Tanto por ciento
Hace ya demasiado tiempo que nuestra sociedad es un reflejo de una viñeta de El Roto y de un cómic de Miguel Brieva. Hace demasiado tiempo que...
En cualquier caso, la interpretación canónica del incesto tampoco es demasiado halagüeña. Me refiero, claro, a la lectura de Freud sobre la mítica tragedia de Sófocles, Edipo Rey. Tras tomar conciencia de haber asesinado a su padre y de que su esposa es su madre, Edipo se saca los ojos y se convierte en un desterrado cuya maldición en parte persigue también a sus hijos.
Realmente, más allá de Edipo, entiendo que sabemos poco del incesto. Resulta lógico pensar que las primeras tribus se desarrollaron, crecieron y subsistieron -y más en tiempos en que el ser humano era un eslabón débil de la naturaleza- gracias a su práctica continuada. Pero, llegados a un nivel de desarrollo y convivencia con otras tribus en aldeas y ciudades, ya no fue necesario y se entendió conveniente erradicarlo. Que formara parte del tabú. Pues podía generar situaciones conflictivas, debilitar al varón, atontarlo.
De hecho, en el caso hipotético de que hubiera existido un clan donde el incesto estuviera aún permitido y debido a las condiciones del terreno donde estuvieran aposentados, no necesitaran cazar regularmente para alimentarse, no sería extraño encontrarse ante un paisaje dantesco al llegar allí. Una ristra de hombres debilitados mamando de los senos de sus madres incapacitados para la acción que ante el menor imprevisto, serían exterminados.
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