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La vida es una tómbola

Ago 24, 2026 | 2 Comentarios

Maradona era una persona tan inabordable, tan excesiva, tan genial, tan tonel, tan ballena y, en definitiva, tan grande que, por mucho que se esmeró, ni tan siquiera un tipo tan salvaje y libre como Emir Kusturica fue capaz de realizar un retrato a la altura de su figura-balón.

Conozco a un muchacho argentino, Chepe, un viejo colega, fan absoluto de Excursionistas (su sueño es que sus cenizas sean enterradas en el campo de ese club de fútbol), que tuvo la suerte de conocer al serbio mientras preparaba el documental y realizaba algunos conciertos en la capital porteña. Hicieron buenas migas y Emir lo invitó a pasar una temporada en su casa. Recuerdo nuestras conversaciones antes del estreno de este misil. Él estaba convencido de que el director idóneo era Emir y que, de sus manos, sólo podía salir punk y rock and roll: la actitud ideal para retratar al astro.

No nos vamos a engañar: el documental está muy bien. No es ni de lejos lo fallido que muchos dicen que es. Otro tema es que probablemente no sea el DOCUMENTAL. No sea la GENIALIDAD. Entre otros motivos, porque Diego es inabordable e inacabable. Diego era tan grande que ni diez documentales podrían haberle hecho justicia. Diego no era Dios, pero lo parecía y eso lo saben todos, desde sus detractores hasta aquellos a los que su figura les provocaba indiferencia.

En cualquier caso, si en algo están de acuerdo todos aquellos que han visto el documental, es en la grandeza de su final. Poético, crudo, triste, inmenso. Me refiero, claro, a la ya mítica escena del encuentro entre Maradona y Manu Chao en la calle. Ni Manu ni Diego sabían que iba a ocurrir y se nota. Y es eso, entre otros motivos, lo que hace esta escena tan grande: porque Diego, un prodigio por otra parte de espontaneidad, no tiene tiempo para pensar. Solo para sentir.

Como he dicho, el encuentro entre Diego Maradona, Emir Kusturica y Manu Chao ocurrió espontáneamente. Diego Maradona y el cineasta serbio Emir Kusturica viajaban juntos en el conocido «Tren del Alba» para participar en las protestas contra la Cumbre de las Américas y las políticas de George W. Bush. Casi de manera milagrosa, en una parada en una gasolinera de Mar del Plata, el equipo de Maradona se cruzó de casualidad con el músico franco-español. Kusturica aprovechó para preguntarle a Manu Chao cuándo podrían grabar formalmente una toma de la canción que había compuesto al astro y éste le dijo que por él, podían hacerlo en ese mismo momento. Agarró la guitarra y, sin más, se puso a cantar.

La mística de la escena es impresionante, precisamente por ser muy sencilla. Pura calle. Vestido con aires zíngaros, aparece Manu Chao con su gorra de lana y una guitarra de madera gastada, plantado en una acera con su guitarra en las manos. Lo más increíble es que Manu simplemente canta. No hace más. Ok, sí, canta sobre Maradona. Un tema que aparece en su álbum La radiolina. Ocurre que lo hace con una sencillez total, casi con desgana, pero con ritmo. El trovador no busca ensalzar al mito, no lo lleva al ámbito divino. Simplemente dice lo que siente: «que si fuera Maradona viviría como él». Poco más dice. Sí, unas cuantas frases más, pero pocas.

Manu no hace más que rasgar las cuerdas con honestidad y, de repente, se produce la magia. El momento. El milagro. Diego comienza a llorar. Comienza a soltar lágrimas. Por nada en especial y por todo, por toda una vida entera. Porque, de alguna manera, se ve reflejado en esa melodía con la crudeza de un espejo descarnado. En esos acordes ve sus errores, sí, pero sobre todo redime su libertad. Porque es precisamente de eso de lo que está hablando Manu: de que, por más millones que tuvo, por más títulos que ganó y por más famoso que fuera, Maradona fue, ante todo, un alma indomable. Un hombre libre para cometer todo tipo de caídas y equivocaciones.

Hay, por supuesto, otra faceta que hace de esta escena algo inolvidable: Diego es el hombre de las multitudes; es casi imposible encontrar imágenes en las que no esté rodeado de gente. Pero aquí está solo. No únicamente en el sentido físico, sino sobre todo en el personal. Durante unos instantes comprobamos, casi comprendemos, la gran soledad del astro. El Diego del pueblo se convierte por un momento en un hombre solo y roto. Alguien que quiso ser libre, sin ninguna cúpula rígida que lo dominase, y que al ver a Manu y a su acompañante cantar en la acera, experimenta una envidia sana y un dolor sagrado, profundo y enorme. Es el peso de saber que él nunca podrá volver a ser inocente.

Quizá, por un instante, Diego piensa que hubiera preferido correr por los campos de barro de su infancia, descalzo, sin botines ni indumentarias corporativas que en el fútbol profesional. Tal vez incluso siente que, en el fondo, él era solo eso: otro músico callejero, un hombre inocente que se equivocó no una sino mil veces, pero que nunca se vendió al guion del sistema. Él lo sabe. Vive con ello. Pero ver cómo alguien entona una melodía tan sencilla, ensalzando la belleza de sus propios desastres en lugar de juzgarlos, lo eleva de golpe a otra dimensión.

Kusturica acaba el documental en lo más alto. Precisamente porque no nos muestra al mito, al barrilete cósmico, sino al hombre entero, aun en pie, pero dañado, roto. Profundamente solo. Diego, el Maradona real. Shalam

يكمن الطريق إلى العظمة في التزام ا الصمت

El camino a todo lo grandioso pasa por guardar silencio

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…la persiana no ha sido atravesada la persiana ha salido a la calle y se ha convertido en el material de los trajes de los tres individuos…los tres rien montados en un dos caballos…..
    2imagen…atento…maradona atento….(atento al guru)….
    3imagen…maradona esto que es….(quiero ayudar a los demas empezando por mi)..jajajjjjj
    4imagen…el inicio de los maradonas stones….jajajjj
    PD:……data bank…prince…1986….(como van vuestros bancos queridos amigos)….
    https://www.youtube.com/watch?v=1PommcjvaV8&list=RD1PommcjvaV8&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Los chunguitos. Canta bandolero por mi vida plena. Canta bandolero por mi corazón huido. 2) ¿Qué dice esta aparición de mi vida? ¿Qué pájaro ha venido hoy aquí a transmitirme un bello mensaje? 3) ¡Coño! Hay en esta canción algo que me toca. 4) Yo lo tuve todo y lo perdí todo. Ni Shakespeare podría rescatarme. Soy un hombre hundido pero he amado de verdad. PD: divertido y genial Prince. Se le echa de menos. El mundo le echa de menos.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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