Dejo a continuación el último avería de la serie que he estado dedicando últimamente a Marlon Brando. Tan sólo aviso que, debido a su extensión, lo dividiré en dos partes: hoy publico la primera y, en breve, la segunda. ¡Ahí voy!

La rebelión constante
Como comenté en otro avería, la relación de Brando con su padre fue sumamente conflictiva. Resulta, de hecho, más que lógico pensar que los constantes desafíos y desplantes chulescos de Brando contra las autoridades, Hollywood, el ejército y cualquiera de sus superiores a lo largo de las distintas etapas de su vida tienen su raíz en esa traumática relación. A menudo, al actor le hubiera gustado mandar a tomar por culo a su progenitor alcohólico, pero, a su vez, en otras ocasiones, sentía la necesidad de soportarlo, perdonarlo. Una paz paterno-filial a la que el actor norteamericano aspiró con toda su alma, pero que, a pesar de sus esfuerzos, nunca logró alcanzar.
Esa herida, en gran medida, lo convirtió en un renegado. Un airado huracán que no se cansó nunca de alzar su voz y sus brazos contra las injusticias sociales que se cruzaban en su camino.
Su tormentosa relación con la figura paterna resulta, desde luego, importantísima para comprender muchas de sus interpretaciones. Incluso las juveniles, como es el caso del mítico (y mitificado) Johnny de Salvaje. Si Brando encajó tan bien en aquel papel, desplegando magnetismo con aquella icónica cazadora de cuero, no fue por generación espontánea. Había algo más allí, como él mismo se encarga de confirmar en su biografía en un pasaje en el que, por momentos, la persona y el personaje parecen confundirse: «Más que en la mayoría de los papeles que he interpretado en el cine o sobre el escenario, me identifiqué con Johnny, y por eso creo que lo interpreté como más sensible y simpático de lo que el guion imaginaba. Hay una frase en la película donde gruñe: “Nadie me dice qué hacer”. Así es exactamente como me he sentido toda mi vida. Como Johnny, siempre he resentido la autoridad. Siempre me ha incomodado que la gente me diga qué hacer, y siempre pensé que Johnny buscó refugio en ese estilo de vida porque estaba herido; porque había recibido poco amor de niño y luchaba por sobrevivir con la inseguridad emocional que su infancia le obligó a arrastrar hasta la edad adulta. Por el dolor emocional de sentirse un don nadie, se volvió arrogante y adoptó una pose de indiferencia ante la crítica».
De todos modos, no hay que llevarse a engaños. A pesar de lo que pueda parecer, al principio de su trayectoria, Brando no fue un rebelde sin causa a tiempo completo. Brando actuaba más por instinto o por intuición, más dejándose llevar por la fuerza de las pasiones, que por un deseo consciente de rebelión o una profunda molestia con la sociedad. Era demasiado joven, tenía demasiada fuerza. Lo que ocurrió en Salvaje (y antes en Un tranvía) fue que aquella ira sin canalizar, esa desbordante furia brotó y se manifestó con una naturalidad y talento inusitados.
Brando mismo era consciente del poder del mito y las imágenes y de cómo la iconografía en este caso terminó por desplazar e imponerse a la realidad: «Cuanto más te aproximas a interpretar con éxito a un personaje, más la gente te mitifica en ese papel. La percepción lo es todo. No llevaba los vaqueros como símbolo de nada, simplemente eran cómodos. Pero como llevé vaqueros y camiseta en Un tranvía llamado deseo y monté en motocicleta en Salvaje, me consideraron un rebelde».
Merece la pena detenerse un poco más en Salvaje. Para nosotros, hoy en día, es un fetiche cinematográfico de la era rock. Pero no era esta la idea que rondaba la cabeza de Brando ni de sus realizadores. Salvaje fue un filme que tuvo la virtud de adelantarse a su tiempo. Un puñetazo que encajó en el mentón adecuado de manera imprevista. Supo, de hecho, condensar la atmósfera de la era del rock justo cuando la planta estaba comenzando a crecer. Se adelantó al zeitgeist de una era pero no porque la obra ya fuera en sí misma una guitarra eléctrica (que, por supuesto, también lo es) sino porque apareció, casi por generación espontánea, en el momento preciso. A decir verdad, prácticamente nadie esperaba que tuviera las repercusiones sociales que logró. Ni tan siquiera el propio Brando.
