Los 100 mejores discos del Siglo XX
Hace más de una década me propuse llevar a cabo un proyecto que me parecía sumamente sugestivo e interesante. Me refiero a la confección de un libro...
En fin, todo esto lógicamente sería más o menos soportable para mí si estuviera trabajando con normalidad en la Universidad Veracruzana. Pero no es así. Me encuentro viviendo en el absoluto vacío por causa de un error de la anterior administración y el egoísmo y ausencia de empatía del abogado que me defiende. Quien me aseguró una y mil veces que la demanda que, impotente, decidí poner, no llegaría jamás a los despachos de la Universidad si conseguía resolver la situación dialogando con ellos, como así estaba haciendo, cuando les llegó el requerimiento judicial y todo estalló por los aires para siempre. Lo cierto es que a pesar de la incompetencia de este abogado, yo estaba abierto al diálogo y hubiera retirado la demanda si la rectora me hubiera llamado para entablar una conversación que solicité por varios medios. Pero esto nunca sucedió. El poder es inhumano, destroza vidas e ilusiones y si alguien se atreve a clavar una aguja en sus piernas, responde con indiferencia e intolerancia. Defendiéndose y enroscándose como una alimaña o serpiente en torno a su propia mediocridad. Ofendiéndose de tener que ajustarse a ley después de haber arrojado unas cuantas bombas en el campo de batalla del enemigo. Creando, si es posible, más miedo y presión. En resumen, mostrando la inmensa montaña de mierda y mediocridad de la que surge. Pues al fin y al cabo, las personas que lo ocupan se encuentran allí debido a determinados intereses y no tanto a un brillante expediente académico que si lo poseen, no deja de ser una excusa para engañar a los mansos e inocentes. A «la opinión pública», utilizando la terminología política.
Yo estoy más o menos preparado para luchar contra el poder y escribir. Pero no para combatir contra quienes deberían ser nuestros cómplices: los editores. No para dialogar con editores que tienen una actitud de rockstars y parece que piensan que los escritores dependemos de ellos y debemos ir detrás de ellos y rogarles para publicar sus libros en sus benditas editoriales. Y esto lo he experimentado ya varias veces en México como para pensar que es una paranoia mía, un mero dislate o algo circunstancial. Al contrario, es algo estructural personal y social. Una marca de comportamiento que suelen tener la mayoría de personas que tienen cierto poder probablemente por una mezcla de inconsciencia, complejo de inferioridad e impulsos egóticos desmedidos.
En fin, hace unas semanas, el escritor Marco Tulio Aguilera me comentó que ser escritor es encontrase solo frente el mundo. Pero realmente no sé si esto es ya excesivo. Porque si además, los escritores tenemos que luchar contra los editores, ¿qué nos queda? Bueno. Sí. Los libros. Continuar escribiendo pase lo que pase y el éxito y reconocimiento que tengamos hasta la muerte y más allá de la muerte. Pero, convendrán conmigo, que es triste, muy triste observar tan de cerca la mierda. Aunque no sé de qué me sorprendo. Sólo hay que mirar con cierta distancia este mundo para comprender situaciones así. ¿Qué se puede esperar de una sociedad en la que no importan los muertos y heridos sino los gastos que estos puedan generar al hospital y donde no importa el bienestar de los ciudadanos sino el de los bancos? Muy poco o prácticamente nada. Algo realmente traumático y frustrante a lo que no creo que pueda acostumbrarme jamás.
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