Un nombre desastroso
No he podido evitar reírme con la anécdota que cuenta Julián M. Clemente en su monumental Spider-man. La historia jamás contada. Según parece, Stan...
A mi entender, la clave de la vigencia de la obra de Miguel Ángel Martín radica en varios aspectos. Para empezar, en su espíritu pop. Las perversiones (incluso las más insoportables y áridas) que muestra en sus viñetas están dibujadas con ánimo pop. Con absoluto desenfado.
Ese maravilloso contraste entre la brutalidad de lo que Martín nos presenta y la ligereza con la que es experimentado por los protagonistas de sus cómic es clave para comprender otro de los aspectos importantes de su obra: el distanciamiento.
Exacto. Sí. Esa es otra clave de la obra de Martín. Que en ella no existe ánimo de trascender. Estos cómics no están pensados para dejar huella o ser leídos décadas después con reverencia. A Martín todo eso le da igual. Sus viñetas lo mismo podrían ser usadas para decorar el fondo de un concierto de noise pop, el váter de un garito vanguardista o para servir como decorado de una obra de teatro sobre una catástrofe natural y el autor leonés podría sentir el mismo placer que si se teletransportase al futuro y alguien le dijera que su obra se ha convertido en un clásico. De hecho, es precisamente por eso que sus cómics son radicalmente contemporáneos y que apasionan. Porque por momentos son más parecidos a riffs de guitarras, a los teclados de un disco aislacionista o a samplers que a los cómics tradicionales. Es por eso que son cortantes, afilados, fríos, duros, sarcásticos. Porque son moldeables. Amorales como una horchata o una botella de Fanta Naranja. Violentos como una película de Tarantino, chirriantes como un tema de The Pixies y tan retraidos como las burbujas de una bebida azucarada.
En realidad, lo único que hace Miguel Ángel Martín es quitar velos. Si observáramos muchas de las situaciones cotidianas de una sociedad capitalista con asepsia, fría racionalidad y sin mezclar los sentimientos, nos daríamos cuenta que el trasfondo es similar a lo que aquí queda reflejado desde el primer momento.
No sé si se han destacado suficiente las cualidades como dibujante de Martín. Sus dibujos son fríos, precisos y sagaces. Son geniales. En cierto sentido, son minimalistas. Aquí no hay adornos. A Martín le bastan unas cuantas líneas para transmitir todo lo que desea decir. No necesita subrayar nada. Sus máscaras, por ejemplo, transmiten nocturnidad, soledad, frialdad. Están llenas de oscuridad. Pero su trazo es muy simple. Martín dibuja sus máscaras sin acentuar nada. Algunas, como mucho, tienen cuernos. Pero basta una mirada a esas máscaras para comprender de un vistazo todo lo sórdido que late, se esconde y resplandece en nuestro mundo contemporáneo.
1ºimagen….conduce desde la 1º guerra mundial al «barrio humedo» de leon…sonrisa
2ºimagen….detras de mi tengo tres referentes uno la rueda duchamp otro el rayo bowie y un huevo frito….
3ºimagen….cabeza sin pelo- cabeza circunvoluciones……
4ºimagen…..mas champan!…….
5ºimagen….el salvamento se ha producido en el faro de los bloques…..
6ºimagen…..si le hubiese puesto venda tambien a la copa se aproximaria al guapo-sintetico chema madoz…..
7ºimagen….en su momento, la baraja podria ser una salida economica…..
PD….https://www.youtube.com/watch?v=9ZSnV6Ti2ws….aqui «superfood» con su «you can believe»….observamos la multiplicacion como uno de los principios fundamentales del «pop», (en este caso psicopop, jajajj)
1) La matanza de Texas 9 parte. 2) Ejemplo de dandy epatante. 3) Adivino lo que estás pensando. 4) Una nueva versión de «La naranja mecánica». 5) Un sueño de Brain. Incumplido como todos. 6) Fotografiando enfermedades y traumas. Arte moderno. 7) Tarot de androides. ¿Voy o no a reparar el tornillo que tengo mal? PD: el pop como multiplicación de todo lo que ha sucedido y sucederá. El pop como eterno retorno a la juventud.