Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a The lamb lies on Broadway, el mítico disco de Genesis. El cual, debido a su extensión, dividiré en dos partes. Hoy publico la primera y el lunes, si Dios quiere, haré lo propio con la segunda.
El cordero yace en Broadway (1)
Hablar de The lamb lies down on Broadway no produce respeto sino lo que sigue. Para mí no es sólo el mejor disco de Genesis (lo cual es decir mucho, muchísimo) sino uno de los veinte (tal vez diez) mejores de la historia del rock. Hay tanta creatividad, tantas ideas, tanta locura, tanta magia en sus surcos que lo más sencillo es perderse escuchándolo durante días.
The lamb, de hecho, es una obra hecha para escuchar tranquilamente durante semanas y meses. Estoy seguro de que muchos fans continúan encontrándole nuevos detalles décadas después de haber contactado con ella. Algo lógico porque The lamb es, sobre todo, un estallido de creatividad. Una explosión de magia como pocas veces se han visto en el mundo del pop y el rock. De hecho, más que un disco es un viaje, una experiencia por momentos sobrenatural. Un tratado gnóstico.
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Hay quienes sostienen que The lamb lies es el Sgt pepper’s del prog rock. Una comparación a la que, desde luego, ayuda que el tema central del disco (el que da título al álbum y lo inicia) se repita (con otros acordes, eso sí) casi al final del mismo. Aunque si la comparación tiene sentido lógicamente no es sólo por este detalle sino, sobre todo, porque Genesis fueron tan lejos allí que nada volvió a ser lo mismo desde entonces.
Yo no pienso exactamente así pero no discutiría con alguien que catalogara The lamb como el último disco realmente experimental y vanguardista del rock progresivo y el primero que explora otros confines alejados de las clásicas pautas del estilo. Tampoco pondría peros a quien lo considerara uno de los mayores homenajes musicales a la obra de Carl Jung realizados jamás o al que lo definiera como el Alicia en el país de las maravillas de los discos de rock.
Lo que es seguro es que tanto para Peter Gabriel como para los restantes miembros de Genesis (así como para el prog rock en general), nada volvió a ser lo mismo desde la publicación de un disco que marcaba un límite, una frontera.
Nadie podía ni debía ir más lejos de sus contornos para no hacer el ridículo o estrellarse. De hecho, en gran medida, The lamb obligó a replantearse lo que era el rock progresivo.
¿Eran Genesis una banda de rock progresivo? Sí y no.
Hasta The Lamb la respuesta era probablemente afirmativa pero con la publicación de este disco esa catalogación se les quedó pequeña. Los Genesis de Gabriel llegaron con esta obra a un lugar que pocos músicos han alcanzado a lo largo de su trayectoria. Tal vez Bowie, acaso Miles Davis, puede que Charlie Parker.
Quiere esto decir que, desde este disco, los Genesis de Gabriel sólo podían ser comparados con ellos mismos. Habían destrozado las etiquetas. Se habían impuesto a cualquier reducción. La vara de medir de los Genesis de Gabriel eran los Genesis de Gabriel. Punto. Definitivamente, habían roto el espejo. Accedido a otras dimensiones.
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Uno de los motivos por los que me fascina The lamb es por las tensiones estilísticas que hay en su interior. Un cruce de influencias que confiere una intensidad, una variedad y un dramatismo sin igual a esta especie de ópera, epopeya gnóstica.
The lamb tiene toques psicotrópicos. En determinados momentos los músicos realizan exploraciones que lo mismo recuerdan a los cuelgues psicodélicos de los 60, las idas de olla espaciales de Pink Floyd o a las alucinaciones mezcalinosas de The Beach Boys.
Obviamente, hay momentos que remiten al rock sinfónico más típico y clásico. Dulces acordes que transforman algunas canciones en serenatas cósmicas.
Hay, asimismo, surrealismo y teatro. Varios temas parecen formar parte de un espectáculo de cabaret dadaísta. A su vez, hay unas cuantas citas a legendarias composiciones del folklore norteamericano y de música clásica. Experimentaciones instrumentales y alusiones vanguardistas. Y, por si fuera poco hay una rabia indisimulada en determinadas canciones y momentos que al menos a mí me parece que preludia en gran medida la futura llegada del punk. Hay, de hecho, un violento enfrentamiento entre la sensibilidad hippie y la tecnología que ayuda a crear sinalefas musicales que evocan el futurismo y los cuelgues mentales de los músicos de krautrock. Y que también, claro, permite rememorar el free jazz.