«Mi quinta película, The Wild one, se basó en un hecho real: una banda de motoristas aterrorizando un pequeño pueblo agrícola de California. Me divertí mucho haciéndola, pero nunca esperé que tuviera el impacto que tuvo. Estaba tan sorprendido como cualquiera cuando las camisetas, los vaqueros y las chaquetas de cuero se convirtieron de repente en símbolos de rebeldía. Stanley Kramer, el productor, Laslo Benedek, el director, y John Paxton, quien escribió el guion, (…) solo querían contar una historia entretenida. De hecho, la reacción a la película dijo más sobre el público que sobre la película en sí. Algunos locos incluso aseguraron que Salvaje era parte de una campaña de Hollywood para relajar nuestra moral e incitar a los jóvenes a rebelarse contra sus mayores. (…) En retrospectiva, creo que la gente respondió a la película por las corrientes sociales y culturales que, unos años después, estallarían volcánicamente en los campus universitarios y en las calles de Estados Unidos. Bien o mal, estábamos al comienzo de una nueva era después de varios años de transición tras la Segunda Guerra Mundial; los jóvenes comenzaban a dudar y a cuestionar a sus mayores y a desafiar sus valores, su moral y las instituciones establecidas de autoridad. Había una brizna de vapor justo bajo la superficie cuando hicimos esa película. Los jóvenes buscaban una razón —cualquier razón— para rebelarse. Yo simplemente estaba en el lugar correcto, en el momento justo y en el papel adecuado».

En realidad, cuando Brando comenzó a convertir su comportamiento rebelde casi en un método de vida que le servía para presionar a productores, negociar contratos, desafiar a directores y hacer, en definitivas cuentas, lo que le daba la gana, fue en los 60. He estado viendo estos días El rostro impenetrable y Rebelión a bordo y queda palpable que el actor norteamericano hacía por entonces lo que quería con medio mundo.
Los dos filmes se rodaron a principios de la década. Es decir, todavía estábamos con un Brando (previo a su resurrección en El padrino) que no había caído en la autoparodia, la desidia o la caricatura, pero ya son muy palpables ciertos gestos a mitad de camino de la egolatría y el divismo. Ocurre que Brando era tan buen actor y tan profundo como persona que muchos de esos rasgos de autosuficiencia, y gestos o guiños constantes que el actor realiza a los espectadores (cómplices o no con su figura), terminan por ser simpáticos. Contribuyen a agrandar su leyenda o consolidarla.
El rostro impenetrable es un filme que Brando dirigió por azar. En principio, el director iba a ser Stanley Kubrick. Pero el genio británico no estaba muy satisfecho con el guión. Brando lo ofreció a diversos directores pero nadie aceptó y finalmente él tomó las riendas. Y, a decir verdad, le salió una película más que interesante aunque, como casi siempre, acabó enfadado con los productores. La Paramount no respetó su corte ni su visión de la obra. Para Brando fue un caos sacar adelante este proyecto pero, por lo que se ve en pantalla, pareciera haberlo pasado bien. Desde luego, no fue porque no pusiera empeño. Llegó a abofetear a sus actores para captar su expresión de susto e incluso a emborracharse para lograr que una escena, en concreto, resultara más convincente.
En cualquier caso, lo que me interesa resaltar es que en muchos momentos del filme Brando pareciera realizar una especie de morboso juego cinematográfico. Se interpreta a sí mismo. Utiliza lo que el espectador sabe de él y sus conflictos con el sistema y las mujeres para colorear un personaje que es tanto un malhechor como el propio Brando. Hay momentos, de hecho, en los que parece que nos está diciendo: ¿No me véis? Soy Brando actuando pero aún así, haciendo de Brando, puedo esculpir un papel importante. ¡Ja! Soy el puto Brando.
Este tipo de juegos no los realizaba ni en La ley del deseo, Salvaje o Un tranvía llamado deseo. Tampoco, claro, en Julio César. Allí Brando se ponía al servicio de su personaje. De su vida extraía lo necesario para componer un rol. Sin embargo, tanto en esta película como en Rebelión convierte a su personaje en un remedo sarcástico, trágico y burlón de sí mismo. El personaje no es sólo el que dicta el guión sino el propio Brando. Algo que anuncia en gran medida la magnífica, árida, desnuda performance que sobre su propia vida llevó a cabo en El Último tango en París.
