Viejo lobo de mar
Dejo a continuación un nuevo videoavería sobre un carismático actor capaz de interpretar con soltura a un matón, a un policía corrupto, a un húsar o...
En cualquier caso, la primera y, sobre todo, la tercera parte son brutales. Un ataque terrorista en toda regla a los telefilmes de sobremesa estadounidenses. Pongámonos en contexto. Durante la era Reagan, una gran parte de los norteamericanos vivían en una constante nube de dinero, drogas, vitaminas, rock, ganancias bursátiles y alcohol que anticipaba su incontestable triunfo en la Guerra Fría. Un acontecimiento que las cintas de acción repletas de héroes capaces de matar ejércitos enteros en varios segundos no hacían más que corroborar. Sin embargo, frente a esa desmesurada euforia, ese subidón que parecía proceder o bien del gigantesco consumo de cocaína y de azúcar o bien de una brutal ingestión de vitaminas, aparecieron, por todas partes, desquiciados filmes de terror en los que adolescentes (al fin y al cabo, muchos adultos de aquella época se comportaban como quinceañeros) eran golpeados por asesinos seriales y monstruos sin atisbo de belleza ni misericordia que cumplían en los cines idéntica función a la ejercida por Charlie Manson y su familia una década antes en la vida real. Eran el fiel recordatorio de que a todo sueño le sigue una pesadilla; de que no hay luz sin sombra.
De entre todos esos cuchillazos procedentes de la tinieblas no tardó en destacarse Pesadilla en Elm Street. Una obra que se encargaba de ponerle los pies en el suelo al triunfalismo yanqui.
Robert Englund lo interpretó magníficamente. Asegura en las entrevistas que se inspiró en la performance llevada a cabo por Klaus Kinski en el Nosferatu de Herzog para darle forma. Y que también visualizó unas cuantas películas de gangsters antiguas para dar elegancia y carácter a su monstruo. Pero, en realidad, tuvo tal simbiosis con su personaje que no creo que le hiciera falta. Estoy seguro de que simplemente, dejándose llevar por su intuición y disfrutando cada momento, hubiera bordado su papel. Puesto que, a pesar de los kilos de maquillaje que llevaba, era posible discernir sus gestos con claridad. Verlo sonreír y gruñir con la seguridad de quien sabe que es indestructible.
Wes Craven acertó en el centro de la diana con su filme. Un increíble éxito comercial. Sin embargo, sí que creo conveniente señalar que el final que había ideado era sumamente decepcionante. Era realmente ridículo que Nancy acabara con Freddy dejando de creer en él. Me encuentro por ello entre los que piensan que hicieron muy bien los productores en imponer ese inquietante cierre de todos conocido. Me refiero, claro, a la escena del coche donde el asesino toma de nuevo el control. Más que nada porque ayudaba a ese intrincado juego laberíntico del filme que tan bien casa con los sueños y que Wes desarrolló magníficamente en la tercera parte. Sin dudas, la mejor secuela de todas. Ante todo, porque terminaba de destrozar con sutileza y elegancia, (además de, claro, las dosis habituales de suspense, mala leche, vísceras y sangre) la atmósfera plácida de los telefimes matutinos. Pero además, homenajeaba socarronamente a Ray Harryhausen y lograba transformar la pantalla en un expresionista y depresivo teatro de miniaturas que hacía recodar tanto a las tragedias griegas como a los lienzos de James Ensor, los nocturnos pintores surrealistas, la Alicia de Carroll, los delirantes dibujos de Bill Sienkiewicz e incluso al siniestro Manicomio Arkham donde el Joker y otros enfermos mentales intentaban huir de sus demonios
En fin, por si esto fuera poco, además de la mítica melodía compuesta por Charles Bernstein y dos canciones de Dokken, las atmósferas tejidas expresamente para esa ocasión por Angelo Badalamenti resonaban también entre sus trasnochadas e inquietantes imágenes. Un claro indicio de que para seguir el rastro de la la semilla implantada por Craven no habría que dirigirse a las posteriores secuelas de la franquicia sino a obras del cariz de Twin Peaks donde tanto la comedia de adolescentes como el drama juvenil quedarían subvertidos definitivamente. Serían absorbidos, sí, por el apocalíptico mundo de los sueños y conducidos a nuevos e insondables territorios. ¿No era, al fin y al cabo, absolutamente factible imaginar a una emanación de Freddy dando vueltas entre las cortinas y espejos de la exuberante habitación roja diseñada por David Lynch, brindando satisfecho junto al asesino de Laura Palmer y el enano bailarín? Shalam
1ºimagen:………..huele a almacen madera……a tortura…….
2ºimagen:……….vuelo, cuerno de ballena (arpon unicornio), membrana protectora, mitocondrias, craquele y fuego…….el «asombrismo»…jajajj….
3ºimagen: ……..la nada (yo que puedo hacer si me dictan)……….h.p.(hijo puta)………
4ºimagen: vamos a defender a «la diosa madre»………
5imagen: sorpresa!!! (el baño de cleopatra)………
6imagen: me cago en los krueger que se me acercan, te voy a tirar la impresora a tu geta……….
7imagen: imagen calificada como «x»……………
PD: todo «guerreros del sueño» es un gran y riquisimo «tutti frutti»………un gran licor43 (por su cantidad de afluentes)………..
Me congratula leer la palabra «tutti frutti» en un avería. Sobre todo, porque me recuerda a Little Richard. De las imágenes me gusta sobre todo la del baño de Cleopatra. Una asociación de ideas muy buena que jamás se me habría ocurrido. Me hace gracia también lo de «imagen calificada como x». La primera imagen la llevas de la cama al almacén, también muy bien. Interesante: vamos a defender a «la diosa madre».