El pasado de la casa
Para entender mejor una empresa como la sostenida por Mark.Z. Danielewski en La casa de hojas, me parece necesario revisitar ciertos momentos y...
«Barbarroja», «Caperucita y el lobo feroz» o «El gato con botas». No existe relato tocado por la pluma de Carter o filtrado a través de su mirada felina que no sea un festín exuberante. De hecho, parece una escritora venida desde confines remotos, siglos y civilizaciones perdidas para reivindicar su autoría sobre varios de los más importantes cuentos románticos e infantiles. Una autora que no parece únicamente haber sido quien los concibió junto a las hogueras encendidas en los fríos salones de casas perdidas en los campos y bosques sino también quien los protagonizó en varias de sus otras vidas. Por lo que puedo imaginarla perfectamente caminando por la vereda de una aldea encantada donde las ramas de los pinos se doblan conforme el viento mueve los pliegues de su falda y los lobos aúllan sobre la colina de montes solitarios. Y tampoco me cuesta visualizarla casándose con un hombre de una estatura enorme en un palacio situado en medio de una isla donde se escucha ópera constantemente y se encuentra prohibido acceder a una cámara de hierro en la que se escuchan voces de niños o durmiendo en las diferentes tumbas de un torreón en el que ni un solo rayo de luz se filtra.
Exactamente, esto es lo que sucede con La cámara sangrienta. Que Carter no narra ni describe sino que se transforma. Se convierte en la letra escrita de sus propios relatos. De hecho, el gran acontecimiento de este libro radica en asistir al libidinoso encuentro entre la escritora y lo narrado. Un exuberante coito lleno de escenas de terror y de un frío placer indescriptible que hiela el cuerpo. Aunque, asimismo, destaca la misteriosa manera que Carter posee de representar la sexualidad femenina puesto que la dota de un enorme poder que podría decirse que contribuye a transformar a los hombres en lobos. Incapaces de canalizar sus deseos si no es por medio de la animalidad.
La cáma sangrienta, sí, es un dulce y peligroso perfume otoñal. Un retrato del mundo interior de la naturaleza. El aliento de un violento fauno obsesionado con la mirada y cuerpo de una lánguida adolescente. Un suntuoso palacio lunar con vida propia. Un lienzo protagonizado por mujeres bañándose en un río durante una noche de luna llena. Un salvaje paraje por el que corren libres violentas adolescentes y lobos. En definitiva, un conjunto de cuentos cuyos ecos resuenan en tiempos diferentes convirtiendo historias clásicas cuyos secretos creíamos conocer en estrellas incógnitas y misteriosas estelas que emiten una luz que nunca se termina de aclarar. Refulge poderosa en el alba como si fuera la primera vez que atisbáramos el confín de sus noctámbulas fronteras. Shalam
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