Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a Chinatown, el filme de Roman Polanski. El cual recomiendo leer escuchando el célebre tema de Jerry Goldsmith con el que se abre esta fría, cruda, nostálgica obra.

Chinatown
Hay algo que siempre me ha impresionado en el cine negro. Supongo que los grandes aficionados al mismo (yo no lo soy) lo considerarán un rasgo distintivo. Uno de sus reconocibles elementos. Lo darán por consabido y no le prestarán más atención de la justa. Pero yo que, a pesar de que me fascina, no frecuento mucho este género, no puedo evitar sorprenderme cuando contemplo a los dos protagonistas del filme besándose.
En eso el cine negro es distinto a casi todo el que conocemos. Un beso, por lo general, implica pasión, romance, locura. Hay pocos elementos más sobreexplotados en la historia del cine que los besos. Los besos son vida, los besos son el motivo para seguir vivo, comprar tal o cual perfume, podrían decirnos en un anuncio publicitario. Sin embargo, en el cine negro los besos no son vida. Son muerte. Marcan el principio del fin.
Los besos del cine negro son poco cinematográficos. Son, sobre todo, una renuncia. Implican una derrota. No hay alegría en ellos sino resignación. No implican el comienzo de una historia de amor sino su fatal conclusión. No anuncian la futura llegada de hijos, de una familia, sino lo contrario. La muerte de alguno de los dos individuos que se besan como naúfragos en medio de una tormenta, entre el caos de la civilización.
Un ejemplo perfecto es el beso de Nicholson y Dunaway en Chinatown. También, claro, su posterior conversación en la cama. Una vez que han hecho el amor. Ese beso lo tiene todo. Es carnal. Es sexual. Es también furtivo. Peligroso. Tiene algo de cinematográfico (puesto que antes de llevarse a cabo hay un juego de miradas y un segundo de silencio que no se suele dar habitualmente) pero a la vez es intenso y veraz. Está filmado como un beso real. Hay mucha desesperación en ese beso. Más que un triunfo es el reconocimiento de una derrota. La prueba de que somos malditos, de que somos caídos y de que no tenemos remedio.
………………………………………..
No sé si hay muchas escenas memorables en Chinatown. Un filme tan logrado, tan evocador que lo que me fascina es, sobre todo, su atmósfera. Su clima. El acabado final. Por supuesto, también otros factores.
La utilización del formato Panavision, por ejemplo, confiere una amplitud a la cámara ideal para retratar los embalses, el valle de Los Angeles.
El guión, no hace falta decirlo, es una maravilla. Polanski y Towne trabajaron obsesivamente en el mismo durante meses y se nota. Porque casi no deja cabos sueltos y describe una sociedad, a un país a partir de un problema con el agua y unos pocos personajes. Trata de forma adulta al espectador para que nosotros mismos saquemos conclusiones.
Nicholson, por otra parte, está sobrio, recatado, fino. Todavía no había sido engullido por el monstruo de la gesticulación. No se había convertido en Jack Palance y se dedicaba a actuar. Simplemente a eso. Actuar. Se centraba en su personaje y no en sí mismo y la verdad es que lo borda.
Nicholson transmite cinismo, malestar, pesimismo y es capaz de conjugar una faceta muy egoísta con otra inocente. Algo realmente difícil. Su personaje, eso está claro, es un antihéroe. Pero no es el típico antihéroe romántico que seduce y enamora. Tampoco el típico antihéroe marcado por las brumas de la fatalidad que cae simpático. Jake Gittes es mucho más prosaico que todo eso. En el fondo, es una rata que, eso sí, tiene unos cuantos principios más que el resto de sus compinches. No está vendido al sistema pero se vende a sus clientes por dinero. Es un antiguo policia abrumado por el peso de su pasado y la arbitrariedad de la ley que no ha logrado creer en algo nuevo. Trabaja, de hecho, para olvidar. Viste ropa cara para olvidar.
Su beso con Evelyn (Dunaway) es bello, sí, pero también triste. Podría incluso dar asco si no fuera porque Nicholson y Dunaway son dos estrellas que no se iban a dejar filmar como parias. Algo de glamour obviamente iban a imprimir a su contacto.
Por supuesto, Faye Dunaway borda su personaje. Pero lo borda como lo hacía Dunaway. Transmitiendo sequedad, violencia y fragilidad. Su mirada nunca mira a Nicholson. Lo hace al abismo. Es la de una mujer que vive en una habitación sin colores. Lo sabemos desde que la vemos y se roba la pantalla. Pero lo que no intuimos nunca es la fosa que guarda.
Dunaway era una actriz complicada, irrespetuosa, vanidosa. Polanski sufrió mucho para lograr encauzarla durante el rodaje. Pero mereció la pena. Porque logra ir más allá del arquetipo de las femme fatale. Lo es pero no lo es. Es, ante todo, un personaje vivo. Imprevisible. Cuando su personaje besa al detective interpretado por Nicholson lo hace con desconsuelo. Como el que sabe que ha roto un hechizo, sí, pero también ha desatado a la bestia. Lo hace como el que encuentra agua en medio de un incendio pero sabe que tres o cuatro cubos no van a detener el fuego.
Es, por supuesto, imposible, casi una falta de respeto, hablar de Chinatown y no hacerlo de John Huston. Su personaje no es turbio sino lo que sigue. Provoca asco con sólo hablar.
Creo que Huston llegó a su máximo como actor en este filme. Cuando él aparece, se roba la pantalla, todas las escenas. Huston es un malo de esos que son tan malos que uno prefiere ni verlos. Sabemos que siempre ganarán y que su maldad es tan mala, tan viscosa, que hasta provocan pena.
Huston podía haber desbarrancado con su papel. Pero logró elevar su interpretación a la categoría de obra de arte. Si alguien parece real, parece vivo, existir en Chinatown, ese es él. Todos los demás personajes son parte un arquetipo. Lo bordan, sí, estan magistrales, sí, pero son arquetipos. Huston, sin embargo, no lo es. Huston forma parte de la realidad. Esta aquí, junto a nosotros. Lo podemos tocar. Podemos comer pescado con él. No está detrás de la pantalla. Comparte mesa, barra de bar con nosotros.
………………………………………..
Un avería aparte merecería la célebre banda sonora de Goldsmith. Debido a que recreaba la música de los años 30, la realizada por Philip Lambro (que a mí me gusta) no convenció a los ejecutivos. Querían algo más actual, que diese un aire de neonoir a la película de Polanski. Así que Goldsmith se vio obligado a realizar la suya en apenas diez días.
Unos cuantos apuntes sobre el argumento le bastaron para componer una melodía de esas eternas que no quiero ser irrespetuoso pero creo que es de las pocas que pueden mirar de tú a tú a la compuesta por Nino Rota para El padrino.
………………………………………..

