AVERÍA DE POLLOS: Inicio E Arte E Las metamorfosis

Las metamorfosis

Sep 19, 2026 | 6 Comentarios

Desde la primera vez que contemplé las fotografías que ilustran este avería, supe que había magia en ellas. Estaban excelentemente realizadas, sí, pero en realidad, la técnica era lo de menos. La técnica, ahora lo sabemos bien, se ha convertido en un falso impostor que muchas veces acaba con la inspiración y la locura. El ritual lírico. Así que lo que me atrajo en este caso fue tanto el poso misterioso y vivo de su atmósfera como, sobre todo, su autenticidad. O más bien, la convicción total de que tanto el fotógrafo, Paco, como la intérprete, Mabel, habían logrado penetrar en territorios distintos, fronterizos, en los que los límites y las distinciones entre la realidad y la eternidad se difuminaban completamente.

Estos últimos días al observarlas con mayor tiempo y profundidad, he corroborado esta impresión. Entiendo que las imágenes capturadas por Paco Vivog de su difunta musa —su ángel alado, Mabel— son mucho más que fabulosas instantáneas de una performance o un ritual artístico. En realidad, recogen esa sensación inconfundible que se produce cuando la vida y el arte se funden en un diálogo secreto y nos abren la puerta a otra dimensión. Son tapices que describen un salto sin red, un pacto con lo invisible. Una ceremonia donde el arte deja de ser decorado y fantasía para transformarse en rezo místico con los ángeles y demonios del firmamento.

En verdad, creo que lo que vemos en ellas va más allá incluso de los misterios representados o de los simbolismos claros que se observan a primera vista.

Vislumbro, de hecho, que estas fotografías reflejan en gran medida, el instante exacto en el que un alma es poseída por las fuerzas telúricas de los lugares que visita, por el espíritu de la obra que está realizando y, poco a poco, se abandona, se deja ir, hasta pasar a otro plano. Creo, sí, que lo que contemplamos aquí no es sólo arte. Es una transfusión entre  la realidad y el más allá. Iría, de hecho, aún más lejos. Creo que lo que contemplamos es una posesión sutil, una huida del alma de una mujer hacia otra dimensión. El momento justo en el que una persona dejó de ser humana y se convirtió en presencia, mito, volando hacia otros confines, más allá de sus deseos.

Hay algo, repito, en estas fotografías que va más allá de lo artístico. Casi diría que son el relato de una metamorfosis, de la transformación de un ser humano en un alma lejana, una visión, un misterio, una locura, un aura. Pergamino antiguo.

Intentaré explicarme.

La serie de instantáneas que contemplamos nació aparentemente de forma casual y espontánea. Paco Vivog y Mabel viajaban por Irlanda en verano de 2013.  Después de unos días en Dublín, alquilaron un coche para perderse por paisajes megalíticos y, en Galway, se acercaron a Connemara, tierra de bosques y leyendas.

Fue allí, viendo unas plantas enormes entre la maleza, cuando Paco le dijo a Mabel que se colocara entre ellas para retratarla. Ella, instintivamente, se cubrió la cabeza con su pañuelo, envolviéndose en verde, mezcló su pelo con el rostro, adoptó poses traviesas de bruja, como quien entiende que va a ser absorbida por el bosque y, al mismo tiempo, juega a camuflarse. Y, de repente, sufrió una especie de metamorfosis. Dejó de ser la mujer que Paco y sus amigos conocían y se convirtió en un símbolo de la naturaleza, parte del paisaje, ninfa o espíritu, cuerpo en trance entre el agua, las piedras y los musgos de Irlanda.

Mientras ascendían por los caminos de Kylemore Abbey, entre cascadas y bosques húmedos, contemplando la embriagadora presencia de una casa victoriana con grandes jardines, ella saltaba piedras, se abrazaba a troncos, se recogía en las rocas como si alguien le invitara a perderse, fundirse y dejar al alma danzar libre fuera del encuadre. ¡Los elfos se carcajeaban y las orugas abrían sus bocas de acero!

En esos momentos, quizá no fueran del todo conscientes, pero, Paco y su compañera, ya habían cruzado una puerta invisible, un cónclave del que no retornarían jamás. En realidad, Mabel llevaba intentando abrir ese pasadizo desde hacía años con insistencia, pugnando, peleando en cada proyecto vital por fundirse con el infinito para conocer las corrientes subterráneas del más allá.