Tanto en El rostro como en Motín vemos una película pero también a Brando diciéndonos todo el tiempo que él hace lo que quiere con la película, que cada escena tiene el ritmo que él desea. Los gestos de pesadumbre del Brando de Rebelión, por ejemplo, al igual que sus risas o rictus de gravedad no parecen ser sólo necesarios para comprender al personaje, sino que son extensiones de la relación de Brando con la autoridad, la fama, los estudios. Brando, desde luego, no interpretó a un forajido en El rostro impenetrable. Él era ya un forajido, (también comenzaba a ser un poco cínico) y por eso, a pesar de los excesos, bordó este y otros papeles. Además de, claro, gracias a su portentoso talento.

En fin. Podríamos seguir y seguir en esta línea. Pero tampoco quiero hacer esto interminable. Lo que sí puedo asegurar es que si alguien quiere seguir explorando esta vía de rebeldía de Brando no debería perderse la relación tensa, irónica, divertida y angustiosa del actor con sus analistas. A casi todos los consideraba necios. Incluso «locos». Personas nerviosas, con necesidad de sentirse en control porque no podían manejar su propia vida. Con alguno de ellos incluso volvió a repetir la historia de su padre. El doctor en cuestión vivía en Berbery Hills y cuando el actor más lo necesitaba, después de años en terapia, el tipo lo dejó tirado. Solo y descompuesto.
Únicamente, ya bastante maduro, encontró cierta paz con un terapeuta: G. L. Harrington. Este psicólogo le enseñó a mirar su dolor con cierta distancia, a reírse de sí mismo. Era juguetón y un tanto transgresor. Pero para entonces su padre era ya un fantasma, un mero recuerdo. Hacía bastantes años que había muerto. Tal vez no tenía ya mucho sentido continuar enfrentándose simbólicamente a su padre. El combate en el ring hacía demasiado tiempo que había concluido. Brando estaba preparado para perdonar a su progenitor. Puede, eso sí, que nunca lo estuviera para perdonarse a sí mismo. Ok. Probablemente había logrado ser el actor más grande de la historia, conquistar a cientos de mujeres, tener en su mano el mundo, comprarse una isla. Pero, ¿qué tipo de marido y padre había sido? Shalam
السجن يشبه هوليوود، لكن الناس فيه أكثر رقيًا.
La cárcel es como Hollywood, pero la gente tiene más clase







1imagen….se que hablais de mi aunque mis galones son de capitan estrellado…no puedo evitar significarme….
2imagen… un policia motorizado come bolsa de patatas chips (hombrezazo)….
3imagen…al subir las escaleras de la salita azul estaba esta foto enmarcada….
4imagen…pero que me estas diciendo… no se si tomarlo en serio o no…jajajjj…
5imagen…yo lo haria de otra manera….
6imagen…no lo tenia pensado pero dadas las circunstancias un golpe de estado en un buque de su majestad inglesa seria liberador…un anarquista…..
7imagen…recoriendo las tomateras enseño esta cara a mi nieto(asustado), juego al pilla-pilla y muero….
PD…johnny b. goode..chuck berry…1958…todos los «blanquitos dando saltos…black power……
https://www.youtube.com/watch?v=llZ9pigGw0I&list=RDllZ9pigGw0I&start_radio=1
1) ¿Tú qué miras eunuco? ¿No sabes que pronto el rock reinará? 2) Un tipo que observa de lejos lo que ocurre con el caminó y el conductor en «El diablo bajo ruedas». Spielberg. 3) Poster que encontré en casa de mi novia y de la amiga de su novia y de la otra amiga de la novia. 4) No me toques los cojones. 5) Este me toca más los cojones. Este directamente va a lo más profundo de mi corazón. Merece pistola. 6) Me visto de oficial y me pagan un pastón 7) Me hubiera encantado participar en un filme de la hammer junto a lorrey y todos esos pero… PD: Berry un bombón rockero, dicharachero, que acabó rompiendo todo tipo de éticas sexuales.. Restaurante con cámaras en el baño y más.. y más..jajjaajja Rock and roll. go.. go..