El elixir y la hoguera
El elixir mágico y Una nueva hoguera son dos álbumes deliciosos. Dos discos parecidos a un retablo medieval que no recomiendo escuchar en una fría...
Claustrofobia siempre fueron a lo suyo. No prestaron atención ni a las fórmulas comerciales ni a los dictados de la vanguardia o el indie. Trazaron su propio camino con un descaro por momentos suicida. Mezclando malditismo y pop romántico, callejero y delirante con inusual atrevimiento y naturalidad.
Claustrofobia miraban al centro de la tradición musical española con alma de europeos. Y era más fácil imaginarlos tocando en un nocturno cabaret francés o suizo que en un festival de música pop al uso. Porque eran suntuosos. Aunque su elegancia no iba en contra de su vitalidad y frescura. Su música era, sí, otoñal pero también poseía tintes primaverales. Estaba dotada de un aire raro y excéntrico que la hacía ideal para aparecer en medio de una película de Iván Zulueta o la proyección de un documental de Val de Omar pero también para sonar de fondo en medio de la lectura de un libro de Boris Vian o una exposición de fotografías de García-Alix. De hecho, el lugar natural de sus canciones era tanto el bar y la calle como el salón. Porque eran artistas canallas, sí, pero también sensibles cuya música sabe a exilio. A destierro y a fiesta solitaria. Es tan original y abrió tantos huecos y concavidades sonoras en el pop español que aún está por explorar y comprender del todo y casi que me atrevería que por descubrir. Tanto es así que estoy convencido de que si pinchara esta noche en un bar una selección de sus canciones prácticamente nadie las reconocería y que podría perfectamente hacerlas pasar como nuevas sin provocar sorpresa alguna en mis interlocutores. Shalam
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