Dejo a continuación el segundo avería dedicado a mi relación con la música electrónica durante las últimas décadas. Pronto, el tercero. Habrá alguno más.
Lonja negra (Dos)

Lamentablemente, la tienda de discos de René no duró mucho abierta. Tal vez dos años. Puede que tres. Estuve, por supuesto, en la fiesta de despedida. Una locura que duró más de 12 horas y terminó con un joven dj lanzando platos y gritos totalmente drogado imprecando a los presentes. Un tipo que parecía un pijo mal criado que no sabía beber. Pero probablemente no fuera más que un adolescente con necesidad de gritar para expresar su angustia. Semanas antes, se habían organizado una serie de conciertos de rap más que interesantes. Flow de la calle. Flow de los 90. La tienda tenía embrujo.
De todas formas, Música René estaba fulminada desde que abrió. Una engorrosa obra del ayuntamiento hacía difícil la entrada a la calle salón donde se encontraba. Estaba demasiado especializada. La gente en general tenía difícil comprender su concepto. Pero, en realidad, si no hubiera sido por ese motivo, hubiera sido por otro. No había subvenciones de por medio y René pensaba más en el arte y en la aventura que en el negocio. Prefería quemarse a lo gonzo que equilibrar cifras. El día de la despedida estuve hablando con él. Me comentó que había descubierto a un filósofo norteamericano llamado Henry Thoreau. Se identificaba con su modo de pensar. Él y Cioran le estaban cambiando la vida. También me dijo que se negaba a pagar las multas de la hora. ¿Qué era eso de no poder aparcar con el coche en la propia ciudad? Años después supe una anécdota al respecto que me tuvo riendo varios minutos.

Según parece, René había acumulado centenares de multas que no había pagado. Como tampoco tenía cuenta bancaria ni propiedades le daba igual. Pero eso lo desconocían los guardias de su barrio. Uno de ellos lo había observado y sabía dónde vivía. Obviamente, tenían localizado su coche. Una mañana lo esperaron con un folder lleno de multas (tal vez 200, tal vez 300). Cuando iba a entrar en su vehículo, aparecieron un policía y dos guardias. En el momento en que le dieron los papeles y le preguntaron por su actitud, René ni se inmutó. Cogió todas esas multas y, con paciencia, caminó hasta un contenedor y las tiró en su interior. ¿Qué era eso de cobrar a la gente por aparcar? ¿Lo iban a llevar preso? ¡Qué cojones! Ni pensaba pagar ni nunca iban a cobrar. No tenía cuenta bancaria. ¿Por qué no lo dejaban en paz?
¿Qué tiene esto que ver con la música electrónica? Poco y mucho. Lo que percibí con claridad en Música René es que la gente que solía pinchar y consumir música electrónica eran mucho más solipsistas que los que pinchaban y escuchaban rock.
El rock tenía un componente social y contestatario que la música electrónica evadía. Intentaba combatir. Al menos un tipo tribal de componente social. Si algo resaltaba la electrónica era el individualismo y si a algo apuntaba era a la destrucción del mundo. O más bien, de los tradicionales vínculos sociales.
La música electrónica había dejado de lado los valores de la aventura en favor de la experimentación. No estaba hecha para hablar y cambiar el mundo sino para interiorizar. ¿El mundo? El mundo no se podía cambiar.

