Un corral de pollos
Dejo a continuación un nuevo avería que la verdad no sé concretamente de qué va, pero de algo va. El cual recomiendo leer escuchando el tema que...
The Piper es una experiencia auditiva. Un disco que se hizo para escuchar drogado en medio de una montaña o con unos auriculares. Una inquietante y extrema grabación que recorre todas las paletas de la música pop y podría funcionar perfectamente como banda sonora de una película de ciencia ficción o de un documental experimental. Es, en definitiva, una locura que convirtió a la música durante unos años en el territorio de lo imposible. La guarida de lo improbable. Un pasaje para visitar el país de las maravillas y el de Nunca Jamás y realizar todo lo imaginable y concebible. Tanto es así que Syd Barret, su principal instigador, el genial cerebro que puso orden (y amplificó el desorden) de las innumerables ideas que latían en la banda, nunca volvió a ser el mismo tras su grabación. Se perdió durante años en su propio limbo y frontera mental observando los pétalos que caían del inmenso árbol psicodélico que había sembrado. Bastándole con regarlo y plantar nuevas semillas de tanto en tanto para dotar de sentido a su periplo creativo. Una prueba esta, al fin y al cabo, de que hay límites que tiene su precio traspasar. Y de que, en su momento, The Piper desbordó todas las fronteras y márgenes musicales y artísticos conocidos. Y todavía ahora, continúa rebasándolos. Shalam
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