El pirata de las montañas
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado en esta ocasión a un ciclista único. Un escalador como no se había visto desde hacia mucho tiempo...
Salvador de Bahía es una ciudad de santeros y astrólogos. Magos, carnavales y samberos, mulatas que parecen hechiceras, repartidores de pan capaces de mantener con sus pies varios panecillos en el aire durante varios minutos para amenizar el hastío de un atasco, ferreteros con una perspectiva ensoñadora del fútbol que César Luis Menotti envidiaría poseer y adolescentes capaces de robar una cartera con la misma facilidad con la que entonan las más preciosas canciones. Es una ciudad donde la pobreza no es únicamente sinónimo de exclusión. También lo es de locura y delirio. Razón por la que no tengo dudas de que, de no haberse dedicado al fútbol, Daniel Alves podía haber regentado perfectamente allí, un negocio con espíritu danzarín o probablemente, se hubiera dedicado al estudio de la astrología y la magia y hubiera montado un pequeño gabinete para intentar orientar en su devenir por esta tierra a las almas errantes, perdidas. Aunque lo mismo podría haber optado por dedicarse a la religión y haberse convertido en el párroco de la iglesia de algún culto pagano e incluso hasta podría haberle dado por resucitar el arrianismo una temporada y, finalmente, arrepentido, volver a la buena senda, y transformarse en el párroco de una iglesia católica.
Es curioso. Tal vez su sobreexposición mediática en el F.C.Barcelona como el eurocentrismo imperante, no ha permitido tomar conciencia de este hecho, pero Daniel Alves invirtió totalmente las reglas de fútbol.
Obviamente, Alves nunca terminó de simbiotizarse completamente con las rigurosas tácticas europeas pero sí que las interpretó bien. Y más pronto que tarde supo asimilarlas. Aunque su genialidad no radicó tanto en su capacidad de asimilación y de comprensión como en su capacidad de hacer de estos pequeños defectos, virtudes. Porque, precisamente, por no convertirse en ese lateral marcial, un soldado obediente, terminó transformándose en el inmenso jugador que fue (y continúa siendo).
Obviamente, en cuanto los técnicos comprendieron que Alves era diferente totalmente al resto de defensas y que sus supuestos defectos eran, en realidad, virtudes, estalló. Se convirtió en un auténtico espectáculo verlo jugar y por supuesto que colaboró decisivamente en muchos de los títulos conseguidos por el Sevilla a mediados de la década pasada y, sobre todo, en transmitir esa sensación de respeto y cierta imbatibilidad que el equipo de Nervión consiguió imponer en España y media Europa.
La historia y romance de Daniel Alves con el F.C.Barcelona se encuentra todavía muy reciente para poder valorarla objetivamente. Pero del sobresaliente no baja. Sino es que realmente se encuentra encallada en la matrícula de honor. Porque Alves se cansó de dar asistencias de goles, realizar inverosímiles jugadas y levantar títulos y competir como un titán. Con el espíritu alegre y desenfadado de un santero pero el rigor de un espartano, aunando en su persona gran parte de las características, aportaciones y virtudes del mítico Barcelona que dominó el fútbol de principios del siglo XXI. Por más que, obviamente, este noviazgo pasó sus momentos duros.
En fin. Acaso cuando se retire, se comprenda totalmente la talla de una jugador como Daniel Alves al que tal vez le haya perjudicado emerger en el mundo del fútbol tras la sombra de dos soberbios laterales como Cafú y Roberto carlos, además de ser contemporáneo de otra bestia de la posición como Maicon que, durante varios años, le quitó el puesto en la selección brasileña.
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