En definitiva, como vemos, el disco es una maravillosa locura. Más teniendo en cuenta que todo suena muy bien articulado y armónico. The lamb, de hecho, es una deliciosa cantinela de tonos místicos que apunta al cielo pero tiene los pies bien plantados en la tierra.
La música, por ejemplo, apunta a los firmamentos ignotos pero no deja de lado los tugurios y el sudor del rock. Hay canciones en las que se citan compases y letras de The Drifters, se homenajea con sarcasmo a The Rolling Stones o se hace referencia a clásicos pop del cariz de «Needles and Pins». Todo ello entre arreglos que parecen sacados de una sinfonía surrealista y una avalancha de temas que podrían haber sido grabados en una caverna llena de mariposas o libélulas y haber sido compuestos en medio de un cuelgue infinito de LSD.
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The lamb se benefició de dos circunstancias. Una muy positiva y otra aparentemente (sólo aparentemente) negativa.
La positiva fue el mimo que por aquel entonces ponían las compañías de discos en los artistas y discos que sacaban. En ocasiones no les importaba gastar enormes sumas de dinero en la grabación de los Lps porque creían en la capacidad creativa del rock y además, estaban convencidos de que acabarían recuperando (antes o después) ese dinero ya fuera con las ventas de los discos o recibiendo gran parte de los beneficios de las giras.
Esta apuesta les permitió a los miembros de Genesis estar tres meses componiendo en un enorme edificio de Headley Grange (antiguo hogar de personas desamparadas utilizado entre otras bandas por Led Zeppelin como centro de operaciones) y, más tarde, grabar el disco resultado de aquellas sesiones ni más ni menos que una suntuosa mansión del siglo XVIII en Carmanthenshire (donde también grabaron, por ejemplo, Black Sabbath) logrando así crear resonancias y efectos, convocando experimentos, hasta obtener un sonido que hubiera sido muy, muy difícil de capturar en un estudio tradicional.

La circunstancia negativa fue, como de todos es sabido, la mala relación entre Gabriel y el resto de miembros de la banda.
Supongo que la mayoría conoce los detalles así que los citaré muy brevemente. No me extenderé en ellos.
Durante la grabación del disco, nació la hija de Gabriel. La niña estuvo a punto de morir, Gabriel se volcó con ella y el grupo no se tomó bien su ausencia durante unas semanas. Tampoco contribuyó a las buenas relaciones entre Gabriel, Hacket, Collins y compañía el que Peter se ausentara durante un tiempo interesado en colaborar en un filme de William Friedkin que nunca se llevó a cabo.
Las cosas, en realidad, no habían comenzado demasiado bien. Algunos de los miembros de Genesis (concretamente, el bajista Mike Rutheford) se inclinaban porque The lamb fuera un disco conceptual dedicado a El principito pero Gabriel impuso su voluntad. Terminó convenciendo al resto del grupo y se llevó al disco a su terreno. Tanto, tanto que al final él se ocupó de escribir todas las letras. Convirtiendo, en cierto modo, a The lamb en su historia, en su disco. Algo que, desde luego, no fue muy bien visto por el resto porque rompía la imagen de comuna hippie que el grupo había dado desde sus orígenes.

En los discos de Genesis, todos firmaban las canciones aunque unos hubieran trabajado más en algunas en concreto o no hubieran colaborado en otras. Era un modo de repartir equitativamente los beneficios del trabajo y obligar a la compañía de discos a tratarlos por igual. En The lamb, esto siguió siendo así. Algo lógico porque Hacket, Rutherford, Banks y Collins se emplearon a fondo. Casi que se volvieron locos para interpretar y dar sentido y coherencia musical a la historia, al guión que Gabriel iba forjando. Pero todos ellos eran conscientes de que The lamb era, ante todo, un hijo de Gabriel. Pertenecía mucho más a él que a ellos.
