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Una venganza

Nov 25, 2024 | 2 Comentarios

Estoy ya en la recta final de Vivir abajo, la novela de Gustavo Faverón. Encuentro allí un pasaje extraordinario sobre la venganza. Es un personaje, el Mano Manzano, el que lo profiere.

Lo dejo a continuación:

«Me quedé con el libro y con las ganas de venganza. Me pregunté: ¿por qué este libro es tan malo si es lo único que he escrito que tiene sentido, o lo único a lo que yo quise darle un sentido? Entonces pensé en esto. Era malo porque tenía sentido. Era una novela obvia. Su sentido era la venganza. Muchos libros se escriben así, ninguno sirve para nada: ninguno venga nada. ¿Eso quiere decir que la venganza es imposible? No. La venganza es posible, pero afuera del libro, en el mundo. Entonces pensé en esto. La venganza es la única pasión destructiva, aniquilante, que al mismo tiempo es justa, y en eso radica su belleza. Tal vez a eso se debe que las mejores historias que los humanos han imaginado sean historias de venganza. La Ilíada, Medea, Hamlet, Moby Dick, El conde de Montecristo, El clavadista ingrávido. La gente las sigue leyendo porque la gente quiere venganza. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿a quién vengaron esos libros? La respuesta es: a nadie. Es posible que todos esos libros hayan sido escritos para vengar algo, pero ninguno vengó nada».

Creo que el personaje está acertado. El odio es un motor alucinante para la creación. Casi más fuerte que el amor. Pero si un libro es únicamente odio es sólo un fracaso. Si un libro es tan sólo una venganza es probablemente un fracaso doble. Habrán fracasado el libro y la venganza. La venganza es un material muy literario. Es un buen principio para comenzar a urdir un libro. Pero si un libro es únicamente una venganza será casi seguro un fracaso. La venganza tiene que ser no más que una coartada para mostrar un mundo, una sociedad. Algo así como lo que ocurre con los celos o la moda en Madame Bovary o la avaricia y la racanería en los filmes de Chabrol.

Los libros siempre tienen que ir más allá de las intenciones del escritor. El escritor no puede dejarse llevar totalmente pero tampoco controlarlo todo. Llega un momento en que el libro, la trama, el panorama que describe se imponen siempre a un escritor. Y si está obcecado con la venganza no podrá plasmarlo como debe. A decir verdad, creo que la venganza es un buen motor para crear. Pero, en el fondo, ni en la vida ni en la literatura resuelve nada. Si acaso, imprime más odio, más dolor, más destrucción.

Siempre la mejor venganza es ir más allá de la venganza. Que la venganza sea un elemento más del libro pero, en ningún caso, el primero. Creo, de hecho, que no hay mejor venganza que estar en condiciones de llevarla a cabo y optar por no ejecutarla. La vida es demasiado trascendente como para vengarse, para luchar contra alguien que no sea Dios, los asesinos que asaltan nuestra guarida o los ejércitos enémigos en tiempos de guerra.

El gran adversario, el gran contricante es el mal. Y para vengarse de tantas penurias, para derrotarlo, es forzoso hacer el bien. Aunque precisamente el bien en nuestros días se ha convertido en un arma de opresión y de destrucción masiva. Me refiero, claro, al insulso bien político, al bien correcto, al bien social, claro. No al bien total, al bien grandioso, al bien absoluto. El bien de las bendiciones y de las parábolas.

La venganza, en el fondo, es una derrota. Impotencia. Por eso es fría. Porque es el triunfo de la hiel. De Satán.

Todos queremos, anhelamos que Edmundo Dantés vengue sus afrentas. Pero los pasajes literarios que más recordamos de El conde de Montecristo no son precisamente aquellos en los que humilla a los traidores sino su estancia en el castillo de If. Dantés es un personaje fascinante por su desesperación, por su soledad, por su locura, por su obcecación. No por su venganza. Su venganza, de hecho, lo hace previsible. Es esa la parte de la novela que peor funciona porque es la que el escritor realiza para el público. Es lo que Dumas entrega a sus lectores a cambio de su dinero. En realidad, Edmundo Dantés estaba destinado a ser Raskolnikov. Podía haberse convertido en un loco abrumado por la culpa y sus deseos de venganza. Pero Dumas escribía en periódicos. Era esclavo de las ventas.

En La Ilíada, la venganza se convierte en una mera excusa para mostrar valentía, para convertir la guerra en un combate heroíco, una conversación entre guerreros y dioses, que transforma la vida humana en barro y los combates en bellos poemas en honor al ruido y al fango, a la locura. En Hamlet, al final se convierte en excusa para hablar sobre la destrucción del alma humana, el silencio de los dioses y el oscuro mundo de las monarquías. En Otelo, los celos son el desencadenante de la locura y en El curioso impertinente, el cuento de Cervantes, una excusa para mostrar la estupidez del ser humano. La avaricia del deseo.

La venganza es folletinesca. Funciona muy bien en los folletines. Falcon Crest, Dinastia, para entendernos. Pero en el arte, en el verdadero arte, siempre acaba convirtiéndose en algo más. Shalam

للنجاح هناك ما هو أكثر من الموهبة؛ من أجل السعادة، ليست حتى كافية

Para el éxito sobra el talento; para la felicidad, ni basta

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….la venganza de la chunga…(en cuanto me escape)…..
    2imagen….foto nada natural ni el ni el entorno(foto pegote)…..
    3imagen…el carnicero…recuerdo a la actriz por «el discreto encanto de la burguesia»….
    4imagen….https://www.youtube.com/watch?v=8LhEEKD_Bg8… david..el rapto de las sabinas»…..
    5imagen…cantonera una cara ocupada por una escultura medio gargolera y la otra el señor dramatico welles…..
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=iLAurcpDwrA….la venganza de don mendo y sus mendas lerendas…f.fernan gomez…(cabra loca)….paloma valdes imagen premium…

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    • Alejandro Hermosilla

      1) El hombre lobo está en el castillo de If. La Unión. 2) Prestigio. Luchando. Prestigio. Luchando. 3) Ambos dos queremos ocultar la líbido. Pero acabará saliendo. 4) Equilibrio manierista. 5) La gárgola se ríe de Orson. Le advierte y al mismo tiempo le pervierte. Está perdido. PD: enorme diálogo y excelente interpretación. Dan ganas de retroceder en el tiempo.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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