Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Deshielo y ascensión es un texto delicioso y raro. Único. Es muy cerebral pero también muy pasional. En gran medida, porque creo que para Alvaro Cortina fue como una especie de declaración de amor a la literatura juvenil. De hecho, a pesar de lo elaborado que se encuentra, lo que predomina en sus páginas es la mirada adolescente. Cortina escribe como un hombre pero se divierte como un niño. Algo lógico porque es uno de los primeros en ahondar con morboso desparpajo e inteligencia en un territorio narrativo vedado para filósofos y escritores «serios». Para entendernos, lo que hace Alvaro Cortina es algo parecido a transformar una novela de aventuras de Julio Verne en una space opera narrada por Herman Melville o Joseph Conrad. Convertir una película futurista de Steven Spielberg en una mezcla entre una de esas desoladoras locuras compuestas por Andrzej Zulawsky y La cosa de John Carpenter. Escarbar en las relaciones afectivas, el corazón, los pensamientos de muchos de esos solitarios aventureros que protagonizaban los relatos de terror y ciencia ficción a los que apenas veíamos gruñir cuando se enfrentaban a los monstruos o se perdían en el espacio. Describir con aliento místico e innumerables subordinadas propias de Proust, el aislamiento en medio del cosmos. La consistencia del pacto faústico llevado a cabo en las sociedades del futuro. Jugar en definitiva con los géneros para componer un permeable cajón de sastre narrativo situado en medio de ninguna parte.
Deshielo y ascensión no es una novela perfecta. Es muy difícil que con los mimbres en los que se apoya, lo sea. Sus dos primeras partes son dos joyas narrativas y la tercera y la cuarta son algo más irregulares. Pero lo importante, en este caso, es que es una novela que fractura límites. Explora un territorio nuevo evitando caer en el chiste fácil o la parodia. Es un libro que moldea el pasado de la literatura, quiebra márgenes y fractura contextos narrativos inflados de tópicos que no más que traen consigo lecturas morosas y fáciles. Y además, posee carisma e intensidad. Es una de esas naves espaciales narrativas que abren incógnitas y misterios. Hace plantearse en qué se parecen las grandes obras literarias de los pasados siglos y las nuevas. A qué llamamos literatura. Shalam
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