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Marrakech

Abr 15, 2025 | 2 Comentarios

Estos días estoy en Marrakech. Marruecos es un país donde apenas he tenido malas experiencias. Casi todas memorables. No sé si podría vivir aquí pero creo que es un destino ideal para escribir, olvidar Europa por unos días y tener buenas vivencias. Volver a un contacto más humano y ancestral con las personas. Muchos de los objetos aún no han perdido su dimensión simbólica. Aunque sea muy a lo lejos transmiten cierto aura que recuerda al principio de los tiempos.

No es extraño que dedicara a Marruecos mi primera novela: Martillo. En las calles de las diversas ciudades del país pasan cosas. En las plazas hay jaleo, jolgorio. Mucha gente es pobre pero no pierde la sonrisa. Se agarran de tu mano y te plantean conversaciones insólitas sobre los temas más peregrinos. En los lugares que menos esperas ocurren pequeños milagros. Hoy entré a una tetería que hace años probablemente habría sido un Riad o una gran casa familiar cuyas paredes estaban llenas de coloridos cuadros orientales y mientras estaba saboreando un té entró un gorrión que voló libremente por todos los rincones del lugar. Una escena que me recordaba por cierto a los filmes de Andrei Tarkovski.

Es bien sabido que Salvador Dalí, André Breton y sus compinches consideraban a México un país surrealista. Creo que ciertas zonas de Marrakech también merecen ese calificativo. Hace una hora estaba hablando con unos vendedores de frutos secos sobre la fraternidad. Mirábamos al cielo y emitíamos elogios a Dios por haber decidido crear a los hombres y hacernos hermanos. En fin. ¿Quién sabe por qué empezamos y terminamos nuestra charla de ese modo?

Por aquí acostumbro mucho a hacer la ruta del zumo. Los vendedores de frutas de la Plaza de Yamaa el Fna suelen ofrecernos vasos que contienen un cuarto de un rico jugo mixto. Los tipos no paran de dar gritos, se pelean entre ellos, convierten la compra de un zumo en un espectáculo, un circo, una feria. Yo lo que hago es que tomo en cinco o seis puestos mi porción de jugo gratis. Me hago pasar por un turista recién llegado y disfruto este juego de abalorios tal y como ellos disfrutan engañándonos. Luego me compro uno grande y dejo el karma en paz. No por mucho tiempo. Porque al poco vendrá alguien a pedirte dinero porque te has parado junto a un hombre que está tocando la flauta haciendo bailar a una serpiente o frente a una mujer enmascarada que realiza una sensual danza.

En esta ocasión no he ido solo al país. Lo he hecho con un viejo amigo. Hace justo veinte años recorrimos varias zonas de Marruecos en coche durante dos semanas. Obviamente, lo pasamos bomba. Lo difícil en la vida no es encontrar personas con las que uno comparta los mismos gustos. Antes o después aparecen. Lo difícil es compartir con alguien el mismo sentido del humor. Eso nos ocurre a nosotros. Es difícil la hora del día en que no reímos por algo que nos ha ocurrido aquí. Y si no es así, ya hacemos nosotros por pasarlos bien.

Hoy, por ejemplo, iniciamos la ruta del hotel. Seleccionamos varios de los hoteles más caros de Marrakech y caminamos hacia ellos. A veces tardamos media hora, otras diez minutos. No importa. Lo que importa es disfrutar de la ruta. Muchos de estos lujosos hoteles tienen impresionantes diseños arquitectónicos. Algunos son decadentes. Recuerdan incluso a los hoteles venecianos. Además, la gente que se alberga en ellos suelen tener ganas de divertirse. Puede uno bromear y hablar de los temas más peregrinos. Mi amigo y yo llevamos unos altavoces para escuchar música. Y a veces el tipo más serio se pone a bailar Baltimora o italo-disco en cuanto nos ve alzando los brazos divertidos con los himnos de los 80.

A este viaje por cierto me he llevado una baraja de tarot. La idea es preguntarle a cualquiera de los que se albergan en estos hoteles si quiere saber su destino, que saque una carta y a partir de allí que ocurra lo que Dios quiera. Lo más lógico es que acabemos todos divertidos buscando un lugar donde nos vendan cerveza.

Lo ideal obviamente sería realizar la tirada de tarot con los marroquíes pero ayer le saqué una carta a un hombre en la plaza de Yamaa el Fna y se asustó. Me miró casi como si de la baraja hubiera salido un diablillo. Supongo que porque para los marroquíes el tarot será un herejía. Muchos lo desconocerán y para otros será un oscuro maleficio. Una transgresión. Así que obviamente llevaré cuidado con lo que hago. En estos casos conviene ser prudente. Al fin y al cabo, como dije antes, la diversión está asegurada. Marrakech es, en el fondo, un delirio. Una ciudad que vive embriagada, casi drogada, aunque prácticamente nadie prueba el alcohol ni consume drogas. Shalam 

الحياة قصة ذات موضوع واحد: الفشل. أما الباقي فهو مجرد حكاية.

La vida es una historia con un tema único: el fracaso. Lo demás es pura anécdota

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….a la calle!!!…a por los turistas!!!!
    2imagen…un cante mujer mayor vestida de blanco(con esposo)….
    otro cante mujer joven rubia de negro y bolsa blanca al hombro….
    3imagen….extraña exposicion decorativa…..
    4imagen….cuando la almagra roja(pintura) imita al ladrillo cocido…
    5imagen…la piscina de «la juventud»(5 estrellas)….solo para occidentales……
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=WA0tBQIioak…. marrakesh express….crosby, stills&nash…1969….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Este señor me miraba con cara de malos amigos por sacarle la foto. Luego me perseguía. Quería dinero. No dinero no foto. Ja. 2) Así serán los campanos dentro de 30 años. Tal vez ya sean así algunos pueblos de España. 3) Casa que parece caerse donde se sirven tés. Los cuadros son casi parte del alma de este lugar. Mundo primitivo y tribal. 4) ¿Quién tiende la ropa all? Patio de comedias. Siglo de Oro. Lope y el mundo musulmán frente a frente. 5) Un hotel donde se perdería Fassbinder en su juventud para follar. PD: la ruta hippie. Estos sabían por dónde iba el viaje.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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