Hay algo en Chinatown también de Bajo el volcán de Lowry. Percibo algo de esa novela en este filme donde el valle de Los Angeles, el agua, la sequía, los mexicanos imprimen una especie de eco atómico, eco atávico que va minando la vida de los personajes. Haciéndoles caer bajo su influjo.
………………………………………..
También por cierto percibo la influencia del pintor Edward Hoper en el filme. Da miedo decirlo porque a veces pareciera que el nombre de Hopper es un comodín para hablar de ciertas obras. Pero creo que en este caso, no lo es. Si la pintura de Hopper es un estado de ánimo, ese estado de ánimo concuerda con el de Chinatown.
Unas cuantas de las mujeres que el pintor norteamericano retrataba podrían corresponderse perfectamente con los personajes interpretados por Dunaway y Belinda Palmer.
………………………………………..
Resulta difícil citar obras influenciadas por Chinatown. Es mucho más fácil aludir a las decenas en las que se apoya. Pero convendremos que hay algo en Mad Men, (en la forma en la que se detiene a veces el tiempo en la serie) que no sólo mira hacia Scott Fitzgerald sino también, en parte, a este filme de Polanski tan, tan especial.
………………………………………..
Vuelvo al beso de Nicholson y Dunaway. A la escena en la cama. Ahí está gran parte de Chinatown. En la forma de mirar, de masticar de Huston. Y en esa escena de cama entre dos titanes que parecen aquí seres perdidos, frágiles, sin memoria, arrojados al mundo.
Lo que me fascina de esa escena es que ambos personajes son como perros salvajes en la misma. No han encontrado nada. Más bien lo han perdido. Se han olisqueado pero saben que justo por haberse encontrado, van a ir a la deriva. Se han besado porque quieren morir, quieren olvidar, y no porque quieran amar. Shalam
كونك حرا يكمن في عدم وجود سمعة تدافع عنها
Ser libre radica en no tener una reputación que defender










1imagen….el entorno de china es todo(color carne)….aunque aparezca el mensajero de turno(color verde)……
2imagen….el almuerzo de mauricio catelan(ja,ja,ja,…)…
3imagen….la permanen ondulada y el traje de cheviot……
4imagen…la permanen ondulada y el traje de cheviot destruccion..
las bombas deformadoras…….
5imagen….el almuerzo de catelan en el chalet del espalmador de cartagena…..
6imagen….ni me imagino el final……
7imagen….no puedo evitar ser un prehistorico con hijos (algunos de ellos deficientes)….el rey del entorno…..
8imagen….metafisica industrial….metafisica atapuercana…..(los pies estan muy tensos, muy estresados)…..
9imagen….esta si que es buena!!!, es tan dificil de creer…..dice dunaway……
PD….con voz asoulada e muy interpretativa, directa….ummmm se aprende de todo https://www.youtube.com/watch?v=af2G130Xe5E…..1983….sidney live…china girl….
1) El cartel lo deja claro. Todo es humo. Todo es volatil. Nada queda. 2) jjaja.. muy bueno lo de Catelan. Fotografía perfecta para escuchar un tema de Prefab Sprout. 3) En busca de la gran permanente y del gran traje. Inspiración futura de Los simpson. 4) El beso de la acritud. Perdición. Barbara Stanwyck. 5) El inspector Gadget. Un Bogart de pacotilla. 6) Hombre ambicioso y mujer desesperada. ¿Qué puede salir mal? 7) Fotograma digno de aparecer en Bajo el volcán. Otra peli de Huston. Enorme 8) Bailarina destrozada. De Degas a Hopper. La evolución de la pintura. 9) PD: jjjaa.. los tipos de detrás.. puro inspector Gadget.