Llevaba, por ejemplo, más de una década indagando en un símbolo arquetípico: la espiral. Una alegre y enigmática figura que remite a la danza eterna y al laberinto: representa el flujo de la vida, el tránsito, el diálogo incansable entre lo humano y lo natural, entre los cuerpos y el misterio, el arte y la raíz de la existencia.

En un ensayo que dediqué hace años a la obra de Sergio Pitol, estudié con detalle la importancia de la espiral como símbolo que permite entender la totalidad abierta, el retorno siempre distinto, la metamorfosis y el eterno diálogo entre presencia y ausencia, humano y divino. En la espiral, el tiempo no es recto ni simple ciclo, sino expansión, trasvase, superposición de presentes y pasados, de deseos y auras: es la mejor imagen de ese instante en que el alma parece abandonar lo conocido y fundirse en el otro lado.

La espiral en el arte es el hilo de Ariadna entre el cuerpo que se entrega y el alma que vuela. Es esa línea que nos recuerda que a cada giro corresponde una transformación. En cada anillo se encuentra la puerta a otro misterio. Una nueva metamorfosis.

Precisamente, (tras ya unos años de inmersión en las espirales) fue una vibración similar lo que condujo a Mabel a realizar su baile infinito en aquel lejano y mítico día en los bosques de Irlanda.

Tras aquella visión, aquella eucaristía con la naturaleza y los hados del misterio, después de haber comulgado con los duendes de los bosques, aquella mujer dejó de ser posiblemente (en algún plano) la mujer que conocíamos y comenzó a mutar, a transformarse en presencia, alma muda, musa perdida, velo rasgado a medida que visitaba lugares sagrados en los que se convertía en figura santa, casi bíblica, también mítica. Una presencia muda, cabeza cubierta de gasas, que transformaba cada piedra, gruta, columna o árbol de los los centros sagrados que visitaba en rezo místico. Cada giro de la espiral en el eco de una eternidad antigua.

Paco y Mabel repitieron lo que ocurrió de manera casual en Irlanda en otro lugares. Visitaron, entre otros, las Catacumbas de San Gennaro (Nápoles), las Ruinas de Pompeya y Herculano, la Necrópolis Etrusca de Cerveteri, Stonehenge, La Bastida (Totana), La Almoloya (Pliego), el Palacio de Knossos y el Palacio de Festos (Creta), La Acrópolis de Atenas, Delfos, Corinto o el Templo Egipcio de Maratón. ¡Una incandescente e interminable llama!

En algunos de esos centros arqueológicos y monumentos, los visitantes tienen prohibido realizar fotografías. Pero Paco y Mabel no eran viajeros normales ni turistas de cajón. Ellos no habían ido a conocer esos lugares míticos. Esos lugares sacros los habían llamado. Esos lugares místicos los habían elegido. Ellos estaban invitados a entrar en aquellos territorios arcaicos, llenos aún de pureza trascendente, no por ninguna autoridad política o social sino por dioses ocultos y por los mandamientos de libros secretos. En definitiva, por el magma incandescente, supremo de zonas santas en las que el acto de fotografiar se convertía en rito y el acto de ser fotografiado en apareamiento con lo sagrado. Altar y ritual. Conmemoración y baile. Poesía y fuego y agua y piedra.

En aquellos parajes míticos, Mabel podía continuar girando su cuerpo y cabellos. Moviendo los pies. Podía seguir, sí, danzando. La danza eterna de la espiral, la de las bacantes y la de los poetas. En el centro de esos suntuosos rincones históricos, se convertía en vestal, doncella roja, bruja oculta, mujer persiguiendo una cortina velada y verso sufí. En esencia, era más que una musa. Era una diosa escondida. Una lira perdida en medio de monumentos que abrían sus compuertas a los parajes del Hades.

Allí, entre voces ocultas de dioses perdidos, se convertía en un ángel herido, pleno, caído, y también santo que no era visible para los seres humanos comunes. Por eso, Paco y Mabel siempre encontraron el modo de esquivar a los vigilantes. Lógico, ellos no habían ido a Creta o Corinto a redimirse ni a realizar fotografías de catálogo. Habían acudido a cazar a los espíritus, a conquistar el misterio. Ellos, de hecho, encarnaban el misterio.

El Edén era un pozo histórico.

