No tengo actualmente mucho tiempo para analizar la reciente edición de Wimbledon. Pero no quería dejar pasar el torneo sin realizar al menos un pequeño avería. Así que ¡Ahí voy!
El fondo de la pista

Janick Sinner es el nuevo ganador de Wimbledon. Su victoria sólo tiene una sombra: su partido contra Grigor Dimitrov. Con el tiempo, el tenista búlgaro ha acabado pareciéndose cada vez más a uno de esos soldados rusos que aparecían en Guerra y Paz que se hacían hombres más por sus derrotas y heridas que por sus victorias. Si Dimitrov llevara el pelo largo y tuviera un carácter más esquivo sería un personaje digno de novela de Dostoievsky. Alguien destrozado por sus demonios internos y afectado de una terrible neurosis psíquica. Como, en realidad, es un millonario, es apuesto, su tenis es muy parecido ni más ni menos que al de Roger Federer y se sospecha que el motivo de algunas de sus lesiones es su disipada vida amorosa, da más el pego como personaje de Tolstoi. Pero, repito, podría serlo de Dostoievsky. En los últimos cinco Grand Slams en los que ha participado se ha visto obligado a retirarse por motivos físicos. Pero han sido especialmente dolorosos sus dos más próximos abandonos. Sobre todo, porque estaba ganando ambos partidos. En Roland Garros estaba sometiendo sin problemas a Ethan Quinn y en Wimbledon tenía ni más ni menos que a Sinner al borde del precipicio.

Dimitrov le jugó a Sinner como al italiano le incomoda. Subiendo, cambiando el ritmo, con slices, obligándole a salir de fondo de la pista. Lo tenía en la lona. Le iba a ganar. Pero un incómodo, por momentos insoportable dolor en el pectoral derecho lo obligó a retirarse. En ese momento, al menos yo pensé que Sinner era el nuevo favorito del torneo. Se le había aparecido la Virgen en el momento más necesario. Había algo en la retirada de Dimitrov que sonaba a que la vida quería resarcirle a Sinner por su dolorosa derrota en Roland Garros. Y en gran medida así fue. Sobre todo porque a Djokovic no le da ya el físico para este tipo de grandes batallas. El serbio por cierto llegó desfondado a la semifinal con Sinner. Su torneo fue de más a menos. Comenzó intimidando pero tanto su partido con de Miñaur y, sobre todo, con Cobolli sembraron muchas dudas. Su traspiés al final de su encuentro contra Flavio tan sólo profundizó más en una realidad que el serbio debe afrontar cuanto antes: si Alcaraz y Sinner están bien y actúan de modo correcto ya no les va a poder ganar. Su posibilidad de conquistar el 25 Grand Slam pasa por ausencia, eliminación de ambos o bloqueo mental de algunos de ellos en un encuentro decisivo.
Otro motivo por el que Sinner ganó Wimbledon debemos de buscarlo en la táctica empleada por Alcaraz en la final. Sinner era favorito, claro, siempre con permiso de Carlos. Pero el español se desplegó en la pista de modo muy distinto a Dimitrov. Hizo precisamente lo que menos le convenía. Subió menos que Sinner a la red, apenas realizó cambios de ritmo, su primer saque no le entró y encima se empeñó en jugar de fondo contra la máquina por excelencia en esa disciplina del tenis actual: Sinner. Su grito de impotencia a su banquillo genera incomprensión. ¿Pretendía ganarle al italiano desde el fondo de la pista? ¿Qué táctica llevaba en la cabeza?




1imagen…enhorabuena espagheti ….todo tradicionalismo blanco…
2imagen…postura de surfin en uk….
3imagen….escorzo poco convencional, desequilibrado, parece forzado…
4imagen…el espejo rechada la imagen de la bola amarilla…donde pone el ojo pone la bola (a huevo)….
PD…la voz acatarrada de ray davies hace el resto, sonrisa…
https://www.youtube.com/watch?v=z142oKkwve0&list=RDz142oKkwve0&start_radio=1
1) El abrazo de la magia blanca. Compañeros y además buenos deseos mutuos. ¿Inverosímil? 2) Daniel el travieso juega al tenis el día de su comunión. Felicidad en la hierba. 3) Ese complicado escorzo tal vez explique la acumulación de lesiones de Dimitrov. 4) muchacho con barba de pocos días que juega al tenis. ¿Va para figura o ya lo es? Ja,ja,ja. PD: un compositor notable, genial que hacía canciones como otros cosen camisas.