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Feb 13, 2022 | 2 Comentarios

Hablando ayer con un amigo por teléfono, ambos nos referimos a la constante manipulación mediática. Algo que no creo que admita mucha discusión puesto que es consustancial al poder. Cualquier gobierno como cualquier persona tiende siempre a dar las noticias sobre su vida desde la perspectiva que más le conviene. Yo mismo entiendo que lo hago diariamente como también lo hace mi vecino. Aunque en eso, desde luego, la mayoría de periodistas son expertos.

En cualquier caso, lo que nos sorprendía a ambos era que desde hace aproximadamente una década existe una tendencia que se ha ido radicalizando más y más. Antaño, los locutores o bien creían lo que decían o bien parecían creer lo que decían. Entre el emisor y la notiticia que se daba existía cierta armonía. Un equilibrio que permitía la lenta digestión de los sucesos y propiciaba la reflexión sobre los mismos.

Sin embargo, hoy en día, creo que el presentador ejerce más de instrumento que de comunicador. No es tanto una persona que desea informar sino alguien que lee unas noticias sin importarle demasiado su contenido. El emisor y el mensaje caminan por vías diferentes.  Los presentadores ni se creen ni no se creen lo que dicen. Simplemente transmiten unos hechos en un tono más o menos neutral sin implicarse lo más mínimo. Lo que, en cierto sentido provoca desafección en el espectador con lo que ve. Cierto vacío. Aunque también utilizan otra técnica que es la de implicarse tanto, tanto en lo que dicen que terminan, a su vez, por impedir la reflexión en el espectador al provocar o bien enojo cuando comprobamos su falta de objetividad o bien pavor o alegría si nos identificamos con su tono de forofo. Es decir, el presentador nos provoca sensaciones pero no reflexiones. Y, en algunos casos, una indiferencia que desemboca en hastío. Inactividad. Desánimo. 

Lo que quiero decir es tan sencillo como esto. Antes, el locutor o presentador era un acompañante. Nos acompañaba al tiempo que nos informaba. A veces nos engatusaba y otras nos seducía. Pero mantenía una decorosa imagen (en ocasiones más cercana y otras más lejana) de amistad y respeto. Y nunca se perdía el foco de cuál era su función. De hecho, podíamos acusarlo de mentir o felicitarlo por ser una persona íntegra puesto que tenía que responder a cierto molde más o menos elástico sobre la veracidad u objetividad. Sin embargo, ahora es un agente o bien tan neutral que podría ser intercambiable por un mueble o un robot o alguien tan capcioso y manipulador que dan ganas de colgarlo del techo. Algo que, en cualquiera de los dos casos, tiene como consecuencia que la noticia que tendría que ser lo prioriatorio pase a ser secundaria. Y que pueda invitarnos a contemplar todo tipo de disparates y escuchar un sinfín de informaciones capciosas sin que se le pueda acusar de falso o verdadero. Porque él forma parte de la tramoya. No es un presentador ni un prologuista sino parte del espectáculo. De la novela. A veces incluso él es más importante que la propia noticia. Un cúmulo de factores que logran que, después de ver un telediario, uno siempre tenga la impresión de saber mucho menos que antes de hacerlo. Que tenga la sensación de que, en el fondo, da igual contemplarlo. Porque todo da lo mismo y es lo mismo: muertes, goles, presentadores, guerras, espectáculos culturales, espectadores y enfermedades.

De hecho, la función actual de los presentadores no es la de informar sino la de hacernos olvidar. 

Parafraseando a Baudillard, no es que la Guerra del Golfo en caso de ocurrir hoy en día, no fuera a tener lugar sino que no sería televisada. Porque los telediarios ya no se llevan a cabo. La información ya no es manipulación sino simulacro y eso permite convertir cada programa en una probeta de laboratorio y al espectador en un agente sin identidad cuyas protestas son lógicamente inocuas. Carecen de tanta relevancia como las noticias que recibe. Las cuales no orientan ni desorientan. Engordan. Son mero pasto de consumo. Shalam

كل شيء عظيم في وسط العاصفة

Todo lo grande se encuentra en medio de la tempestad

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1ºimagen…..el del centro, el pakistani, parece no verse representado en la t.v………….
    2ºimagen…..con su estilo parecia deslizarse a tropezones……llamaba la atencion……
    3ºimagen……»cabo cañaveral»…sonrisa…..,el desprestigio absoluto(todo huele a 1º de goebbels)…jajajj
    4ºimagen…..»las tres gracias» son el frente, el lado y atras…….esta foto la encuentro de maximo nivel pedagogico: el frente(el humano militar), el lado(la sombra) y las ramas(el atras)…….entonces se podria hacer un bocadillo de sombra…..sonrisa…..
    PD:.https://www.youtube.com/watch?v=IMTtMQyRlP0…the last shadow puppets….2016…live…used to be my girl

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    • Alejandro Hermosilla

      1) ES que su equipo está perdiendo en la SuperBowl y el pakistaní había apostado mucho dinero. 2) ¡Qué viva la gente! Presentador de programa de variedades al que quiere dar un tono serio. 3) Proyecto de hogar y colegio en el 2500. Los que miran son los padres y los profesores 4) La barriga del militar. Ya no hay soldados como los de antes. PD: No conocía a este grupo. Pero realmente me ha encantado la versión. Y, por momentos, transmiten intesidad. Que algo está ocurriendo en el escenario. Algo que en muy pocas ocasiones ocurre en los tiempos actuales donde todo parece bajo control.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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