Dejo a continuación el tercer avería dedicado a mi relación con la música electrónica. En breve, otro más.
Lonja Negra (Tres)
Antes de que René cerrara su tienda, fui al Sonar. A mi primer Sonar. Junio de 1999. Pocos meses antes del fin del siglo XX. El de Hiroshima y Nagasaki. El de las dos guerras mundiales. El de la Guerra Fría. En fin. Tenía tantas ganas de ver, curiosear, experimentar que fui solo. No deseaba la mínima distracción. Una decisión que, vista en perspectiva, no fue la mejor debido a la violencia de muchas de las performances, el aislacionismo propio de los músicos de ambient, la asfixia píquica producida por las sesiones de ruidismo y el ambiente hedonista y, a su vez, individualista.
Todo en aquel Sonar era demasiado extremo como para no compartir ciertas conversaciones con un amigo.
Recuerdo, por ejemplo, muy bien que el concierto de Suicide fue crepuscular. Fue violento, arisco y nihilista. Perturbador. Fue una motosierra para el cerebro. El concierto soñado por cualquier fan del grupo. Alan Vega cantaba como si estuviera muerto o fuera un fantasma del más allá. Parecía un jinete destronado. Un barriobajero criado entre navajas y perros. Y los sintetizadores y cajas de ritmos de Martin Rev sonaban como cuchillos afilados.
El concierto fue agrio y oscuro. Más que un ritual fue casi un asesinato. Algo así como presenciar el descuartizamiento de un prisionero en vivo y en directo. Fue una agria manzana. Un plato de sal y orín. Yo, desde luego, me quedé sin aliento. Casi fulminado. Más después de varias horas recorriendo el CCCB sin cesar de presenciar sesiones de ruidismo parecidas a exorcismos que, a fuerza de ser sincero, creo que más que iluminar el nuevo mundo se recreaban en los vicios y enfermedades de Occidente. Eran casi sesiones de espiritismo intelectual. Onanismo musical.

Esa es, de hecho, la sensación con la que me fui de aquel Sonar. No pensando que el arte había muerto como Arthur Danto y tantos otros teóricos decían. No vislumbrando que la música electrónica estaba desembocando en un callejón sin salida. No. Lo que sentí tras aquel Sonar era que Europa había muerto. Que allí se celebraba un funeral por la cultura europea. La vanguardia finalmente había destruido Europa. Había sido otro instrumento esencial para acribillar los cerebros de los jóvenes europeos como de otro modo lo son actualmente el fútbol y la ideología.
Curiosamente, uno o dos años antes, el Sonar se había jactado de ser un espacio donde se festejaba la muerte del rock. Creo que en algún lugar había una guitarra enterrada en un ataúd o algo así. No puedo asegurarlo porque cito de memoria. Recuerdo haber escuchado en un programa de radio a unos señores modernos celebrando la buena salud del techno y el fallecimiento del rock.
Ok. Prefiero no comentar. Lo que yo sentí (no digo que sea cierto, simplemente lo sentí) en aquel Sonar era que Europa había muerto. Ningún continente se puede alzar victorioso y épico si esa es la música y el arte que ofrece. Música para destruir espíritus y colapsar mentes, soportar atascos y contribuir a agrandar la soledad y la disolución de todo lazo social. Un continente no puede crecer sano entre raciones de ruidismo y locura y de Operación Triunfo. ¡Ja!

