¡Feliz 2024!
Es difícil expresar correctamente lo que uno piensa cuanto termina un año y comienza otro. La suma de sensaciones y recuerdos que todos recibimos es...

¿Qué puedo decir? Realmente, disfruté tanto aquellas lecturas en las que, dadas las circunstancias, me pude concentrar sin distracciones, y me vi obligado a realizar tantos esfuerzos para recuperarme, que tuve desde entonces muy claro a lo que deseaba dedicarme el resto de mi vida: a la literatura. Así que, finalmente, aquel accidente fue probablemente un acontecimiento afortunado, un aviso divino porque, como aquellas pesadillas reflejaban, la vida salvaje y nómada de los moteros y los rockeros no era desde luego para mí. De hecho, si puso algo de manifiesto con absoluta claridad no es más que la verdadera ruta que debía comenzar a recorrer y los paisajes que tenía que visitar se encontraban entre las páginas de los libros. Lejos en la medida de lo posible de los arcenes de las carreteras y los camerinos llenos de drogas de los rockstars a quienes, desde entonces, seguiría con admiración a distancia. Soñando, eso sí, poder narrar sus hazañas o hablar de sus discos con la destreza épica con la que lo hiciera Homero de los héroes griegos. Shalam
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