contemplando las playas desiertas, consciente de que se había acabado el estío mientras escuchaba esta canción y hacía memoria de algunos besos, unas inolvidables noches de borrachera o simplemente el cariño y apoyo de algunos de mis amigos. Con lágrimas en los ojos porque la próxima vez que volviera allí, tendría un año más y sería un poco menos inocente.
0 comentarios