En cualquier caso, el Sonar de día merecía mucho la pena. Era un manicomio experimental lleno de calidad que era necesario conocer. Lo peor para mí, repito, era que la frialdad, el solipsismo eran tan intensos, tan grandes, que incluso propuestas como la de Aviador Dro (¡Qué buen concierto dieron!) sonaban amenazadoras y violentas. Incluso incursiones psicodélicas de grupos de post rock atmosférico como Tarwater terminaban por ahondar más en un viaje interno que ya no daba más de sí.
Por contra, el Sonar de noche me pareció un festival maquinal. Pura dictadura techno. Una celebración dictatorial del hedonismo que el concierto de Orbital ayudó a refrendar. El Sonar de noche me pareció una estafa. Todo lo que en el Sonar de día era vanguardista y sutil a pesar de la estridencia y la confusión, en el Sonar de noche era estentóreo.
¡Hijo mío!, ¡queremos tu pasta, que no pienses y que bailes y que seas el más moderno de la clase!. ¡Hijo mío, queremos que seas un buen esclavo! ¡Un buen esclavo moderno! ¡Obedece!
Sonar era, en el fondo, una marca que no se diferenciaba mucho de Adidas o Nike. Era un logo. Un logo neoliberal. Benicassim era una verbena a mayor honra del capitalismo y la frivolización. Sonar no era una verbena. Era más sutil. Por eso era una marca más nociva. De Benicassim podíamos escapar. De lo que ocurría en el Sonar no.

Volví obviamente de aquel Festival deprimido. Con el ánimo caído. Con miedo en el cuerpo. Si la música electrónica tenía algo que decirme sobre la sociedad yo al menos no tenía dudas. Europa iba a convertirse en una cárcel. Una refinada cárcel hedonista. Un juego encubierto de placer y castigo. Quien no disfruta será penalizado. Quien goce lo hará en la pista de baile. Consumiendo.
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Señalaba Mark Fisher en Realismo capitalista que muchos de los jóvenes a los que había enseñado se encontraban en lo que llamaría un estado de hedonia depresiva. Usualmente, la depresión se caracteriza por la anhedonia, mientras que el cuadro al que se refería «no se constituye tanto por la incapacidad para sentir placer como por la incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea buscar placer».
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La impresión que me había dejado el Sonar no fue superficial. Aquellos días sentí que la garra de un androide me arañaba el pecho. Tenía que volver a encontrarme con aquella pesadilla. Al año siguiente repetí. Pero esta vez fui mucho más preparado. Me rodeé de amigos de todo tipo. A un campo de concentración neoliberal no conviene ir solo. Me llevé conmigo a René (el hombre de la tienda) y a dos amigos de infancia. ¡Buena decisión!

De aquel Sonar recuerdo ver a Stockhausen en el teatro Tívoli. Una pasada. En realidad, el músico alemán no hizo ningún concierto especial. Sólo dio una muestra de su inmenso arte. Estuvo presente entre un grupo de admiradores. Nada especial. Pero fue suficiente para recordarlo toda la vida. La mirada de Stockhausen no era normal. Cuando miraba al público parecía que nos traspasaba. Iba más allá de nosotros. Parecía estar reflexionando siempre. No creo que se planteara la música como algo físico sino más bien como una actividad filosófica. Me sorprendió por cierto que no hubiera un lleno absoluto para verlo. Tal vez la sala estaba a la mitad de su aforo. Una señal al fin y al cabo de los tiempos que se avecinaban. Un genio rodeado de pocas personas confrontado a la indiferencia general y por las noches marabuntas de personas bailando la música «supuestamente» avanzada. Un timo neoliberal. Mákina, Mákina deluxe.
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Sonar. Lo que se dice follar tras comprar ropa de interior cara.
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El sonar 2000 lo viví con una mentalidad un poco más festiva que el anterior. Ya conocía mejor los espacios. La atmósfera. Su cartel artístico dejaba mucho que desear. Era muy mediocre. Pero aún así, el androide golpeaba. Por ahí andaban Gentle People y, en cualquier momento, el músico más desconocido realiza la performance de su vida.
Sonar 2000 me pareció la edición exacta en la que el festival pasó de ser un espacio en el que lo que primaba era la música y la vanguardia (también el dinero) a un centro empresarial en el que lo prioritario era lo económico. Sonar 2000 era más un festival de tendencias (y de moda urbana) que de arte y música. La música y el arte eran la excusa para hacer negocio y reunir a despistados de medio mundo, hipsters, intelectuales, amantes de la música de baile durante dos a tres días y hacerlos sentir diferentes. ¡El timo del snobismo llevado ahora a la música de baile! ¡La sugestión del futuro!