Algunas de estas instantáneas (o más bien llamas, lamentos, rezos y gritos) se realizaron en escasos segundos. Apenas un minuto o dos. El tiempo del que disponían antes de que los guardianes los amonestaran. Pero como se puede comprobar, pareciera que todas ellas se realizaron durante 24 horas, en medio de un tiempo eterno y en pausa.

Lo único que parece moverse en ellas, de hecho, es el mundo interior de Mabel. Los monumentos siguen ahí, las zonas sagradas, las voces de los cíclopes, titanes y antiguos sacerdotes, los templos y las cataratas convertidas en estatuas. Todos los recintos sagrados hablan, sí, (yo al menos los escucho) pero, si nos fijamos, no se mueven. Porque respetaban, seguramente intimaban y contemplaban con sigilo y descaro la danza sagrada de Mabel entre ellas. Sus constantes metamorfosis y revueltas lunares.

Me queda aún algo más que decir sobre estas poesías, estas letras en llamas. Normalmente, en las sesiones cotidianas, las de las revistas de diseño, el fotógrafo suele poseer a la modelo. Es habitual. La fotografía tiene bastante de arte vampírico. El artista se alimenta de la belleza de la musa, la celebridad o el deportista. Creo que, en este caso, este proceso vampírico no ocurrió porque Paco y Mabel eran marido y mujer. Compañeros incansables. Así que entre ellos existía una comunión. Comunicación, baile y belleza. Mística sin palabras. Compañía en el caos de los laberintos y las ciudades del pecado. Una mano amigo en Sodoma.

En fin, volviendo al principio de mi avería, creo sin embargo que sí hubo un cierto proceso de vampirización. Pero hablar de vampiros ante unas fotografías tan bellas, que hacen pensar en pasajes bíblicos y clásicos de la cultura latina y griega, me parece banal. Lo que creo, sí, que existió, en definitiva, en ellas -y por eso creo que me sentí atraído desde el primer momento por estas flechas – fue una posesión. Una posesión ancestral.

Paco y Mabel abrieron las compuertas de los centros sagrados. Las empalizadas secretas secundaron su paso. Pero el precio que tuvieron que pagar no fue escaso.

En el año 2019 Mabel falleció. Desconozco (y no me importa en realidad) el diagnóstico de su enfermedad. Pero lo que sí puedo visualizar con total claridad es que esta muerte fue una especie de catarsis simbólica que probablemente no hizo justicia a la mujer, al ser humano que fue, pero sí a la artista que deseó ser, aquella que fue.

No más que hay que comprobar un dato biográfico. Otra danza. La definitiva.

Antes de incursionar en la Zona, en las viejas megalópolis y templos, y conforme se sumergía en los meandros de los tejidos de la espiral, a medida que descendía a los océanos, Mabel se había sumergido ya en la ciudad de las mujeres muertas.

Había realizado poesías en las que hablaba de mujeres y mariposas violentadas que yacían inertes y castradas en medio de tumbas silenciosas. Ella misma se había bañado en hojas rojas y sangrientas para unirse al llanto de aquellas almas asustadas que nadie escuchó. Mujeres castradas, mujeres vejadas, mujeres muertas, enterradas tal vez sin sepultura.

Desde el comienzo, por tanto, de su búsqueda artística, de su fuga vital hacia el más allá, se sentía totalmente fascinada por la mortalidad. De ahí su escucha auténtica de los centros sagrados. De ahí su inmersión en los laberintos y cuevas. Su renacimiento en medio de los océanos.

Su obra, su alma era un duelo, duelo por las mujeres censuradas, violadas, calcinadas, asesinadas. Duelo por la naturaleza calcinada entre plásticos industriales, fuego de plástico y madera de plástico. Duelo por la agricultura convertida en un aborto alimentario. Duelo por los mares transformados en basureros. Refugio de bombas. Duelo por un mundo agónico y búsqueda desesperada de encuentros (y reencuentros) anímicos en bosques, mares, desiertos, arenas e iglesias paganas y místicas, teatros, telares y puertos.

Así que, al final, siendo consecuente con su alma secreta, (esa que no vemos, pero siempre está presente detrás de cada uno de nosotros) se fue. Partió. Tal vez antes de tiempo. Tal vez. Pero también en su tiempo, el tiempo eterno. Dejándonos como testimonio una danza, un cruce de vivencias y metamorfosis que aseguran que siempre, allí donde alguien las contemple, su espíritu seguirá resplandeciendo en medio de cielos dorados.