No tardé en vislumbrar que, de un modo u otro, los consumidores de música electrónica no sólo tenían una relación especial con determinados temas y sonidos (ahí no importaban tanto ni los nombres de los grupos ni los de los solistas) sino con la sociedad. No querían formar parte de ella. Deseaban estar al margen. Porque se sabían insoportables para la misma.
La música electrónica, de un modo u otro, (al menos la de fines de los 90) captaba el momento en el que la sociedad neoliberal se volvía trampa y confusión para el individuo. Se tornaba arisca. Se convertía en un chiste de El Roto. Ella misma, esa misma música, era también arisca, asocial. Solipsista. Ahí se estaba labrando una relación de desconfianza y paranoia. Los músicos de electrónica desconfiaban de su público, su público desconfiaba de la sociedad y la sociedad de ellos. A finales de los 90, en los círculos underground, las drogas, a diferencia de lo que ocurría en el rock, eran utilizadas para disolverse y aislarse. No para establecer una comunicación. Los músicos o djs se comunicaban con nosotros porque querían demostrar que no necesitaban comunicarse con nadie. Podían haber colocado un muñeco en su posición pero, a la vez, eran demasiado egocéntricos, tenían demasiada necesidad de destacarse como individuos y artistas, como para desaparecer. Vivían las contradicciones de Narciso. Deseaban ser jóvenes y únicos pero no podían serlo si no destruían su entorno.
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Viví parte del frenético cambio de siglo en Música René y puedo asegurar que fue desbordante. Hubo unos años en que la vorágine musical no parecía tener freno. La música electrónica estaba concienciada de la necesidad de avanzar, ir a un más allá musical en el que todo sería posible. La llegada de internet, en principio, no había supuesto un freno sino una liberación para que cientos de músicos y propuestas crecieran por todas partes. El jungle se disolvía y fundía con el dub, el dub con el synth pop y el ambient con el rock. La música en general parecía expandirse pero, en realidad, se estaba destruyendo. Adentrándose en un agujero negro.
Visto con los años era lógico. No es que hubiera un sinfín de novedades y focos de interés. Continuas disgregaciones. También existía un ánimo creativo y experimental que por momentos convertía la música en revolucionaria. Sin embargo, el fin de todos esos impulsos fue precisamente la llegada del Siglo XXI. Había tantos velocistas, tantas pruebas se sucedían al mismo tiempo en los estadios que al final todo tenía que estallar. Había que ponerle freno.
Que yo recuerde el último gran momento creativo, rebelde, muy difícil de controlar fue a finales de los 90. Con el siglo XXI llegaron los «fantasmas». Mark Fisher ha definido perfectamente nuestra época. La música paró. Se desvaneció. La música se contrajo en sí misma y comenzó a avanzar evocando el pasado. Algo que a finales de los 90 parecía imposible aunque sospecho que el mismísimo Bowie avizoró cuando, en vez de lanzarse en picado con la aventura de Outside y Earthling, puso el freno de mano y mutó en un ambiguo artista pop a mitad de camino del futuro y del pasado.
Eso en parte le ocurrió también a la música electrónica. Su asocial entusiasmo solipsista comenzó a disolverse en el territorio de las tendencias a medida que el avance de los fantasmas y de lo retro cautivaban al gran público. Muchas propuestas underground no sólo no salieron de las catacumbas. Quedaron enterradas para siempre allí. Casi todo el mundo de la música, a mediados de los 90, soñaba con llegar al siglo XXI. Pero cuando el nuevo siglo llegó nos dimos cuenta lentamente que, en realidad, el nuevo siglo era el Flautista de Hamelín. Nos habían engañado como a niños. De repente, lo nuevo eran los 40, los 50 y, sobre todo, los 80. A veces los 60 y los 70. ¡Aún no hemos salido de allí! Shalam
ما هو الساخر؟ إنه رجل يعرف سعر كل شيء وقيمة لا شيء.
¿Qué es un cínico? Es un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada




1imagen…intento de op-art….(ska….policia metropolitana de londres)……
2imagen….se ven desde atras, la foto la hizo una androide enviada al efecto……..
3imagen….este es el final de fahrenheit 451 y su bosque refugio…
4imagen…la dj´s mas atractiva que yo conozco es leigh lezark (modelo, la nombrada musa morena de nueva york, la rubia era scarlett johansson)……
5imagen…el rayonismo….(una cristalina acertada de lleno por un boño china)…sonrisa…
PD….como queman a los individuos…..
https://www.youtube.com/watch?v=MkGlTghJlI4…..musical tribute…fahrenheit 451……
1) Ska y Mondrian bajo el filtro del mundo oscuro del diseño. Pescado negro. Semilla negra. ¿Radio Futura eran diabólicos? 2) A ver quién se escucha más. Los gritos del público o los djs. 3) Un hermano de Tolstoi. Aquí el ruso y el norteamericano se encuentran en sus sueños. Anarquismo norteamericano y ruso. Fuera Muros. 4) La Muerte de este chico, Sideral, como síntoma de toda una generación. Demasiado inhumano el techno. 5) Una mosca dividida y fragmentada por el microscópico artístico. OP ART. PD: hermoso tributo. Sólo ha sido necesario que se creara internet para que el libro de Bradury sea, en gran medida, una realidad. Pero tal vez no como lo esperaba Braddury..jajaja