Sonar 2000 estaba muy lejos de la clase obrera. No fue siempre eso lo que ocurrió con la música disco. Fiebre de sábado noche, el clásico de John Badham protagonizado por Travolta era una muestra de cómo la discoteca se convertía en lugar de encuentro y ocio de las clases desfavorecidas y migrantes dentro de las grandes ciudades.
En los 70, cualquiera podía convertirse en una estrella de la pista de baile. El cartero, el vendedor de pan, un profesor. El recién llegado. La música disco unía razas distintas, individuos de clases diferentes. Era una fiesta. Una celebración. Una lúdica venganza de la clase obrera contra la semana laboral. Sin embargo, a finales de los 90, cualquiera podía convertirse en músico, sí. Estrella en su propia habitación y esclavo de las pistas de baile. Esa ahora era la promesa. Bailar para ser tornillo. Bailar para masturbarse a uno mismo o al amante.
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El baile ya no es un ritual de apareo sino de resignación.
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Sonar 2000 me pareció demasiado elitista sin ser vanguardista y demasiado festivalero y masificado a pesar de su intención de distinguirse del resto de festivales musicales de España. Sonar 2000 fue para mí el entierro de la música electrónica. El del 99 era agresivo. Era como el último ladrido del monstruo antes de ser apresado. Sonar 2000 era un festival domesticado pero que, aun así, hacía daño.
Yo (un tipo alérgico a las drogas) tuve que tomarme un tripi para intentar sacarle algo de jugo. Mala idea. Soy demasiado sensible como para que la combinación Sonar y tripi no desemboquen en una aventura de incierto resultado. En mi caso, fue la siguiente. Estuve varios días sin dormir que vencí en parte escribiendo un libro sobre ruido que nunca vio la luz. Reflexiones sobre la sociedad de consumo, la muerte de Pasolini, Lautreamont y la heroína, el pop como arma totalitaria. En fin. Tal vez algún día se publique. ¡Ja!

Después de aquella indigestión no quise saber ya mucho más con la música electrónica. Tampoco la música electrónica tenía mucho ya que decirme. Mi periplo se había acabado. Por supuesto que se seguían grabando buenos Lps y aparecían músicos interesantes. Pero la locura de mediados de los 90 se frenó completamente. Los artistas, como dije en el anterior avería, comenzaron a mirar atrás.
El siglo XXI es una resaca. Está de resaca por los años en los que el pop, el rock y el techno se convirtieron en enormes movimientos creativos. El siglo XXI se quedó sin alma. Perdió el fuelle. Está reflexionando sobre el pasado y no termina de atreverse a mirar al futuro porque, digámoslo claramente, no es que crea que no hay futuro. Ocurre más bien que todos sabemos que el futuro será peor que el presente y no llegará a la altura del betún del pasado.
El futuro en el siglo XXI es una habitación fría y sola. Es internet. Es un disco de Burial. Es una ciudad llena de espectros. Es el recuerdo de un enorme ritual. Vacío. Antes Travolta podíamos ser todos. Ahora Travolta es un holograma en una triste chill out. Todos somos fantasmas.
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Leo en La nueva subjetividad, el libro-novela-libro de Alfonso García Villalba lo siguiente: «Engaño, estafa, falacia. Para Baudrillard un simulacro es aquello que se articula o genera sin tener en cuenta lo real como origen. Tal vez el futuro no es más que un simulacro, uno de esos espejismos sobre los que escribía Gysin: «Bajo la incandescente carpa plateada del cielo todo el día, vamos avanzando por la Tierra del Miedo. Marchamos dentro del ojo del espejismo, con el danzante horizonte en vaivén como un círculo ondulante que nos encierra».
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En el año 2006 fui a Berlín. Acompañé a un músico, Dick el Demasiado, que había convertido la música en fruta de chía. El hierro en jiguero y el hielo en guitarra. Una puta locura.