Como Dafne y Eurídice —más conocidas por su descenso al otro lado que por su paso fugaz entre los mortales—, también Mabel, al posar su cuerpo entre los bosques de Irlanda, comenzó a devenir presencia indescifrable. Se transformó en alma errante, en eco sagrado que habita entre raíces y ruinas, entre la espiral y la memoria.

Pero aquí están estas fotografías:
como las hojas de laurel de Apolo,
como la lira de Orfeo,
testigos y guías, amuletos y pruebas
de que lo humano y lo divino  continúan encontrándose
aunque sea solo en el resplandor fugaz de la imagen.

Al final, el arte verdadero no es solo espejo,
es destino y sacrificio,
es un torbellino sereno que trasciende
nuestro deseo de vivir y la inevitable necesidad de partir.

Estas imágenes demuestran que hay sueños que, de tanto en tanto, son reales.

Hoy, aquí y ahora, Mabel continúa danzando en medio del fuego de la espiral. Shalam

الجمال هش للغاية.

Muy frágil es la belleza

6 Comentarios

  1. Pura

    Que hermosa elegía,Paco
    Que hermosas fotos.
    Que hermosas palabras de amor…….

    Responder
    • Pepe López

      ¡ Qué texto más bello!
      Profundamente emotivo, me ha llegado al alma y es de una extraordinaria riqueza cultural. Está escrito con mucha sensibilidad y una gran fuerza literaria, que convierten la contemplación de las fotografías en, lo que son: verdadero arte.
      Las referencias mitológicas, históricas y literarias, el autor las integra de manera natural, con las palabras precisas y dan mucha densidad y profundidad al relato, consiguiendo elevar a mitos,la figura de la artista,MALEN y la del fotógrafo, PACO.
      Gracias, por realzar la belleza con palabras.

      Responder
      • Alejandro Hermosilla

        ¡¡¡Muchas gracias!!

        Responder
  2. juana

    Que belleza de imágenes, que fantasía la vuestra, que argumento mas poético. Gracias

    Responder
  3. andresrosiquemoreno

    1imagen…actividades entre christo y jeanne claude (artistas del envoltorio)…..a joshep koons le gusta el refugio para sus cosas…..
    2imagen…ese peinado lo llevaban las oferentes griegas a menudo en honor a klein blue….jajajjj
    3imagen…manias romanas (desaparezco autor el mago pop)….
    4imagen…eva la primera mujer zanahoria en la selva (tapa vulva talla xxl)….con todos los respetos a mabel & a paco vivo….
    5imagen…intervencion del mago pop….
    6imagen…principio surrealista (la pies dorados)….
    7imagen…y al final de la extraordinaria escalera la zanahoria rectangulo..(rusa)…
    8imagen…os quiero a todos muchisimo (la diosa del amor) jajajjj
    9imagen…giro sufi…manos en el suelo contando los maravedies…
    10imagen…la ooooo suena cuando de la palmera van saliendo nuevos seres con cabezas de palmetas…procreacion agricola….
    11imagen…lapidacion fallida (curioso contrafuerte en forma de barra hueca de hierro…
    12imagen….jesucrista (longinos se paso con la lanza)…sonrisa…(agata ruiz de la prada hubiera lanzado corazones sobre el cuerpo)
    13imagen…esta si que si es la estatua de sal biblica….nunca mirar atras por favor…..
    PD…¡¡¡¡lo que puede hacer la imaginacion!!…¡¡¡ma!!!
    https://www.youtube.com/watch?v=y4BNZoC64oA

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) Islam. Rezo en las cavernas. Heremita. 2) Yves Klein. Cromatismo superado por la belleza de lo antiguo. 3) Arsenal de Micenas. Corinto. 4) Vigilia en la selva 5) Magritte mirando al pasado sin querer mirar el futuro. 6) Lucha marítima. 7) Magia y misterio en un mundo perdido. 8) Sacerdotisa. Satiricón. El asno de oro. 9) Mitraismo 10) Han Solo. Llanto mesopotámico. 11) Arabia. Bowie. 12) Muerte roja 13) Cariotides. PD: escena absolutamente genial.

      Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Contenido relacionado

Videoaverías

Averías populares

Animales domesticos

La modernidad se ha empeñado en regular y racionalizar la sexualidad. Convertirla en materia de estudio educativa. Un tratado científico. Un hecho...
Leer más
Share This