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Los buitres de Dios

Dic 21, 2024 | 4 Comentarios

Hoy estaré firmando ejemplares de El jardinero y Un reino oscuro a quien lo desee en la librería Santos Ochoa (Cartagena) de 5 a 8 de la tarde.

Como siempre que suelo realizar actos de este tipo, dejo a continuación un pasaje de una de las dos novelas. En este caso, de Un reino oscuro.

Ecos de la obra de Dostoievsky, Nietzsche o Lautreamont pueden encontrarse en este fragmento donde encontramos las reflexiones de un escritor perdido, desfasado, completamente superado por las circunstancias, obesionado con una cotorra, con los poetas y con el árido rostro de un Dios muerto y caído pero, a la vez, perverso y cruel.

Creo que, en este caso, las palabras hablan por sí mismas. Así que no haré más comentarios.

Ahí las dejo:

«A Dios ya no le bastaba con ser el espía de las perversiones modernas. No. Dios quería ser la perversión. Dios deseaba ser un manicomio perverso. Dios era un oscuro bosque lleno de arañas perversas. Dios era una espada negra y perversa que cortaba cabezas de condesas muertas. Dios era un escritor perverso que urdía oscuros libros en los que los ilustrados retozaban en camas doradas junto a buenos salvajes. Dios era un cisne negro perverso que emitía alaridos de perversa felicidad cuando los hombres temblaban y los castillos se incendiaban. Dios era un animal perverso que rugía y rugía entre bestias perversas en medio de abismos perversos. Dios era un vampiro perverso que observaba las cruces con cierto temor y en cuanto los guardianes del templo se descuidaban, las arrojaba al suelo con cruenta ira. Dios era un músico perverso y frustrado que en poco se distinguía ya de nuestro rey. Tal y como le ocurría a los nobles ilustrados y a los monarcas modernos, Dios no quería soportar dolor alguno. Dios temía ser herido. Era un jardinero que no toleraba ser criticado ni puesto en ridículo. Porque, en realidad, solía afirmar insistentemente el escritor, Dios ya no existía. Había muerto. No existía. Había fallecido. Y, tras expirar, se había convertido en un oscuro bosque. En un libro negro. Un pozo seco. Dios era Adolf Hitler. Dios era un hombre aferrado a su poder y dominado por sus vicios. Dios había muerto. No era más que un manicomio. No existía. Dios era un manicomio. Había muerto». Shalam

الشك هو تكريم للأمل

La duda es un homenaje a la esperanza

4 Comentarios

  1. Eduardo

    Olé !!!!

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      ¡Gracias!

      Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) El saludo al fin del mundo. 2) Podría ser una imagen que inspirara un verso de Lautreamont y viceversa. Destrucción de la civilización. PD: Temazo. Excelente. Va siendo tiempo de volver a ver este filme.

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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