Looking for Richard
No he visto todos los proyectos personales de Al Pacino (Wilde Salomé, The Local Stigmatic, Chinese Coffee), así que no puedo opinar sobre ellos. Sí...
En gran medida, Jack Torrance era un preclaro indicio de la futura esquizofrenia del mundo moderno. De esa estrategia política y económica que convertiría interesadamente a los hombres en lobos y demonios machistas contra los que la tierra debería protegerse para sobrevivir. Si es preciso, consiguiendo que las mujeres reaccionaran con idéntica violencia e igual carencia de sensibilidad, como pone de manifiesto Anticristo. Una película done el papel interpretado por Jack Nicholson, (Jack Torrance) le correspondía a una mujer, Charlotte Gaingsbourg. Una madre descompuesta tras la muerte de su hijo que urdía ansiosamente una tesis sobre el feminicidio en una cabaña perdida dentro del bosque llamada Edén.
El resplandor era, en cierto sentido, una aterradora visión de cómo el capitalismo (un solitario y espectral hotel levantado sobre sangre) estaba comenzando a utilizar el violento machismo de ciertos hombres para destruir el Edén: la unión de sexos y ese paraíso al que aspira toda familia. Y, de otro modo, Anticristo era una puesta en imágenes de un proceso contrario pero complementario. La utilización del feminismo como último eslabón para destruir el mundo conocido. Toda comunicación posible entre los sexos, simbolizada tanto por el intento de castración y la completa inmovilización del personaje interpretado por Willem Dafoe como por la forma salvaje con la que Charlotte se cortaba el clítoris. Ansiando finalizar con las raíces de la vida.
En realidad, tanto El Resplandor como Anticristo reflejaban la historia de una posesión. Convertían los edificios capitalistas en catedrales del mal. Pero, como ya he dejado dicho, El resplandor ahondaba en la esquizofrenia masculina (o machista) y Anticristo en la femenina (o hembrista). Por lo que en el filme de Von Trier, la acción no se desarrollaba en los espacios opresivos de la ciudad moderna sino en los bosques: símbolos de la naturaleza, la madre tierra y el cuerpo femenino libres y sin moral. En total libertad.
Von Trier filmaba como un gnóstico. Como si el mundo perteneciera a Yaldabadaoth. Un dios posesivo, necesitado de mujeres dominantes, agresivas y violentas para poder esclavizar el mundo. Controlar sociedades cada vez más atomizadas, desesperadas, aniquiladas espiritualmente y sometidas a un lavado de cerebro histórico que es, en el fondo, el camino más rápido hacia un Gran Hermano Global. Un sistema totalitario imposible de implantar sin la guerra de sexos o ese feminismo radical que es, en gran medida, fruto de la penetración del Estado y la publicidad en el cuerpo de una mujer fracturada entre su deber, placer, deseos, reivindicaciones, luchas y naturaleza. Un conflicto que desata su psicosis y la obliga a reafirmarse a través de la violencia. La reivindicación estéril o la amenaza de castración para intentar acabar con el mundo masculino rehén igualmente del mismo sistema. Idéntico demonio.
En suma, si kubrick exploraba los fantasmas del asalariado trabajador capitalista y la psique perversa de sus intelectuales, Von Trier indagaba en los de la mujer liberal capitalista. O más bien, neoliberal. Esa que se ríe de la virginidad, ensalza el sexo y se siente víctima de un dios varón cuyo pene la atravesó en cientos de hogueras a lo largo de los siglos. Esa que desprecia por igual el cristianismo y la revista Playboy y agarra el cuchillo cada vez que hay un debate o una réplica a sus propuestas. Cada vez que alguien intenta darle un beso, follársela, provocarla o amarla, o encuentra a un hombre que le recuerda al padre o al hermano. Ese familiar que no duda en indicarle que tal vez no tenga razón en sus premisas.
En Anticristo, en esencia, Von Trier filmaba un proceso de posesión social: el de la mujer moderna. Insistiendo en recalcar que Occidente se encuentra embrujado, y de ahí su depresión y decadencia. Que reine entre nosotros el caos. Pues, al fin y al cabo, nuestro sistema encumbra (o al menos transforma en heroína de la libertad) a la mujer que aborta por encima de la que da a luz. Una puerta abierta al reino del Anticristo, la melancolía y la ninfomanía. Al fin del mundo. Shalam
0 comentarios