A continuación, dejo un nuevo Avería en el que hablo de la experiencia como hospitalero. Lo hago con brevedad y de manera simbólica. Hay múltiples temas que no quiero tocar e infinitas anécdotas y situaciones a las que no me referiré. Lo haré (o no) con el paso del tiempo. Tal vez mis vivencias allí aparezcan como sueños dentro de un relato, o como una epopeya de sanación, o también como parte de un tapiz difuso lleno de luces y sombras. No importa. Lo que importa es que atravesé la experiencia y creo que salí de la misma más entero y fuerte. No fue fácil, eso sí. En cualquier caso, lo que importa es que atravesé la experiencia.
A continuación, dejo un pequeño resumen de la misma. Quien sepa leer entre líneas puede captar lo densa y profunda que fue, lo intensa que ha sido, y, por supuesto, entender mejor los motivos por los que, desde que entré al albergue de peregrinos como hospitalero, no pude (ni quise) escribir una sola línea en Avería. ¡Ahí voy!

Estoy de vuelta (2)
La vida está llena de claroscuros. Un relato sobre cualquier tema que solo hable de la luz o únicamente de la oscuridad nace muerto. Es un relato estéril, un aborto literario. Así que no sería justo con mi experiencia como hospitalero (y mi conciencia) mencionar únicamente lo bueno o lo malo. Sí puedo decir que la experiencia ha sido desbordante. Llena de misterios, alegrías, sutilezas y recovecos ocultos que tienen todos los mimbres de un relato novelesco o un inquietante filme plagado de carismáticos personajes, llantos, risas, angustias, abrazos y catarsis personales de largo recorrido.

Entre lo mejor, pongo sin duda a los peregrinos. Recuerdo, por ejemplo, haber recibido a un señor francés de 79 años, cuyo hijo había muerto poco tiempo atrás. El hombre estaba completamente deprimido, angustiado, perdido en su propio mundo. Pero un día se puso a caminar desde una zona cercana a París y, ¡voilà!, ahí estaba frente a mí, en una remota zona del norte de España, acompañado de otra mujer que había perdido a su hermana, pero había ganado una pareja, un verdadero hombre a su lado. Un hombre que había perdido varios kilos en la ruta, había rejuvenecido y volvía de nuevo a llorar y reír en compañía de alguien.
Recuerdo también a un amable padre francés (también venía caminando desde el país galo) a quien ayudé a dar misa en una pequeña iglesia, pues traduje sus palabras al español. Su ligereza, perspicacia e inteligencia aún resuenan en mí. La mirada de alguien que veía a través de las almas. Por supuesto, también me acuerdo especialmente de otro sacerdote brasileño, de mirada profunda y carismática, al que también ayudé en ciertos aspectos de la misa. Pero, sobre todo, lo recuerdo por su amplia cultura. Con él tuve una gran conversación sobre cristianismo y New Age, cristianismo y nihilismo, o cristianismo y capitalismo, que me fascinó y sorprendió por lo profundo de la misma. Yo no hubiera llegado a conclusiones más lúcidas que este santo padre que hablaba con absoluta fluidez varios idiomas y residía en Roma.
No puedo olvidarme tampoco de aquel otro peregrino francés que estaba realizando el Camino como canónicamente se había realizado a lo largo de los siglos. Desde Francia, recorrió el Camino antiguo hasta llegar a Santiago y, una vez terminado el trayecto hasta Finisterre, emprendió el regreso a pie, tal y como lo hacían antes los viejos peregrinos en tiempos en que no disponían de coches, aviones o trenes. Existía, de hecho, la leyenda que decía que peregrino no era quien iba a pie a Santiago sino quien iba y volvía a pie.
Fue precisamente este peregrino quien, una noche antes de mi partida del albergue, me dio un anillo que enterré en un lugar cercano por donde pasa el Camino. Lo hice por una mujer, una hospitalera llamada Lia, con la que tuve una sintonía muy especial y simbólica. Hacía tiempo que no me sentía tan en confianza y complicidad con una mujer. Más, mucho más que con mujeres con las que solo he compartido sexo; no mi alma.
Con Lia sí que compartí mi alma de manera natural, sin forzar, sentí con ella la cercanía de una hermana. Parecía mi hermana en el tiempo, a lo largo de las vidas. Tal vez podríamos no haber hablado porque teníamos una complicidad especial.

