Un genio al que le gustaba sonreír
La palabra genio suele ser utilizada muy alegremente. Demasiado. Sin embargo, a Brian Wilson no le quedaba precisamente grande. Es de los escasos...

Mozart orinaba música. Beethoven la vomitaba. Mozart la transcribía. Beethoven la golpeaba. Su obra, de hecho, parece un airado combate en contra de los dioses. Una furiosa venganza contra la historia y el mundo. Cuanto más alegres son sus composiciones, más miedo me producen. Más desosiego y ansiedad. Porque Beethoven es un trágico. No ríe nunca. Ni tan siquiera cuando toma una copa de vino. Y se toma la vida con tanta seriedad que hace que siempre que escuche una de sus obras me sitúe a unos metros de distancia del lugar donde emerge el sonido.
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