Dick, un lunático abordable, tocaba en un festival de música aventurera y artes visuales afines. El Transmediale. Yo estaba en esos momentos en otra dimensión. Venía de un periplo de varios años por Hispanoamérica y tenía mi mente en otra parte.
En esencia, mis opiniones sobre la música electrónica no habían variado mucho desde el Sonar 2000. Así que apenas vi conciertos ni performances de aquel festival. Coincidió además que Bauhaus tocaban en aquellas fechas en la ciudad alemana y obviamente, asistí al recital de la banda de Peter Murphy y Daniel Ash. Una bomba de neutrones. Un vampírico festín.
Me dio tiempo sin embargo de contemplar un recital de Goodiepal (Kristian Vester). Un misterioso productor danés que vivía por aquel entonces exiliado en las islas Feroe. En Berlín se presentó con una serie de instrumentos de juguete que combinaba con guitarras folk, deliciosas cajitas de música y sonidos de videojuegos. Por un momento, su recital fue una rememoración de la infancia perdida. Algo muy bonito y candoroso pero a la vez feroz. Real. Duro. Nostálgico y salvaje. Algo inusual. Lo hizo además sentado. De rodillas. No sé si llevaba un sombrero de mago. Fue todo muy candoroso.
Dejo a continuación un extracto de una de sus actuaciones de aquella época. La de Berlín no la encuentro por ninguna parte.
En cualquier caso, si su concierto me gustó, más lo hizo su discurso final. El tipo terminó y dijo que estaba pensando en retirarse porque le daba vergüenza ser un estandarte de un género (la música electrónica) que no más que estaba produciendo mediocridad en aquellos momentos. Le producía tristeza el hecho de que con tantas posibilidades que existen para crear sonidos nuevos, explorar caminos entreabiertos, la música electrónica se hubiera acabado convirtiendo en una avasalladora fábrica de sonidos y ruidos para más honra del capitalismo.
Creo que a continuación tocó una campanita de cristal y se despidió mientras de fondo sonaba una nana. ¡Más lúcido y claro no se puede ser! Shalam
البعض على استعداد لفعل أي شيء باستثناء العيش هنا والآن.
Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora





1imagen…a este lo amarraron con longaniza y no obedece…..
2imagen…sera mejor no olvidar la segunda guerra mundial (rock&rol) y las esculturas de luz en u.s.a………..
3imagen….en la playa y con el sol en lo alto (nos vendria bien)….
4imagen….area 51, nuclear si, por supuesto, jajajjj…..(pata muy larga)………..
5imagen…. a esta situacion le sobra el sol…..situacion desigual….
6imagen…la oveja dolly….(un por dos)…….
7imagen….nuestro amigo helicoptero…..(dadaismo again)….
8imagen….los lunares y sus relaciones geometricas…..
9imagen….bee gees…..
10imagen…le corbeau…1943…h.g.clouzot….
11imagen….gran idea, economica y significativa…muy povera…..
12imagen….el arte idea, una gran ayuda….la mejor ayuda el bocadillo de jamon y el vaso de vino tinto……
13imagen…..el colega es uno de los comediantes del septimo sello…bergman…1957…..
PD…aplicadisimos los cuatro……..
https://www.youtube.com/watch?v=bZolfKgW5Is….1997….
1) ¡En guardia! Dispuesto a todo para cuidar el mundo del techno. 2) Gitanitos y navajeros del Bronx. Walter Hill. The Warriors. 3) Hamacas a favor de la droga. Di sí al canuto. 4) Somos los enfermeros del mundo antiguo. Venimos a salvaros del pasado. 5) Locura mañanera.Me imagino sonando una canción de «Screamadelica» en ese momento. 6) Miedo a un mundo sin rock. Miedo a un mundo sin terror. Miedo al techno. 7) Ofrenda religiosa-diabólica. Gran homenaja al Fausto y a Goethe. 8) Los vengadores. Serie televisiva. Los vengadores del pop. Revisión posmoderna de aquella serie. 9) Rey del gallinero. 10) Hansi Flick en una etapa perdida de dj en Ibiza. Al ataque. 11) Susto o trato. La familia de Lynch crece. Homenaje a Inland Empire. 12) El tornillo baila un tango con el culo del camión. 13) Un personaje de novela de Dostoievsky. «Los hermanos Karamazov». PD: una canción y performance anti Sonar. Contra la vanguardia.