Ambos entramos casi el mismo día a trabajar en el albergue e hicimos equipo con otro gran compañero hospitalero. Al principio, los horarios rígidos, las limpiezas, el trabajo duro, la acogida a los peregrinos nos pareció un desafío. Pero pronto logramos cabalgar la ola y disfrutar la experiencia. Durante las primeras horas, eso sí, tuvimos nuestras dudas y por eso planteamos nuestra estancia allí como un homenaje a El señor de los anillos. Ambos sabíamos bien, o intuíamos, quién era Gollum, dónde estaban las tropas de Mordor o cuándo era el momento de hacer una pausa y reír con el resto de elfos. ¡Maravilloso! Así que cuando el peregrino francés puso en mis manos (las manos de Frodo) el anillo, los dos (ella era Sam) supimos que nuestro encuentro estaba bendecido por la magia del Camino. Esa magia que no podrá romper nadie. Ni carceleros, ni ateos, ni la perversa humanidad, ni la rígida autoridad. La despedida en el aeropuerto fue épica, de película. Tal vez no la vea más (probablemente sí), pero jamás la olvidaré. De hecho, a veces pienso que es mejor ni hablar con ella para que el recuerdo quede siempre en lo más alto, como en las grandes novelas épicas, como tantas y tantas historias del Camino.
Por supuesto, hubo más. Mucho más. Cada día fue un aprendizaje constante, casi absorbente. Temas que no quiero (ni debo) ahora mismo tratar. Porque donde hay mucha luz también la oscuridad ataca de manera desbordante y salvaje. Vi a gente romperse, llorar como niños, escuché testimonios que ponían la piel de gallina, vi pies rotos, personas con huesos destrozados que aun así seguían caminando hacia Santiago. Y sí, puede que Santiago no existiera, que el discípulo de Jesús nunca caminara por la Península. Pero, ¿qué más da? El Camino tiene magia. El Camino es sagrado. El Camino somos todos. El Camino es Dios diciéndonos a todos: «Podéis negarme, pero yo existo. Y aquí me tenéis, con vosotros. Yo soy todos vosotros y todos vosotros soy yo». Pero esto es algo que solo tal vez se experimenta cuando se camina, cuando se abraza a los peregrinos, cuando todos cantamos en las cenas unidos como si fuéramos una familia, cuando se reciben los testimonios más duros, las confesiones más ocultas y al final, vuelve a salir el sol, y los peregrinos, todos nosotros, seguimos caminando sin saber por qué, para qué, pero con fe. Con fe en Dios, en lo desconocido, pero con fe.
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Empecé a caminar desde Barcelona el año pasado porque Susana, la mujer que más amé, falleció. Tenía 33 años. Terminé mi trabajo como hospitalero hace más o menos una semana. Y lo hice con la conciencia de que podía amar a muchas personas, no solo a una. De que cada peregrino tenía un relato especial. Incluso los turigrinos. Todos guardan algo, un dolor, un trauma y el Camino, a pesar de su dureza, a pesar de la perversidad de algunos de sus guardianes, a pesar de los órdenes rígidos, de las estructuras sectarias, de las montañas enormes, el Camino, sí, ayuda a sacarlo, a sanarlo. El Camino sí nos convierte a todos en mejores seres humanos. Nos sugiere, nos muestra sin lugar a dudas que somos hijos del amor.
En fin. Mañana volveré a escribir el diario del Camino realizado este año. Para poder terminarlo, debía tener esta experiencia como hospitalero. ¿Qué más puedo decir? A partir de ya, seguiré escribiendo donde lo dejé hace meses. ¡Que se abran, más que nunca, los caminos y termine al fin lo que comencé hace un año! ¡Así será porque así quiere Dios que sea! ¡A lo lejos se ven las colmenas de un palacio y no son las del Toboso sino las de Compostela! Shalam
مخافة الرب رأس الحكمة، ومعرفة القدوس هي الفهم
El temor del Señor es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santo es inteligencia.




Alejandro
Témoigne et écrits très touchants et poignants. Tu es allé au bout de tes pensées qui sont réelles. Tu as vu, tu as été acteur.
Oui, c’est très bon et on est de suite imprégné dans le sujet.
Bonne continuation.
Claude
Merci beaucop Claude. J’apprecie beaucoup tes mots et ton amitie.
1imagen…la realidad se pone delante con el asombro detras….
2imagen….el anillo es el neumatico que rauschenberg inserta en la cabra lanuda que se llama monograma….
3imagen…de dos en dos principio fundamental….
4imagen… grecia con dientes de lobo (adornos en el anillo)
5imagen….el anillo no se perdera …no se perdera…..arqueologia….
PD…la balada de john & yoko….1969…..
https://www.youtube.com/watch?v=vzd_DfGGx0I&list=RDvzd_DfGGx0I&start_radio=1
1) Mira esas enormes torres de lodo. ¡Por ahí se va a Compostela! ¡Ja,ja,ja! 2) Desconocía el tema monograma y cabra. Muy bueno. Más interesante que el anillo ¿o no? jjajaja Anillo de marinero. Zozobra 3) El poder de la perversión. Un cura diciendo: soy un hombre santo. Sostiene un crucifijo. 4) El camino al laberinto. La vía mágica del Camino. Fantasía hecha realidad. 5) Lo mejor es enterrar el ego muy profundo. Si se pierde.. mejor. Pero sabemos que renacerá.. ¿Quién hará un remake? ¿Qué plataforma? jajaj PD: qué canción más rara y bonita. Tal vez todas las canciones de amor son extrañas.