Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Searching es un disco lleno de clásicos. De temas tocados por la varita mágica. De esos que hacen olvidar penas e invitan a mover los pies y beber alcohol sin freno. Pero aun así, es muy cerebral. Posee ciertos aires intelectuales que convierten esta sesión de baile en un reflexivo maremoto. Una obra elegante, adictiva y canalla que, a pesar de ser muy selectiva y meditada y poseer un toque vintage muy acusado, puede gustar a todo tipo de públicos. De hecho, su inteligencia y mezcolanza son tan amplias que estoy prácticamente seguro de que podría poner de acuerdos a mods y rockers y conseguir que ambas tribus urbanas danzaran sin medida en pequeños clubs al ritmo de sus cálidos temas. Esas explosivas canciones que por momentos incluso se aproximaban al ska y podían escucharse perfectamente en medio de una revuelta callejera o acompañando los besos de jóvenes enamorados, cuyo aroma a clásico antiguo hacía ideales para sonar en una vieja radio o en uno de esos jukebox cuyos sonidos acostumbran a acompañar partidas de billar y poker y miradas furtivas.
Searching es furia y lírica. Un disco poético que, a pesar de la ucronía temporal, podría aparecer perfectamente en una novela de D.J. Salinger. Un disco violento. Un disco hipnótico. Una obra que miraba tanto el pasado que acabó convirtiéndose en emblema del futuro. Porque, en realidad, era ambigua. Era contestaria y hedonista. Sensual y trágica. Ninilista y optimista. Visceral y muy meditada. Y, ante todo, se encontraba llena de melodías avasalladoras, entrañables y salvajes que podían sonar tanto en un cumpleaños adolescente plagado de jóvenes deseosos de desvirgarse, en un bar de París lleno de existencialistas o en los camiones y barcos de militares. Pues, al fin y al cabo, Searching es orgullo y violencia. Elegancia y destrucción. Nostalgia y presente. Es una obra visceral que convirtió al soul de los sesenta en un acontecimiento diabólico. Pura mitología pop. Documental épico. Es, sí, una novela de Dickens ardiendo de furia, rabia y deseo sexual. Una bella borrachera de arte sensual y callejero. Orgullo tanto de chulos de barrio como de dandys. Shalam
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