Pollo y cabeza
Dejo a continuación un breve testimonio gráfico del acto que realicé el viernes pasado en Efímera. Un homenaje a los pollos descarriados y a...
Supongo que es difícil de creer o comprender pero los escritores más que sus creadores, somos esclavos de los personajes. Aunque entiendo que no sea conveniente generalizar y sea mucho mejor matizar que al menos esta es mi experiencia hasta ahora y a día de hoy. Sí. Los escritores somos los que les damos la vida y los plasmamos en el papel, dejándolos ahí para siempre. Esta es la tarea que públicamente se nos reconoce. El valor de nuestro oficio. Por lo que supuestamente se nos tolera y aprecia. Pero esta es una opinión sin sustento que antes o después, se acaba derrumbando. Porque quien habla nunca somos nosotros. Son ellos. Son ellos. Nosotros únicamente somo el canal. Y esto en el mejor de los casos. Que es cuando el creador y el personaje han aprendido a respetarse y a convivir sin estridencias, en armonía. Algo con lo que todos los grandes escritores han debido lidiar en un momento determinado. Y en donde, a mi entender, radica gran parte de la valía de la obra. Pues si este trasvase no se ha efectuado con la radicalidad y, en ocasiones, la sutileza debida, el fracaso está asegurado. Razón por la que acaso tantos escritores han sido y continúan siendo perseguidos por sus fantasmas incluso consiguiendo grandes ganancias económicas por libros mal hechos y algunos, tras realizar un texto fallido, se han suicidado. Muerte realmente deseada en comparación con lo que habría supuesto pasar el resto de sus años siendo perseguidos por esa voz, aquel personaje que no llegó a expresarse de la manera en que lo requería, exigía y estaba dispuesto a imponer por todos los medios posibles. Shalam
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