En realidad, las diferencias entre Gabriel y el resto de Genesis venían manifestándose desde los primeros discos. Gabriel no estaba del todo satisfecho con algunas de las canciones de los álbums anteriores. Necesitaba más aristas expresionistas, más locura, más cabaret para que su voz brillase. En ocasiones no le convencían ciertos desarrollos instrumentales. Por otra parte, los visos teatrales de Gabriel a veces desconcertaban al resto. Sus salidas de tono rompían, por momentos, esa imagen comunal típica de la época. Aunque bien es cierto que el protagonismo del vocalista los diferenciaba escénicamente del resto de grupos de prog rock de la época. Los hacía únicos porque ni permitía emparentarlos con Yes o Jethro Tull ni con Alice Cooper o Bowie. A mitad de camino, en su propio espacio, estaban Genesis y eso era, en gran medida, gracias a las locuras (reflexivas, sí, meditadas, sí, pero locuras al fin y al cabo) de Gabriel.
En fin, Gabriel tomó el control con Lamb hasta tal punto que no resulta demasiado considerar el disco como un preludio a la maravillosa deriva creativa de sus primeros álbums en solitario junto a Robert Fripp. Por otra parte, a regañadientes, el resto de miembros de Genesis se centraron (junto al productor John Burns) en los arreglos, en los detalles, en el sonido.

Tal y como ya la veo, The lamb no es la obra de un grupo sino de dos entes separados por primera vez: Gabriel y Genesis. Algo que creo que benefició al álbum. Porque The lamb es una obra de Genesis, de los antiguos Genesis, pero también es de Gabriel. Una fricción (que acabó con Gabriel saliendo del grupo tras la gira de presentación de The lamb), que dio como resultado una obra cuya disparidad e irregularidad, cuya esquizofrenia, la arrastra por inéditos y maravillosos abismos creativos. Creo, de hecho, que esta tensión provocó que la banda se aventurase por lugares desconocidos que no hubieran transitado de haber seguido su método de composición tradicional. Los sacó de su zona de confort. Los convirtió en exploradores.
En The lamb, Genesis pasaron de ser un grupo de prog rock a un grupo de aventureros. Basta sumergirse unas horas en el disco para constatarlo. Un puñetero viaje hacia confines remotos que seduce más por su pasión y riesgo que por su perfección. Shalam
إذا أردت أن تغضب عدوك فاغفر له
Si quieres enfurecer a tu enemigo, perdónalo







1imagen…portada en seis cuadrados(el buen uso de la idea previa)…(idea previa: lo que se de algo sin recibir instruccion)….
2imagen…..el que observa la creacion (miguel angel buonarrotti) cree poder con todo y se convierte en una estrella en nada)……
3imagen…serpiente (pulpo escalado en el centro del escenario)…..
4imagen…el de la cara de blanco violeta va en serio(peter gabriel)
5imagen….siempre ayuda un entorno significativo….
6imagen….la simetria es disfrazada con el color de la ventanas unas con visillos y otras negras (me gusta mucho)….
7imagen…predomina la otra cosa……..
8imagen….giuseppe arcimboldo…idea radical….
PD…https://www.youtube.com/watch?v=0vvuhLZiPA0&list=PLv0cmZ5d1IDGobDXPEH4L77-qn5_TI2hF&index=2…masterpiece…the temptation…1973…
1) Seis tablados medievales que intentan homenajear a la Edad Media sin hacerlo. De forma moderna y un poco romántica. 2) El alma está viajando. Gabriel se mira a sí mismo convertido en Rael y al mismo tiempo en un alumno aventajado de Carl Jung. 3) El tiburón de Marte ya está aquí 4) Hay un indio, un loco en Europa. Viene a vengarse. 5) Todos muy delgados. Trabajaban mucho y no comían azúcares. Gabriel era ya Rael 6) Puedo ver a la bruja de la primera portada de Black Sabbath apareciendo por allí. /) ¿Se nota que Gabriel-Rael quiere el protagonismo o no se nota? 8) The REsidents. Interstellar. Extratarrestres budistas PD: temazo impresionante que suena a todo lo bueno. Ahí está el young americans de Bowie. También el Diamond dogs.